
El Sistema Solar, nuestra casa galáctica, está en constante transformación. Aunque muchos de sus eventos se desarrollan a escalas de tiempo que trascienden nuestra vida, los cambios que experimentará en los próximos eones son inevitables y, en muchos casos, espectaculares.
Jane Green, en un artículo para BBC Sky at Night Magazine (febrero de 2025), examina los eventos que aguardan a nuestro vecindario planetario, desde lunas que se desintegran hasta planetas que podrían desaparecer, revelando una historia cósmica que continúa más allá de nuestra comprensión temporal.
El fin de la Gran Mancha Roja de Júpiter
Uno de los fenómenos más fascinantes de nuestro sistema solar, la Gran Mancha Roja (GRS) de Júpiter, está en proceso de transformación. Esta gigantesca tormenta anticiclónica, que ha existido por siglos, está perdiendo su forma ovalada y podría convertirse en un Gran Círculo Rojo, o incluso desaparecer por completo.

A medida que el vórtice se agita como una gelatina, el color de la tormenta se ha intensificado a un rojo-naranja vibrante debido a la interacción de moléculas complejas con la radiación ultravioleta.
La luna Fobos y su descenso hacia Marte
En Marte, la luna Fobos se encuentra en una espiral gravitacional hacia su desaparición. Orbitando a solo 6.000 kilómetros sobre la superficie del planeta rojo, Fobos se desplaza lentamente hacia el interior, cayendo a razón de 1,8 metros cada cien años.
Esta aceleración será fatal para la luna: en unos 50 millones de años, Fobos podría impactar directamente con Marte o, si las fuerzas de marea lo desgarran antes, formará un espectacular anillo alrededor del planeta. De manera similar, Tritón, la luna de Neptuno, se enfrenta a un destino paralelo.
El colapso de los anillos de Saturno
Otro cambio espectacular se está produciendo en los anillos de Saturno. Estos anillos, que han fascinado a la humanidad desde que Galileo los observó en 1610, están en proceso de desintegración debido a un fenómeno conocido como “lluvia de anillos”.
Las partículas de hielo que forman los anillos están siendo atraídas hacia Saturno, donde se desintegran y se dispersan en su atmósfera superior.
Este proceso erosivo, que podría llevar entre 100 y 300 millones de años, es aún visible para nosotros, pero dentro de unas pocas centenas de millones de años, los anillos desaparecerán. Aunque los científicos continúan observando estos cambios con instrumentos como el Telescopio Espacial James
La Luna y su separación de la Tierra
Nuestra propia Luna está en un proceso similar de alejamiento. Desde su formación, probablemente después de una colisión con un protoplaneta llamado Theia, la Luna se ha alejado de la Tierra a una velocidad de 3,8 centímetros por año.

Este desplazamiento, aunque pequeño, tiene implicaciones significativas para la Tierra. La gravedad de la Luna influye en las mareas terrestres, y a medida que la Luna se aleja, estas mareas disminuirán, lo que podría alterar los ecosistemas costeros y cambiar las corrientes oceánicas que estabilizan el clima global.
Además, a medida que la distancia entre la Tierra y la Luna crezca, también lo hará la inestabilidad en la inclinación axial de la Tierra, lo que podría poner en peligro la regularidad de las estaciones.
En términos de eclipses solares totales, dentro de unos 600 millones de años, la Luna estará tan lejos de la Tierra que no será capaz de bloquear completamente el Sol, lo que marcará el fin de los eclipses solares totales.
Qué le pasará al Sol
Sin embargo, el evento más trascendental de todos será la muerte de nuestro Sol, una estrella cuya existencia de aproximadamente 4.500 millones de años está destinada a llegar a su fin dentro de otros 5.000 millones de años.
A medida que el Sol agote su suministro de hidrógeno, su núcleo comenzará a fusionar helio y otros elementos más pesados, como carbono y oxígeno. Este proceso provocará una expansión masiva de la estrella, convirtiéndola en una gigante roja.
Al hincharse, el Sol devorará los planetas más cercanos, como Mercurio y Venus, y su intensidad calórica hará que la Tierra se convierta en un desierto abrasado, si es que aún sobrevive a la catástrofe. Incluso si la Tierra sobrevive a la destrucción directa, su atmósfera será despojada por la radiación solar.

A medida que el Sol pierda la mitad de su masa, su influencia gravitatoria sobre los planetas disminuirá, lo que causará que las órbitas de los planetas se expandan, desplazándose hacia el exterior.
El destino del Sistema Solar está marcado por un proceso de evolución y transformación constante, un recordatorio de que todo, desde las lunas hasta los planetas, tiene su ciclo de vida.
Mientras que eventos como el colapso de los anillos de Saturno y el fin de la Gran Mancha Roja de Júpiter nos recuerdan la fugacidad de lo que conocemos, las generaciones futuras serán testigos de cambios aún más sorprendentes y significativos.
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