Frente al desconcierto que generó la amenaza del asteroide 2024 YR4, que inicialmente tenía una probabilidad de impacto a la Tierra para 2032 de 1,1% y se sitúa ahora en 2,1%, según expertos astrónomos, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) decidieron poner a trabajar al poderoso Telescopio Espacial James Webb (JWST) para que lo observe mejor.
La información que pueda proporcionar el JWST será clave en las próximas semanas para estudiar la composición y trayectoria del objeto amenazante que fue descubierto el 27 de diciembre de 2024 y que generó la atención en la comunidad astronómica mundial por su probabilidad de impactar nuestro planeta.
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Actualmente, los astrónomos estiman que hay un 98 % de posibilidades de que pase de largo sin problemas y no choque contra la Tierra, pero las observaciones programadas permitirán reducir aún más la incertidumbre sobre su trayectoria y características.
Durante los próximos días, el asteroide quedará oculto por la Luna llena y, a medida que se aleja, se vuelve cada vez más débil y más difícil de observar.
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Hoy se encuentra a más de 65 millones de kilómetros (0,4 unidades astronómicas) de distancia y, con una magnitud de 24, y se está desvaneciendo rápidamente.
Por lo tanto, las observaciones del telescopio Webb tienen el potencial de mejorar significativamente la precisión de la órbita conocida, para identificar el lugar donde el asteroide podría impactar la Tierra en 2032.
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¿Cuánto mide el asteroide y qué amenaza implica su tamaño?

Uno de los principales desafíos que enfrentan los científicos es determinar con mayor precisión el tamaño del asteroide.
Las estimaciones actuales varían entre 40 y 90 metros de diámetro, lo que podría implicar escenarios muy distintos en caso de impacto. Un objeto de menor tamaño podría causar daños localizados, mientras que uno más grande podría requerir estrategias de desviación orbital.
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“Para evaluar con precisión el peligro que representa el asteroide 2024 YR4, necesitamos una estimación más precisa de su tamaño. La probabilidad de impacto es muy escasa hoy y el asteroide es lo suficientemente pequeño como para que los efectos de cualquier impacto potencial sean a escala local, pero la situación es lo suficientemente significativa como para justificar la atención de la comunidad global de defensa planetaria”, explicó la ESA en un reciente comunicado.
El telescopio espacial James Webb estudiará el asteroide en el espectro infrarrojo, midiendo el calor que emite en lugar de la luz que refleja, lo que permitirá una mejor determinación de su tamaño real. La primera ronda de observaciones se realizará en marzo, cuando el objeto estará en su momento de mayor brillo.
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Posteriormente, en mayo, se llevará a cabo una segunda ronda para analizar cómo cambió su temperatura al alejarse del Sol.
El tiempo de observación del James Webb es un recurso limitado y altamente solicitado, pero el equipo liderado por Andy Rivkin, de la Universidad Johns Hopkins, logró asegurar cuatro horas de estudio.
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“Nuestro grupo ha conseguido cuatro horas de tiempo de observación del Webb, con observaciones iniciales para estimar mejor el tamaño del objeto y imágenes posteriores que ayudarán a refinar su órbita”, explicó Rivkin. Estas mediciones serán fundamentales, ya que a partir de abril el asteroide desaparecerá del campo de visión terrestre hasta 2028.
La información recopilada por el Webb será complementada con datos de otros telescopios y estará disponible públicamente una vez procesada. Los astrónomos buscan no solo afinar la trayectoria del asteroide, sino también determinar con mayor precisión su composición y características físicas.
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“Los telescopios que aún pueden detectarlo son los de gran apertura; quizá se necesiten telescopios de dos o cuatro metros y, eventualmente, se necesitarán telescopios de ocho metros para detectarlo”, precisó el investigador Paul Chodas, que dirige el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra en la NASA y administra la página Sentry que enumera las últimas probabilidades de impacto para todos los asteroides potencialmente peligrosos conocidos.

El científico planetario Michael Nolan (Universidad de Arizona), quien pasó 20 años en el equipo de radar planetario de Arecibo, afirmó que si el radiotelescopio de Arecibo todavía estuviera operativo, su sistema de radar “habría podido observar 2024 YR4 en diciembre de 2024, probablemente mejorando la previsión de su órbita”
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Según datos emanados por la NASA y la ESA, la chance de impacto de 2024 YR4 corresponde a un 3 en la escala de Turín, que estima la probabilidad y la gravedad de la colisión de un objeto, la segunda clasificación más alta de la historia.

El único objeto que alcanzó brevemente un rango más alto en la escala de Turín fue el asteroide 99942 Apophis, que alcanzó brevemente un nivel 4 en esa escala justo después de su descubrimiento en 2004. Sin embargo, ese asteroide más grande fue reclasificado como de probabilidad de impacto cero en unas pocas semanas.
“A diferencia de Apofis, este no va a desaparecer rápidamente, en parte porque es un asteroide más pequeño. Apofis era más grande, y se pudieron recuperar antes y se contó con un radar, por lo que desapareció un poco más rápido que este, pero fueron unos días agitados en ese entonces”, indicó Chodas.
Un estudio crítico antes de su desaparición momentánea
Uno de los principales motivos para realizar estas observaciones en los próximos meses es que el asteroide dejará de ser visible desde la Tierra hasta 2028, lo que podría mantener la incertidumbre sobre su trayectoria durante los próximos años.
La posibilidad de que el objeto impacte el 22 de diciembre de 2032 es remota, pero los científicos buscan eliminar cualquier duda antes de que desaparezca del campo de visión de los telescopios terrestres. “Estas observaciones del Webb, cuyo tiempo de uso está normalmente sometido a un riguroso proceso de selección, serán fundamentales para determinar con precisión el riesgo real que representa”, indicó la ESA.
Para este análisis, se utilizará el instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) del telescopio James Webb, que permitirá una mejor estimación del tamaño y características térmicas del asteroide. Además, las observaciones realizadas con el instrumento NIRCam (Near Infrared Camera) complementarán estos datos y ayudarán a precisar su posición cuando ya no sea observable desde la superficie terrestre.

Los astrónomos advierten que, si bien el impacto de un asteroide de estas dimensiones no representaría una amenaza global, sí podría causar daños significativos en caso de colisión con una zona poblada.
Por ello, la defensa planetaria sigue de cerca su trayectoria y la posibilidad de implementar estrategias de mitigación si fuera necesario. La comunidad científica insiste en la importancia de continuar con la vigilancia y el análisis de objetos cercanos a la Tierra que pudieran representar una amenaza futura.
Los datos recopilados en marzo, abril y mayo serán clave para determinar cómo evoluciona la temperatura del asteroide a medida que se aleja del Sol y para mejorar los cálculos de su trayectoria. Esta información permitirá no solo evaluar los posibles escenarios en caso de impacto, sino también refinar los métodos de estudio y prevención de objetos espaciales potencialmente peligrosos.

Mientras los astrónomos esperan los resultados de estas observaciones, el caso del asteroide 2024 YR4 resalta la importancia de la vigilancia espacial y el papel fundamental de telescopios avanzados como el James Webb en la protección del planeta.
La información obtenida contribuirá a mejorar los modelos de predicción y a fortalecer los mecanismos de defensa planetaria frente a futuras amenazas espaciales. Además, la posibilidad de emplear tecnologías emergentes para desviar asteroides será un punto de interés en futuras investigaciones.
La vigilancia continua y la cooperación internacional seguirán siendo claves para garantizar la seguridad del planeta frente a posibles amenazas provenientes del espacio.
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