
El fondo del Atlántico Norte escondía un secreto capaz de cambiar la perspectiva global sobre la escasez de agua dulce: un equipo internacional descubrió un inmenso acuífero bajo el lecho marino, frente a la costa estadounidense. El hallazgo fue posible gracias a una expedición científica que desafió los límites de la exploración marina y generó una nueva esperanza para el abastecimiento humano en tiempos de crisis hídrica.
Un descubrimiento que redefine el mapa hídrico
El hallazgo de un vasto acuífero de agua dulce bajo el Atlántico Norte, frente a la costa noreste de Estados Unidos, sorprendió a la comunidad científica y reanimó el debate sobre el futuro del agua.
Un equipo internacional, liderado por Rebecca Robinson de la Universidad de Rhode Island, Brandon Dugan de la Colorado School of Mines y Karen Johannesson de la Universidad de Massachusetts Boston, localizó el reservorio al perforar el lecho marino cerca de Nantucket, Massachusetts, durante una expedición inédita. En 74 días extrajeron 50.000 litros de agua y recuperaron 718 núcleos de sedimento, operaciones que demostraron la magnitud y potencial del hallazgo.
La expedición, que reunió a más de 40 investigadores de una docena de países, utilizó el Liftboat Robert —una embarcación modificada especialmente para este tipo de estudios— y contó con laboratorios improvisados a bordo para el análisis detallado de muestras en tiempo real.
El éxito de la misión combinó tecnología de punta, colaboración multidisciplinaria y la experiencia de científicos que debieron adaptarse a jornadas largas rodeados únicamente por el mar abierto, lejos de la costa y con condiciones cambiantes.

Agua dulce bajo el mar: pureza, potencial y desafíos
Las muestras extraídas asombraron por su baja salinidad, con apenas 1 parte por mil de sal, frente al promedio oceánico de 35 partes por mil. Esa característica llevó a pensar en la posibilidad de un recurso potable, aunque los estudios aún analizan la presencia de minerales, bacterias y compuestos que podrían afectar su consumo humano.
“La frescura del agua, tan cercana a los límites de potabilidad, fue una sorpresa para mí”, explicó Robinson a SciTech Daily. Según los primeros informes, este agua podría utilizarse en situaciones de emergencia, como soporte en sequías, o incluso abastecer ciudades e industrias, siempre y cuando los análisis sanitarios y ambientales lo permitan.
Los científicos estiman que este acuífero se extiende desde Nueva Jersey hasta Maine y, según Dugan, su volumen podría abastecer a Nueva York durante siglos. Sin embargo, advierten que la explotación de esta fuente requeriría sistemas costosos y sofisticados para extraer y transportar el recurso a tierra firme.
Además, el proceso de bombeo debería ser extremadamente cuidadoso para no alterar los equilibrios del subsuelo marino, evitar la intrusión de sal y conservar la recarga natural del reservorio.

Contexto mundial, antecedentes y tecnología al límite
Este hallazgo resalta en un periodo donde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte que, en cinco años, la demanda mundial de agua dulce superará la oferta en un 40%.
Factores como el crecimiento poblacional, el aumento de industrias sedientas —incluidas las tecnológicas— y la contaminación de fuentes tradicionales intensifican la competencia por el recurso. Encontrar nuevas fuentes alternativas, como los acuíferos marinos, suma opciones ante la crisis, pero también exige una gestión responsable.
Aunque la existencia de agua dulce bajo el mar había sido observada en lugares como Sudáfrica, Hawái o Canadá, nunca se había realizado una operación de extracción a esta escala ni con tal nivel de detalle. Ya en 1976, el Servicio Geológico de Estados Unidos y, más tarde, el Woods Hole Oceanographic Institution, realizaron investigaciones que ahora encuentran respuesta y proyección global con el nuevo hallazgo.

El proceso en sí demandó importantes aplicaciones tecnológicas: desde la localización precisa hasta la preservación de muestras con sofisticados filtros y métodos de congelación, pasando por el análisis en laboratorios portátiles ante la imposibilidad de esperar hasta el arribo a puerto. El trabajo conjunto entre geólogos, hidrólogos, microbiólogos y geoquímicos fue esencial para validar los resultados.
El futuro: ciencia, cooperación y cambio climático
El siguiente paso es la colaboración internacional. Los equipos científicos se reunirán en la Universidad de Bremen, Alemania, para analizar datos, compartir conclusiones y publicar informes iniciales en 2026. El acceso a los resultados, tras el periodo de embargo, permitirá a investigadores de todo el mundo profundizar en las posibilidades y riesgos de esta fuente de agua insólita.
En un planeta cada vez más afectado por la sequía y el cambio climático, este gigante escondido bajo el Atlántico Norte ofrece una oportunidad única y un recordatorio: la naturaleza aún puede sorprender, pero depende de nosotros aprovechar esos descubrimientos sin agotar lo que resta oculto en las profundidades.
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