Cómo el Parque Nacional Grand Teton utiliza aves de papel maché para proteger al urogallo de las artemisas

Estudiantes, artistas y biólogos colaboran en una acción innovadora para evitar muertes de aves en zonas aéreas de alto riesgo

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Expertos trabajan para prevenir colisiones
Expertos trabajan para prevenir colisiones entre estas aves y las aeronaves (Crédito: Flickr)

En el corazón del Parque Nacional Grand Teton, una estrategia singular está siendo puesta a prueba para proteger a una especie vulnerable de ave: el urogallo de las artemisas. En un cruce inesperado entre arte y conservación, autoridades ambientales, artistas y estudiantes locales unieron esfuerzos para intervenir de forma creativa un problema de larga data: las colisiones entre estas aves y las aeronaves en las cercanías del aeropuerto de Jackson Hole, Wyoming.

Un proyecto artístico con fines ecológicos

El objetivo principal de esta intervención es reducir la mortalidad del urogallo de las artemisas en zonas de alto riesgo de impacto con aviones. Entre 1990 y 2013, al menos 32 ejemplares de esta especie murieron atropellados por aeronaves en ese aeropuerto, con una concentración significativa de incidentes en los meses de verano, cuando las gallinas y sus crías están especialmente activas, según una publicación del propio Parque Nacional Grand Teton.

Para mitigar esta situación, el Servicio de Parques Nacionales recurrió a una herramienta inusual pero estratégica: el papel maché. Con ayuda del Centro de Rapaces de Teton —una organización sin fines de lucro enfocada en la conservación de aves rapaces—, la artista local Lori Solem y estudiantes de arte de la Escuela Secundaria Jackson Hole, se fabricaron cuatro réplicas del ave en papel maché. Estos señuelos fueron colocados en un campo de aproximadamente 40 hectáreas, ubicado al sur de la pista de aterrizaje del aeropuerto.

La lógica detrás de esta acción es inducir a los urogallos reales a modificar su conducta reproductiva, alejando sus actividades de cortejo de las áreas más peligrosas. Las réplicas están diseñadas para emular a machos en plena exhibición, y se espera que esto persuada a otros ejemplares a trasladar sus rituales a un sitio más seguro. Cámaras especialmente instaladas permitirán monitorear si las aves adoptan esta nueva ubicación como su lek —el sitio donde se concentran para cortejar—.

Un ave en peligro: biología y vulnerabilidad

Un macho de urogallo de
Un macho de urogallo de las artemisas en su exhibición de apareamiento (Crédito: Flickr)

El urogallo de las artemisas es originario del oeste de Estados Unidos y Canadá. Esta ave ha sido objeto de preocupación creciente por parte de conservacionistas debido a su alarmante descenso poblacional. Uno de sus rasgos más distintivos es el comportamiento de los machos durante el apareamiento: inflan unos sacos pectorales de color amarillo brillante, acompañados de un despliegue físico y sonoro destinado a atraer hembras.

Estas conductas de exhibición, vitales para la reproducción, suelen concentrarse en zonas abiertas y despejadas, lo que explica su elección de sitios como campos cerca de aeropuertos. El problema surge cuando estos espacios coinciden con trayectorias de despegue o aterrizaje, convirtiéndose en puntos críticos de riesgo.

Una colaboración que integra comunidad y ciencia

El desarrollo del proyecto fue posible gracias a una red de actores locales que combinaron conocimientos técnicos, compromiso ambiental y habilidades artísticas. La participación de estudiantes secundarios en la elaboración de los señuelos no solo dotó de mano de obra al proyecto, sino que fomentó una conciencia ecológica entre las nuevas generaciones. La artista Lori Solem, por su parte, asumió el desafío de reproducir en papel maché una figura anatómicamente fiel y visualmente convincente del urogallo.

Esta acción conjunta no responde solo a una necesidad funcional, sino también a una intención educativa y simbólica: demostrar que la conservación ambiental puede apoyarse en disciplinas aparentemente alejadas como las artes visuales, y que las soluciones pueden surgir de vínculos interinstitucionales y comunitarios.

Un experimento en curso bajo monitoreo constante

El emplazamiento de los señuelos
El emplazamiento de los señuelos constituye un experimento de campo cuidadosamente planificado (Crédito: Flickr)

El emplazamiento de los señuelos constituye un experimento de campo cuidadosamente planificado. Su éxito dependerá de múltiples factores: desde la efectividad del engaño visual hasta la capacidad de los urogallos para aceptar un nuevo sitio de cortejo. Las cámaras instaladas registrarán de forma sistemática el comportamiento de las aves en relación con los señuelos, permitiendo evaluar si esta medida logra efectivamente redirigir sus patrones reproductivos fuera de la zona de riesgo.

No se trata solo de preservar individuos aislados, sino de intentar modificar una conducta arraigada en la especie, lo que plantea desafíos tanto ecológicos como etológicos.

Una población en declive constante

El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos informó que desde finales de la década de 1980, la población del urogallo de las artemisas viene disminuyendo a un ritmo promedio del 2,3 % anual. Las principales causas de esta reducción son la pérdida y fragmentación del hábitat, generalmente ocasionadas por actividades humanas como el desarrollo urbano, la expansión agrícola y la infraestructura energética.

La tendencia decreciente convierte a cada ejemplar en un componente valioso para la supervivencia de la especie, y por eso las muertes asociadas a impactos con aeronaves —aunque no sean la causa principal— agravan un cuadro de por sí crítico.

Las aves y el peligro aéreo: un fenómeno generalizado

El urogallo no es el único animal amenazado por la actividad aeronáutica. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos indica que el 96 % de los impactos con fauna silvestre en el país involucran aves. Si bien son las principales afectadas, otros animales como ciervos, coyotes y tortugas también han sido víctimas en aeropuertos o zonas de tránsito aéreo.

Este tipo de colisiones representa un problema tanto para la conservación de la fauna como para la seguridad de las operaciones aéreas. Los costos económicos, las consecuencias ecológicas y los riesgos humanos hacen que esta clase de iniciativas —por pequeñas o inusuales que parezcan— cobren un significado más amplio.

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