
Durante medio siglo, una muestra lunar sellada permaneció intacta, resguardando información hasta que fue abierta en marzo de 2022 por la NASA, tras 50 años de conservación. Ahora, científicos analizaron este valioso testigo de la misión Apolo 17, revelando detalles inéditos sobre el llamado Manto Ligero, un deslizamiento de tierra único en el satélite natural de la Tierra.
Los hallazgos, publicados recientemente en la revista Journal of Geophysical Research: Planets y recogidos por DW, no solo arrojan luz sobre la historia geológica lunar, sino que aportan claves fundamentales para el futuro de la exploración espacial, en particular en el marco del programa Artemis de la NASA.
La muestra fue recolectada en 1972 por la tripulación del Apolo 17 —misión que incluyó al geólogo Harrison Schmitt, el primer científico en pisar la Luna— y reservada por la NASA con la previsión de que futuras generaciones contarían con tecnologías más avanzadas para su estudio.

De los 110,5 kilogramos de piedra lunar transportados a la Tierra, una parte significativa se almacenó sellada, anticipando que nuevos enfoques científicos permitirían extraer el máximo valor.
La apertura se enmarca en el programa Apollo Next Generation Sample Analysis (ANGSA), una iniciativa orientada a aprovechar el legado de las misiones Apolo y a sentar las bases para Artemis, la próxima gran apuesta estadounidense para regresar a la Luna.
Manto Ligero: deslizamiento único en la Luna
El Manto Ligero, eje central de este análisis, se extiende como una brillante franja de material a lo largo de cinco kilómetros en el valle de Taurus-Littrow, al pie del macizo sur lunar. Este fenómeno intrigó a la comunidad científica durante décadas, al tratarse del único deslizamiento de tierra conocido en la Luna, un entorno sin agua ni atmósfera.

La Dra. Giulia Magnarini, del Museo de Historia Natural de Londres y líder del equipo de investigación, destacó en declaraciones recogidas por DW la singularidad del caso: “He estado estudiando los deslizamientos de tierra de largo recorrido en la Tierra y Marte, pero el Manto Ligero es el único que conocemos en la Luna. No sabemos cómo se formaron estos deslizamientos de largo recorrido ni qué les permitió desplazarse varios kilómetros”.
Para indagar en los misterios del Manto Ligero, los científicos recurrieron a escáneres micro-CT de nivel médico, una tecnología que no existía durante las misiones Apolo. Este método permitió observar la estructura interna de la muestra antes de cualquier intervención física, abriendo una perspectiva inédita sobre el pasado lunar.
El análisis se centró en los clastos, fragmentos de roca desprendidos de la ladera del macizo, que descendieron por la pendiente y se fracturaron en el trayecto. Este proceso liberó partículas finas que recubrieron los fragmentos, lo que facilitó que el deslizamiento funcionara como un flujo granular, una textura clave para explicar cómo los escombros recorrieron varios kilómetros sin intervención de agua ni atmósfera.

La textura de flujo granular observada permitió comprender mejor la dinámica de este deslizamiento seco y prolongado. La Dra. Magnarini explicó a DW que el hallazgo ayuda a reconstruir el proceso mediante el cual los fragmentos de roca, al fracturarse y ser recubiertos por partículas finas, adquirieron la capacidad de desplazarse como un fluido, desafiando las condiciones extremas de la superficie lunar.
Hipótesis sobre el origen y relevancia para Artemis
Sobre el origen del Manto Ligero, el equipo científico plantea dos hipótesis principales. Una apunta al cráter Tycho, uno de los más jóvenes y prominentes de la Luna. El impacto que lo formó, hace unos 108 millones de años, habría lanzado grandes cantidades de escombros, parte de los cuales habrían recorrido la mitad del satélite hasta impactar contra el macizo sur, desencadenando el deslizamiento. La otra hipótesis se basa en un terremoto lunar, provocado por la actividad sísmica en la falla Lee-Lincoln.
Aunque el análisis actual no permite confirmar ninguna de las dos de forma concluyente, las nuevas evidencias sobre la textura interna de la muestra aportan elementos valiosos para reconstruir la secuencia de eventos que dio origen al fenómeno.

Más allá del interés científico, los resultados de esta investigación tienen impacto directo en la planificación de futuras misiones lunares.
La Dra. Magnarini subrayó que el manejo cuidadoso de las muestras —desde su preservación hasta su apertura y análisis— ya se integra en los protocolos científicos del programa Artemis, que busca establecer una presencia humana sostenible en la Luna. Los datos obtenidos contribuyen al desarrollo de nuevos instrumentos y estrategias para la exploración lunar, según detalló la investigadora a DW.
El conocimiento adquirido sobre el comportamiento del regolito lunar bajo diversas condiciones es esencial para diseñar infraestructuras seguras en la superficie del satélite. La información sobre cómo el suelo lunar se compacta, fluye y soporta cargas en la baja gravedad lunar será decisiva para trazar rutas, construir plataformas y establecer refugios en terrenos accidentados, aspectos clave para el éxito de futuras misiones tripuladas.
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