
Hace aproximadamente 70.000 años, los humanos modernos en África comenzaron a habitar una gama mucho más amplia de entornos, un cambio decisivo para el éxito evolutivo de la especie y su expansión global, según un estudio citado por New Scientist. Este resultado, respaldado por un análisis de sitios arqueológicos y modelado estadístico, señala que la capacidad de adaptarse a diferentes hábitats distinguió a Homo sapiens de otros grupos humanos que no sobrevivieron.
El origen africano de los humanos modernos cuenta con un fuerte respaldo en la genética y la arqueología. El análisis de ADN muestra que las poblaciones africanas presentan la mayor diversidad genética, mientras que los grupos no africanos descienden de un subconjunto reducido de esa población original. Esta evidencia indica que todos los humanos fuera de África provienen de una migración reciente, ocurrida hace unos 50.000 años. Sin embargo, los hallazgos muestran que el Homo sapiens llegó a Grecia hace 210.000 años y a Israel hace al menos 177.000 años, lo que genera dudas sobre la supervivencia de aquellos primeros grupos y la naturaleza real de la expansión humana.
Un equipo internacional de investigadores, entre quienes se encuentran Eleanor Scerri (Instituto Max Planck de Geoantropología), Emily Yuko Hallett (Universidad Loyola Chicago), Andrea Manica (Universidad de Cambridge) y Michela Leonardi (Museo de Historia Natural de Londres), recopiló datos de cientos de sitios arqueológicos africanos con edades entre 120.000 y 14.000 años. Según explicó Hallett a New Scientist, el equipo reconstruyó las condiciones climáticas de cada lugar y periodo, lo que permitió identificar un cambio notable en la ocupación de hábitats 70.000 años atrás.

Manica afirmó a New Scientist: “A partir de ese momento, los humanos modernos empezaron a habitar zonas con una gama mucho más amplia de temperaturas y precipitaciones y entraron en bosques densos y desiertos áridos”. Este patrón fue confirmado con un modelado estadístico realizado por Leonardi, quien detalló que el análisis, originalmente previsto para durar dos semanas, llevó más de cinco años debido a la complejidad y las lagunas del registro arqueológico. A pesar de las dificultades, los resultados publicados el 18 de junio demostraron que, hace unos 70.000 años, Homo sapiens en África extendió de manera significativa su rango ecológico.
Este salto en la adaptabilidad no implica que los humanos anteriores carecieran de flexibilidad. Scerri señaló que desde etapas tempranas, los humanos ya ocupaban manglares, selvas, bordes de desiertos y zonas montañosas como las tierras altas de Etiopía. Esta flexibilidad permitió la supervivencia de Homo sapiens frente a cambios ambientales en África, a diferencia de otros homínidos como Paranthropus. Sin embargo, Scerri indicó que los grupos anteriores de Homo sapiens no aprovechaban todo el abanico de hábitats. Fue alrededor de los 70.000 años cuando se observa el inicio de una ocupación más diversa, incluyendo diferentes tipos de bosques y desiertos.
La comparación con otros grupos humanos refuerza la importancia de esta adaptabilidad. Algunos de los primeros Homo sapiens que abandonaron África y alcanzaron Europa no sobrevivieron a los climas fríos y ambientes desconocidos, mientras que los descendientes de quienes desarrollaron una mayor flexibilidad en África prosperaron en regiones tan diversas como el sudeste asiático, Australia y América. No obstante, Scerri advirtió a New Scientist que este avance no garantizó la supervivencia universal: “Muchas de estas poblaciones se extinguieron, tanto dentro como fuera de África”.

El estudio también genera interrogantes sobre las causas del aumento en la adaptabilidad. Manica observó que, a partir de los 70.000 años, los fósiles presentan un conjunto de rasgos anatómicos modernos previamente dispersos. Propone que la expansión hacia nuevos nichos ecológicos facilitó el contacto entre poblaciones antes separadas, promoviendo así el intercambio de ideas y genes. Manica explicó a New Scientist: “Puede establecerse una retroalimentación positiva: te conectas un poco más, te vuelves más flexible… Rompes ciertas barreras y te conectas aún más”.
Finalmente, la investigación concluye que el aumento de la conexión y del crecimiento poblacional en África desencadenó una explosión de creatividad y flexibilidad que permitió a Homo sapiens colonizar el planeta. La cooperación y el intercambio entre grupos resultaron claves para superar los desafíos ambientales y evitar la extinción.
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