
La gorila Koko, nació el 4 de julio de 1971 en el zoológico de San Francisco. La llamaron Hanabi-ko, que en japonés significa “Niña de los fuegos artificiales”.
Ese nombre, elegido por votación popular, anticipaba una vida extraordinaria, aunque nada en su llegada al mundo parecía presagiar que una gorila, una cría arrancada de su madre por motivos médicos antes de cumplir el año, terminaría cambiando la historia de la relación entre humanos y animales para siempre.
Según National Geographic, la psicóloga Francine “Penny” Patterson tenía entonces veintipocos años y un objetivo improbable: enseñarles lenguaje de señas a los grandes simios.
Era estudiante de doctorado en Stanford y convenció al zoológico de que le prestaran a Koko como sujeto de estudio.
Aquel experimento académico, que nació como un proyecto universitario, se transformó con el tiempo en una historia de afecto, ternura, inteligencia y controversia científica.
En 1972, comenzó el entrenamiento. Patterson y su equipo crearon una versión adaptada del lenguaje de señas americano, con gestos simplificados que un gorila pudiera ejecutar con sus manos.

Koko aprendió primero palabras simples. Pero lo que siguió sorprendió incluso a los propios investigadores.
Según la página web oficial de The Gorilla Foundation, la organización sin fines de lucro que fundaron Patterson, Ronald Cohn y Barbara Hiller en 1976, Koko llegó a dominar más de mil palabras en señas y podía entender más de dos mil palabras habladas en inglés.
Su vocabulario se expandió a gran velocidad entre los 2 y los 4 años, como si se tratara de una niña humana. En su tercer año, aprendió más de 200 señas nuevas
En ocasiones, incluso inventaba palabras cuando no conocía la adecuada.

Pero no todo era aprendizaje. A medida que el vínculo entre Patterson y Koko crecía, se volvía menos científico y más familiar. Vivieron juntas durante más de cuatro décadas.
Luego, se mudaron a los Montes de Santa Cruz, California. Koko tenía ocho años. Para entonces ya era famosa.
Un año antes, apareció por primera vez en la tapa de la revista National Geographic, con una fotografía que ella misma había tomado en un espejo.

Siete años después, repitió portada: esta vez, junto a su mascota favorita, un gato diminuto y gris al que ella misma eligió y nombró All Ball.
Cuando el gatito murió atropellado, Koko, que tenía entonces trece años, reaccionó con un gesto inédito: según Cohn, hizo como si no escuchara durante diez minutos.
Según National Geographic, después comenzó a emitir un lamento gutural, un sonido de tristeza que ya había hecho cuando era bebé y la dejaban sola en la jaula.
Tuvo más gatos después: Lipstick, Smoky. A todos los trataba como compañeros, con una ternura evidente. En su lenguaje de signos, los llamaba bebés o gatos suaves. Era famosa por su amor por los animales, pero también por su sensibilidad extrema.

Según cuenta, All That´s Interesting, una vez rompió un lavamanos de cerámica y luego, con total convicción, hizo el gesto de que la culpa había sido del gato.
Su fama se volvió un fenómeno pop cuando la visitaron personajes como Mister Rogers, Jane Goodall y Robin Williams.
El encuentro con el actor ocurrió en 2001. Williams le dejó probarse sus anteojos y recibió, a cambio, un abrazo memorable.

Según sus cuidadores, fue uno de los momentos más alegres que habían visto en Koko desde la muerte de All Ball
Unos años después, este gorila tocó la flauta dulce, demostrando un control de la respiración que se consideraba exclusivamente humano. Según Daily Mail, en 2016, recibió una visita del bajista Flea, de los Red Hot Chili Peppers, quien le entregó su bajo.
Según National Geographic, Koko lo tomó con naturalidad y comenzó a tocar cuerdas al azar, como si entendiera que era un instrumento.
A lo largo de los años, se volvió el emblema de una idea poderosa: que el lenguaje no es exclusivo del Homo sapiens. Pero esa misma idea fue la que desató una de las controversias científicas más intensas del siglo XX.
Según Daily Mail, el profesor Herbert Terrace, que trabajó con un chimpancé llamado Nim, desacreditó la interpretación de los signos de Koko.
Afirmó, en una investigación, que lo que hacía era imitar y repetir gestos a cambio de recompensas, sin entender realmente el concepto detrás del signo.
Sin embargo, esa postura no logró opacar del todo el impacto emocional de Koko. Su historia, sus expresiones de tristeza, sus muestras de afecto y su aparente conciencia de sí misma, como al sacarse una selfie frente al espejo, seguían conmoviendo al mundo.

La investigadora Anne Russon, de la Universidad de York, explicó a National Geographic que enseñar lenguaje de señas, en lugar de comunicación vocal, fue “un avance enorme”, ya que los grandes simios no tienen control sobre la vocalización como los humanos.
Koko murió mientras dormía, el 19 de junio de 2018, en la sede de The Gorilla Foundation en Woodside, California. Tenía 46 años.
Según Reuters, la noticia fue confirmada por la fundación en un comunicado donde se comprometieron a continuar con su legado, incluyendo un santuario en Maui (Hawái), programas de conservación en África y una aplicación de lenguaje de señas diseñada con Koko como inspiración para niños y gorilas.
“La vamos a extrañar mucho”, dijeron. Y millones en todo el mundo lo sintieron como propio.
Últimas Noticias
“Los gatos tigre han sido un enigma durante décadas”: el ADN que identificó al Tilcayo como una nueva especie y podría cambiar el mapa argentino
Jonas Lescroart, biólogo evolutivo belga y uno de los principales investigadores del hallazgo, habló con Infobae sobre las pruebas genéticas del felino que pasó un año con una familia de Bolivia y la posibilidad de hallar ejemplares en Jujuy y otras zonas del noroeste del país

La ciencia explicó por qué el tono de voz de un adulto pesa más que sus gestos ante el cerebro infantil
Una investigación publicada en Reino Unido reveló que los niños experimentan dominancia auditiva y juzgan el estado emocional de las personas según los sonidos que perciben

Descubren el planeta más joven conocido: un argentino formó parte del estudio
Elias 2-24 b, un mundo de masa similar a Júpiter y de menos de un millón de años, fue confirmado a 450 años luz de la Tierra dentro del disco de polvo que rodea a una estrella en formación. El astrofísico Lucas Cieza participó de la investigación, que ayuda a despejar una incógnita de diez años sobre cómo se forman los planetas gigantes

“El océano no puede seguir el ritmo”: el nuevo factor que podría desestabilizar una gran corriente del Atlántico y acercarla al colapso
Un estudio de la Universidad de Utrecht indica que la velocidad del aumento de la temperatura global puede impedir la adaptación. En simulaciones, el sistema perdió estabilidad cerca de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales

Científicos cultivaron tejido cerebral humano en ratones para estudiar trastornos neurológicos
Un equipo de la Universidad de Stanford logró que los injertos desarrollaran vasos sanguíneos, actividad eléctrica y conexiones funcionales, con potencial para investigar autismo, epilepsia y demencia


