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¿El megalodón era un coloso insaciable?: la ciencia tiene la respuesta

Un nuevo análisis en dientes fósiles reveló datos inesperados sobre la alimentación de este tiburón prehistórico, según un estudio publicado en National Geographic

Megalodón
Créditos; Alex Boersma/PNAS
El análisis de isótopos de zinc en dientes fósiles revela que el megalodón tenía una dieta más variada de lo que se creía
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El megalodón, el coloso de los mares prehistóricos, fascinó a científicos y entusiastas durante generaciones. Ahora, un estudio internacional desafía la imagen tradicional de este depredador como cazador especializado en ballenas.

Según un análisis de isótopos de zinc en dientes fosilizados, este tiburón prehistórico tenía una dieta mucho más flexible, lo que reconfigura su papel en la cadena trófica marina. Así lo reportó National Geographic, que divulgó los hallazgos de esta investigación.

Un método innovador para descifrar la dieta del megalodón

El avance científico se basa en la aplicación de un método reciente: el análisis de isótopos de zinc en dientes fósiles. Este mineral esencial es absorbido a través de la dieta y se presenta en distintas variantes, conocidas como isótopos.

Uno de ellos, es el zinc-66, el más pesado de esta clase de minerales, que se distribuye en proporciones diferentes según la posición del animal en la cadena alimentaria. De acuerdo con los estudios, los herbívoros muestran mayores concentraciones de zinc-66, mientras que estas disminuyen en los niveles tróficos superiores. Por esta razón, un superdepredador como el megalodón debería presentar niveles bajos de este isótopo.

megalodon (Foto: Twitter@Mondivirtuali)
El megalodón no era un cazador exclusivo de grandes mamíferos marinos, sino que adaptaba su alimentación según el entorno (Foto: Twitter@Mondivirtuali)

Qué identificaron en las muestras analizadas

El equipo de investigación fue liderado por el Dr. Jeremy McCormack, del Departamento de Geociencias de la Universidad Goethe de Frankfurt, y contó con la colaboración de científicos de Alemania, Francia, Austria y Estados Unidos. Además, participó el paleobiólogo Kenshu Shimada, de la Universidad DePaul en Chicago.

Para el estudio, se analizaron dientes fósiles de megalodón encontrados en Sigmaringen y Passau, dos localidades alemanas. Estas muestras permitieron comparar patrones alimentarios de distintas épocas y regiones, y establecer vínculos con especies actuales.

Los dientes del megalodón se contrastaron también con los de animales marinos modernos, lo que fue crucial para interpretar los niveles de zinc-66 y ubicar al tiburón en su contexto ecológico.

Resultados: un superdepredador con dieta flexible

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El megalodón no era un cazador exclusivo de grandes mamíferos marinos, sino que adaptaba su alimentación según el entorno (Foto: INAH)

Los análisis confirmaron niveles muy bajos de zinc-66 en los dientes de megalodón y de su pariente cercano, el Otodus chubutensis, lo que reafirma su condición de superdepredadores. Sin embargo, lo más destacable fue la evidencia de una dieta más variada de lo que se suponía.

“El megalodón era lo suficientemente flexible como para alimentarse de mamíferos marinos y peces grandes, tanto de niveles superiores como inferiores de la pirámide trófica, según la disponibilidad”, explicó el Dr. McCormack. Esta declaración contradice la visión anterior de un depredador altamente especializado.

Por ejemplo, los ejemplares procedentes de Passau mostraron signos de haber consumido animales de niveles tróficos más bajos, lo que sugiere una alta capacidad de adaptación a distintos entornos.

Variabilidad regional y reconstrucción trófica

El megalodón era un depredador oportunista capaz de alimentarse de presas de distintos niveles tróficos según la disponibilidad (Sebastian Carrasco/Europa Press)
El megalodón era un depredador oportunista capaz de alimentarse de presas de distintos niveles tróficos según la disponibilidad (Sebastian Carrasco/Europa Press)

Comparar los dientes fósiles de Sigmaringen y Passau permitió detectar diferencias en los hábitos alimenticios. Algunos individuos se nutrían de presas de alto nivel trófico, mientras otros lo hacían de especies situadas más abajo en la cadena alimentaria.

Estos resultados sugieren que el megalodón era un depredador oportunista, más que un cazador especializado. Esta capacidad de adaptación pudo haber sido clave para sobrevivir en hábitats diversos y frente a cambios en la disponibilidad de alimento.

El análisis de isótopos de zinc se consolidó como una herramienta valiosa para la reconstrucción de ecosistemas del pasado. “La determinación de las proporciones de isótopos de zinc en los dientes demostró ser un instrumento valioso para las reconstrucciones paleoecológicas”, afirmó McCormack.

Entre creencias e importancia

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La investigación desafía la visión tradicional del megalodón y aporta nuevas teorías sobre su extinción y competencia con el tiburón blanco

El Dr. McCormack destacó la importancia del hallazgo, que amplía el conocimiento sobre la biología del megalodón y su función en los ecosistemas marinos prehistóricos. Por su parte, Kenshu Shimada señaló la vulnerabilidad de los grandes depredadores: “Ni siquiera los supercarnívoros son inmunes a la extinción”, afirmó.

Hasta ahora, se pensaba que el megalodón, con un tamaño estimado de 24 metros y requerimientos energéticos cercanos a las 100.000 kilocalorías diarias, se alimentaba casi exclusivamente de grandes mamíferos marinos. Su nombre, que significa literalmente “diente grande”, hace referencia a su característica más notable.

A pesar de su tamaño y capacidad depredadora, el megalodón desapareció hace millones de años. Una de las teorías más difundidas, apunta a la competencia con el actual tiburón blanco, que habría ocupado un nicho ecológico similar y lo habría desplazado.

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