
La enfermedad renal crónica es la pérdida lenta de la función de los riñones con el tiempo. El principal trabajo de estos órganos es eliminar los desechos y el exceso de agua del cuerpo, según MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Su desarrollo suele ser silencioso, con síntomas que aparecen, en muchos casos, cuando los daños ya son irreversibles. Este deterioro progresivo y muchas veces invisible compromete la capacidad para filtrar desechos, regular líquidos y mantener funciones vitales.
Frente a este panorama, un avance logrado por investigadores del Centro de Investigación del Centro Hospitalario de la Universidad de Montreal (CRCHUM) podría redefinir la forma en que se diagnostica y previene esta condición.
El equipo de científicos canadienses identificó un biomarcador que permite evaluar el estado de los capilares renales, estructuras microscópicas responsables de la filtración y oxigenación del órgano. Se trata del microARN miR-423-5p, una molécula que circula en la sangre y cuyo comportamiento refleja la salud de los vasos sanguíneos pequeños de los riñones.

La investigación fue publicada en la revista científica JCI Insight y representa un avance clave para pacientes con insuficiencia renal crónica, trasplantes de órganos o enfermedades asociadas a la pérdida de vascularización, según los expertos.
El descubrimiento fue liderado por las profesoras de medicina Marie-Josée Hébert y Héloïse Cardinal, junto al investigador Francis Migneault, todos miembros del CRCHUM y de la Universidad de Montreal. Su especialidad es el estudio de los capilares peritubulares, componentes esenciales en la estructura renal cuya pérdida indica una progresión hacia la insuficiencia.
“Usando este biomarcador, se podría desarrollar una prueba para evaluar el estado de los vasos sanguíneos pequeños mucho antes. Los médicos hospitalarios podrían entonces evaluar mejor la salud microvascular de los pacientes de mayor riesgo”, afirmó Hébert.
Este tipo de daño se presenta en distintas situaciones clínicas, como cirugías cardiovasculares, trasplantes o enfermedades crónicas como la diabetes. En algunos casos, una lesión aguda puede reducir la cantidad de vasos funcionales, acelerar la pérdida de función renal y conducir a la etapa terminal de la enfermedad, donde los pacientes dependen de diálisis o necesitan un trasplante.
Hasta ahora, no existía un biomarcador específico que indicara el estado real de la microvasculatura renal. Esto dificultaba tanto el diagnóstico precoz como el diseño de estrategias terapéuticas personalizadas. El miR-423-5p cambia ese escenario. Según el equipo, sus niveles varían en sangre tras una lesión renal y pueden predecir el grado de daño vascular antes de que aparezcan síntomas clínicos. El hallazgo fue validado en un modelo experimental con ratones y luego confirmado en 51 pacientes receptores de trasplante renal, mediante el biobanco del CHUM.

Lo más significativo, según los investigadores, fue comprobar que la aplicación de este microARN no solo permite evaluar el daño, sino que puede actuar como agente terapéutico. “Al inyectar este microARN en ratones con lesiones renales, pudimos preservar los vasos sanguíneos pequeños y limitar el daño a los riñones”, explicó Migneault. Esta posibilidad de proteger los capilares al momento de una intervención quirúrgica, como un trasplante, abre nuevas vías para mejorar la sobrevida del injerto y prevenir fallos postoperatorios.
Un biomarcador con impacto más allá del riñón
Aunque el descubrimiento se centró en la insuficiencia renal, su proyección es mucho más amplia. Los científicos sugieren que una prueba basada en miR-423-5p podría ser útil en pacientes con insuficiencia cardíaca o enfermedades relacionadas con el envejecimiento acelerado. “En estas afecciones médicas, la pérdida de pequeños vasos sanguíneos desempeña un papel fundamental, debido a su asociación con el envejecimiento normal o acelerado”, señaló Hébert.
Por su parte, la investigadora Emmanuelle Brochiero ya trabaja en nuevas aplicaciones del biomarcador para patologías pulmonares, mientras que el equipo del CRCHUM estudia alternativas de administración más accesibles que la inyección directa en el riñón. Estas investigaciones incluyen sistemas de liberación dirigidos, como vehículos moleculares o cócteles de microARNs que puedan llegar al órgano de forma eficaz y segura.
Qué es la insuficiencia renal
La insuficiencia renal es una condición silenciosa que puede no mostrar síntomas durante años. “La diabetes y la presión arterial alta son las 2 causas más comunes y son responsables de la mayoría de los casos”, según MedlinePlus.
A medida que los riñones pierden capacidad de filtración, se acumulan desechos y líquidos en el cuerpo, lo que afecta múltiples sistemas. La progresión puede llevar a anemia, hipertensión, pérdida de masa ósea y fatiga persistente, entre otros síntomas.

“La enfermedad renal es una patología que puede evolucionar progresivamente. Se puede haber perdido hasta el 80% de la función renal, pero no se registran los síntomas”, dijo a Infobae anteriormente la presidenta de la Sociedad Argentina de Nefrología, la médica María Marina Papaginovic Leiva.
“Como siguen orinando, los pacientes creen que los riñones funcionan bien. Pero esos órganos tienen diferentes funciones y una de ellas es la capacidad de generar orina. En casos de personas con la enfermedad, la filtración renal no es efectiva para eliminar toxinas por la orina”, precisó la experta.
Algunos de los síntomas en el estadio más avanzado pueden ser:
- Falta de apetito
- Mucha sed
- Fatiga y anemia
- Calambres
- Hinchazón en la cara y las manos
- Insomnio
- Dolor de cabeza

El hecho de que la enfermedad muchas veces se detecte en etapas avanzadas complica su tratamiento. La posibilidad de contar con una herramienta de diagnóstico temprano y específica para el estado vascular representa una diferencia sustancial. En particular, porque muchas de las intervenciones médicas actuales buscan preservar precisamente esos vasos pequeños, responsables de mantener la estructura y la función del riñón.
Este hallazgo también tiene un valor estratégico para los sistemas de salud. Poder anticipar el deterioro de un órgano antes de que se manifiesten los síntomas permite planificar mejor los cuidados, reducir hospitalizaciones y evitar tratamientos invasivos. La solicitud de patente provisional presentada por el equipo canadiense apunta en esa dirección.
Si bien todavía falta tiempo para que este biomarcador se integre en la práctica clínica diaria, los resultados publicados en JCI Insight constituyen un punto de partida sólido.
Para cuidar la enfermedad renal, la Sociedad Argentina de Nefrología aconsejó seguir las 8 reglas de oro:
1.Mantener una vida activa: la actividad física regular ayuda a controlar el peso y reducir la presión arterial.
2.Adoptar una alimentación saludable: consumir frutas, verduras y reducir la ingesta de sal (5-6 gramos por día) y reducir el sobrepeso.
3.Controlar el nivel de azúcar en sangre: la diabetes es una de las principales causas de ERC; su monitoreo permite actuar a tiempo.
4.Revisar la presión arterial: la hipertensión daña los vasos sanguíneos de los riñones, por lo que su control es fundamental.
5.Beber suficiente agua: mantenerse hidratado favorece el buen funcionamiento de los riñones.
6.No automedicarse: el uso excesivo de antiinflamatorios no esteroides puede dañar a los riñones.
7.Evitar el tabaco y el alcohol: estos hábitos aumentan el riesgo de enfermedad renal y cardiovascular.
8.Realizar chequeos periódicos: aquellas personas con factores de riesgo deben someterse a controles regulares de función renal mediante análisis de sangre y orina.
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