
Nuevos análisis científicos permiten reconstruir la vida cotidiana y la organización de las comunidades de la cuenca de los Cárpatos, revelando una transformación profunda en la alimentación y la estructura social durante la Edad del Bronce.
Un equipo internacional liderado por Tamás Hajdu, de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest, y Claudio Cavazzuti, de la Universidad de Bolonia, documentó este proceso en un estudio publicado en Scientific Reports. Según informó la Facultad de Biología de la Universidad ELTE, los hallazgos identifican el consumo más antiguo de mijo en Europa y cuestionan supuestos previos sobre la economía y jerarquía de las sociedades de la Edad del Bronce.
Transformaciones en dieta, movilidad y organización social
El sitio arqueológico de Tiszafüred-Majoroshalom, en el centro de Hungría, fue clave para analizar los cambios entre la Edad del Bronce Medio y la Tardía. De acuerdo con la Universidad ELTE, la investigación, apoyada por la Oficina Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación de Hungría, indagó si estos cambios fueron causados por migraciones o adaptaciones locales.

Los resultados muestran una alteración profunda: hacia el 1500 a.C., las comunidades modificaron su dieta, redujeron su movilidad y adoptaron una estructura social menos jerárquica. “Comían y vivían de manera diferente, y el sistema social también se reorganizó”, señala el comunicado universitario.
La dieta: del banquete variado al predominio del mijo
Uno de los principales descubrimientos fue la adopción del mijo (Panicum miliaceum) como alimento básico. El análisis isotópico de carbono en restos óseos fechó su introducción entre 1540 y 1480 a.C., marcando el consumo documentado más antiguo de este cereal en Europa.
Durante la Edad del Bronce Medio, la dieta era variada y reflejaba diferencias de clase en el acceso a proteínas animales. En contraste, durante la Edad del Bronce Tardía, se produjo una homogeneización alimentaria, con reducción en la variedad y cantidad de proteínas animales. Esto refuta la imagen tradicional de una sociedad centrada en la ganadería, como se creía de la cultura Tumulus.

Estudios de microarqueobotánica dental confirmaron la presencia de almidón y fitolitos de mijo, trigo y cebada. Mientras que en la Edad del Bronce Medio solo dos de los 14 individuos analizados mostraban rastros de mijo, en la Edad del Bronce Tardía esta cifra aumentó a seis de once.
Movilidad: de la migración local a la estabilidad regional
El análisis de isótopos de estroncio en huesos y dientes evidenció una disminución en la movilidad. Durante la Edad del Bronce Medio, los individuos provenían de diversas regiones cercanas, como la cuenca alta del Tisza y el norte de los Cárpatos.
En tanto, en la Edad del Bronce Tardía, la mayoría eran locales, con apenas un caso inequívoco de migración desde una zona lejana como Transdanubia.
Según Scientific Reports, aunque se identificó una movilidad algo mayor entre varones adultos, esta diferencia podría deberse al tamaño limitado de la muestra. En general, se consolidó un patrón de estabilidad y uso local de recursos.
Reorganización social: de jerarquías rígidas a redes descentralizadas
El abandono de los asentamientos fortificados conocidos como tell-settlements marcó el inicio de una estructura social descentralizada. En lugar de núcleos jerárquicos duraderos, surgieron redes de ocupación breve y menos estratificadas.

El análisis isotópico y dental reveló que el acceso a los alimentos se volvió más equitativo entre géneros y clases. Las diferencias en el consumo de proteínas animales entre hombres y mujeres —presentes en la Edad del Bronce Medio— desaparecieron en la etapa Tardía. Según la Universidad ELTE, esto contradice la visión clásica de la cultura Tumulus como una sociedad ganadera jerarquizada.
La investigación publicada en Scientific Reports resalta la importancia de combinar métodos arqueológicos tradicionales con herramientas bioarqueológicas modernas. “El estudio refuta claramente la idea previa de que la gente de la cultura Tumulus era mayormente pastoralista”, indica el artículo. La cuenca de los Cárpatos, epicentro de dinámicas poblacionales desde el Neolítico, se presenta como un laboratorio ideal para analizar las interacciones entre migración, adaptación y cambio social.
La aplicación de técnicas como el análisis de isótopos estables, microarqueobotánica dental y macroarqueobotánica de sedimentos permitió reconstruir con alta precisión las transformaciones en dieta, movilidad y organización social.
Metodología y aportes científicos
El equipo empleó múltiples herramientas: análisis de isótopos de carbono y nitrógeno en colágeno óseo para determinar la dieta, estudio de estroncio en esmalte dental para trazar la procedencia, y análisis de microrestos dentales y sedimentos para identificar los cultivos consumidos y cultivados.
La Universidad Eötvös Loránd destaca que esta combinación metodológica posibilitó una resolución cronológica inédita, determinando con exactitud el momento y alcance de los cambios.

Los resultados sientan las bases para reinterpretar la evolución de las sociedades humanas más allá de las narrativas basadas en la cultura material. De acuerdo con Scientific Reports, integrar enfoques tradicionales y modernos resulta esencial para comprender los complejos procesos históricos.
El trabajo de Hajdu y Cavazzuti abre nuevas líneas de investigación para estudiar la interacción entre alimentación, movilidad y organización social durante transiciones culturales en Europa y otras regiones. La bioarqueología se consolida así como una herramienta clave para revelar los mecanismos de cambio en las sociedades prehistóricas.
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