
Un experimento con mamíferos marinos reveló capacidades sensoriales que podrían transformar el diseño de sensores artificiales en ambientes acuáticos. Las focas comunes poseen una habilidad que desafía las estrategias evasivas de los peces: distinguen diferencias mínimas en los anillos de vórtice que dejan sus presas al escapar, lo que les permitió anticipar y contrarrestar maniobras de camuflaje hidrodinámico.
Así lo demostraron los resultados del estudio dirigido por Yvonne Krüger, Wolf Hanke, Lars Miersch y Guido Dehnhardt en la Universidad de Rostock (Alemania), publicado por The Company of Biologists y detallado en el Journal of Experimental Biology. El hallazgo mostró que estos mamíferos marinos podían detectar variaciones de apenas 17,6 milímetros entre anillos de vórtice usando únicamente sus vibrisas, una capacidad que redefinió la comprensión de la interacción depredador-presa en ambientes acuáticos.

El resultado principal radicó en que las focas analizaron y diferenciaron los patrones de flujo generados por peces en fuga, incluso cuando los peces intentaron confundir a sus depredadores con movimientos complejos. Según Wolf Hanke: “La foca tendrá más posibilidades de adivinar la dirección de escape de un pez si puede distinguir la diferencia entre los dos anillos de vórtice”. Esta destreza sensorial permitió a las focas identificar la dirección real de huida, superando el camuflaje hidrodinámico creado por chorros de agua en distintas direcciones durante la respuesta de escape del pez.
Para comprobarlo, el equipo de la Universidad de Rostock diseñó un experimento en el Marine Science Center con una foca macho llamada Filou. De acuerdo con el Journal of Experimental Biology, Filou fue entrenado para sumergir la cabeza con los ojos cubiertos y los oídos protegidos, mientras se generaban anillos de vórtice artificiales a ambos lados de su cabeza mediante dispositivos mecánicos.

El animal debía indicar, tocando una de dos esferas verdes, cuál de los anillos era mayor, basándose únicamente en la sensación transmitida por el agua al rozar sus vibrisas. El experimento incluyó miles de ensayos con anillos de entre 45,8 y 89,9 milímetros, y diferencias mínimas de hasta 17,6 milímetros. Filou identificó correctamente el anillo más grande en más del 80% de los casos, incluso cuando la diferencia era apenas perceptible.
El diseño experimental integró controles estrictos para eliminar pistas secundarias, como ruidos de los motores o señales visuales y auditivas. Además, se realizaron pruebas con las vibrisas cubiertas, lo que redujo el desempeño de Filou al nivel del azar, demostrando que la discriminación dependía por completo de este sistema sensorial. Otro ejemplar, Moe, no logró aprender la tarea en el tiempo previsto, lo que los autores atribuyeron a la complejidad del experimento.

En el plano ecológico, el estudio evidenció que las focas podían superar el camuflaje hidrodinámico de los peces durante la respuesta de escape “C-start”. En esta maniobra, el pez genera tres chorros de agua en diferentes direcciones, de los cuales dos forman anillos de vórtice de distinto tamaño.
El Journal of Experimental Biology subrayó que en especies como la trucha arcoíris, la diferencia de tamaño entre estos anillos puede alcanzar los 74 milímetros, muy por encima del umbral de discriminación demostrado por Filou. Así, la foca identificaba el anillo de mayor tamaño —indicador de la dirección opuesta a la huida— y ajustaba su persecución. El artículo concluye: “Esta capacidad debería permitir a las focas comunes seguir la dirección real de nado del pez”.

El papel de las vibrisas en la biología sensorial de las focas fue fundamental en este proceso. El Journal of Experimental Biology resaltó que estas estructuras, altamente inervadas y especializadas, permitieron a las focas detectar perturbaciones mínimas en el agua, identificar objetos y rastrear estelas hidrodinámicas.
Estudios previos demostraron que las vibrisas captaban información sobre tamaño, forma y velocidad de los generadores de estelas, así como la dirección y antigüedad del rastro. Esta investigación amplió el conocimiento: las focas no solo percibieron la presencia de anillos de vórtice, sino que compararon su tamaño de modo preciso y rápido en condiciones controladas que simularon escenarios naturales de caza.

Sobre el futuro, tanto The Company of Biologists como el Journal of Experimental Biology señalaron que, aunque el experimento se realizó con un único ejemplar, los resultados serían representativos de la especie. Los autores propusieron que nuevos estudios, en condiciones más cercanas al entorno natural y con animales en movimiento, aportarían información clave sobre la integración sensorial y la toma de decisiones en la caza submarina. Además, comprender estos mecanismos podría inspirar el desarrollo de sensores artificiales para aplicaciones tecnológicas en ambientes acuáticos.
Los resultados probaron que las focas comunes podían analizar diferencias mínimas entre anillos de vórtice, descifrar la dirección de escape de los peces y mantener su eficacia como depredadores, incluso frente a sofisticadas estrategias de evasión y camuflaje.
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