
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la depresión como un estado de ánimo deprimido o pérdida del placer o interés durante largos períodos de tiempo. Interfiere con la vida diaria, la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida.
Se estima que a nivel mundial alrededor del 5% de los adultos padecen depresión, con un registro de casi 280 millones de personas que la presentan. Puede estar causada por una combinación de factores biológicos, ambientales, psicológicos y también genéticos.
Según un reciente estudio, el más grande y diverso del mundo sobre la depresión mayor, existen casi 300 vínculos genéticos previamente desconocidos de la enfermedad.
Un equipo internacional de investigadores, dirigido por la Universidad de Edimburgo y el King’s College de Londres, estudió datos genéticos anónimos de más de 5 millones de personas en 29 países, uno de cada cuatro de los cuales tenía ascendencia no europea.

Los estudios previos sobre la genética de la depresión se habían centrado principalmente en poblaciones blancas, dejando de lado a gran parte de la humanidad. La nueva investigación, al incluir una muestra más amplia y diversa, permitió identificar nuevos factores de riesgo.
La profesora Cathryn Lewis, profesora de Epidemiología Genética y Estadística en King’s College, Institute of Psychiatry, Psychology & Neuroscience y codirectora del estudio dijo: “La depresión es un trastorno muy frecuente y todavía tenemos mucho que aprender sobre sus bases biológicas. Nuestro estudio identifica cientos de variantes genéticas adicionales que desempeñan un papel en la depresión".
“Estos hallazgos muestran que la depresión es altamente poligénica y abren vías posteriores para traducir estos descubrimientos en una mejor atención para las personas con depresión”, agregó.

Por otra parte, el profesor Andrew McIntosh, uno de los autores principales del estudio y miembro del Centro de Ciencias Clínicas del Cerebro de la Universidad de Edimburgo, dijo: “Hay enormes lagunas en nuestra comprensión de la depresión clínica que limitan las oportunidades de mejorar los resultados para los afectados. Es fundamental realizar estudios más amplios y con mayor representatividad a nivel mundial para obtener los conocimientos necesarios para desarrollar terapias nuevas y mejores, y prevenir enfermedades en aquellas personas con mayor riesgo de desarrollar la afección”.
Los hallazgos del estudio sobre la depresión
Publicado en la revista Cell, el estudio encontró que 100 de las variaciones genéticas recién descubiertas (pequeñas diferencias en la secuencia de ADN que compone un gen) se identificaron debido a la inclusión de personas de ascendencia africana, asiática oriental, hispana y del sur de Asia.
El estudio encontró además 700 variaciones en el código genético de los individuos vinculadas al desarrollo de la depresión, casi la mitad de las cuales nunca antes habían sido asociadas con este trastorno.

Las variantes genéticas identificadas se vincularon a neuronas (un tipo de células cerebrales) en múltiples regiones del cerebro, incluidas áreas que controlan las emociones.
Si bien cada factor de riesgo genético para la depresión es muy pequeño, el Impacto acumulativo para los individuos con múltiples variantes de ADN puede aumentar sus probabilidades, encontró el estudio.
Los investigadores también examinaron más de 1.600 medicamentos para ver si tenían un impacto en esos genes.

Además de los antidepresivos, los fármacos existentes pregabalina y modafinilo (utilizados para tratar el dolor crónico y la narcolepsia, respectivamente) podrían reutilizarse para el tratamiento de la depresión, según los hallazgos del estudio. Sin embargo, advierten que se necesitan más estudios y ensayos clínicos para explorar el potencial de los fármacos en pacientes con depresión.
En respuesta a los hallazgos, el doctor David Crepaz-Keay, director de investigación y aprendizaje aplicado de la Mental Health Foundation, dijo a The Guardian que el diverso acervo genético del estudio es “un importante paso adelante”, pero que los factores de riesgo genéticos no deberían usarse como una guía definitiva para el tratamiento.
“Si bien investigaciones como esta pueden ayudar a diseñar medidas para quienes tienen un mayor riesgo genético, la prevención de la depresión debe centrarse en abordar los problemas más amplios de la sociedad que impactan en la salud mental en una medida mucho mayor, como las experiencias de pobreza o racismo”, concluyó.
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