
El año 2024 no trajo consigo una nueva pandemia global, pero sí dejó en evidencia la constante amenaza que representan las enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de animales a humanos.
Según informó Forbes, diversos brotes y emergencias sanitarias en distintas partes del mundo subrayaron la necesidad de una vigilancia constante y estrategias integradas para abordar estos riesgos. Desde la propagación de la influenza aviar H5N1 hasta la reaparición del virus Oropouche, el año estuvo marcado por eventos que resaltaron la complejidad de estas enfermedades y su capacidad de adaptación.
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Gripe aviar H5N1: mayor transmisión a mamíferos
El virus de la gripe aviar H5N1 continuó propagándose en nuevas especies, alcanzando mamíferos con mayor frecuencia. En Estados Unidos, se documentaron casos en ganado lechero en al menos 16 estados, lo que representa una alteración significativa en el patrón habitual de este patógeno. Además, se detectaron gatos infectados tras consumir leche no pasteurizada de vacas enfermas.
En términos de infecciones humanas, se registraron casos esporádicos en Camboya, Vietnam y Estados Unidos, algunos de ellos con desenlaces fatales. La transmisión al ganado y a los felinos ha generado preocupación sobre el potencial de este virus para establecer cadenas de contagio entre humanos. Las autoridades sanitarias destacaron el riesgo para trabajadores en contacto con aves y ganado, quienes se encuentran en la primera línea de exposición.
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Viruela del mono: un brote significativo en África Central
La viruela símica, o mpox, experimentó un resurgimiento considerable en la República Democrática del Congo y países vecinos, con más de 16.000 casos confirmados y 50.000 sospechosos. Este brote afectó principalmente a niños, lo que llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar una emergencia internacional en agosto de 2024.
Aunque las estimaciones iniciales situaban la tasa de letalidad en un preocupante 4.5 %, los datos actualizados la redujeron a aproximadamente 0.5 %. A pesar de esta disminución, estudios recientes identificaron cambios genéticos en el virus, los cuales podrían mejorar su transmisibilidad entre humanos, aumentando la urgencia de mantener una vigilancia molecular constante.
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Virus Oropouche: expansión global desde la Amazonía
El virus Oropouche, tradicionalmente endémico de la región amazónica, superó sus límites geográficos al registrarse más de 11,000 casos en Brasil y Perú y detectarse infecciones en viajeros provenientes de Canadá, Estados Unidos y Europa. Este virus, transmitido por mosquitos y jejenes (pequeños insectos voladores, comúnmente conocidos como “mosquitos de arena”), causa síntomas como fiebre, dolores musculares y cefaleas, pero en algunos casos puede provocar complicaciones neurológicas graves.
Científicos atribuyen su reciente expansión a la deforestación y el cambio climático, factores que alteran los ecosistemas y los patrones de comportamiento de los vectores. Según Forbes, estos cambios facilitan que los artrópodos portadores del virus extiendan su rango de acción hacia regiones no endémicas, lo que aumenta los riesgos de brotes locales.
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Virus Nipah: vigilancia intensificada en India
En el estado de Kerala, India, el virus Nipah provocó dos muertes en 2024. Conocido por su alta tasa de mortalidad, este patógeno llevó a las autoridades locales a imponer cuarentenas estrictas y reforzar las medidas de vigilancia sanitaria para contener su propagación.
El virus Nipah, perteneciente a la familia Paramyxoviridae, tiene como huéspedes naturales a los murciélagos del género Pteropus, también conocidos como murciélagos frugívoros. Estos animales transmiten el virus a través de secreciones corporales que pueden contaminar alimentos como frutas o superficies en contacto con humanos. Además, el Nipah puede infectar a animales intermediarios, como los cerdos, facilitando así su transmisión a las personas.
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La OMS clasifica al Nipah como un “patógeno prioritario” debido a su potencial para causar brotes significativos, ya que puede transmitirse entre humanos. Hasta ahora, las intervenciones de salud pública han sido efectivas para controlar los brotes, pero el riesgo de mutaciones que incrementen su propagación sigue siendo un desafío crítico para las autoridades sanitarias.

Úlcera de Buruli
En Australia, la úlcera de Buruli, causada por la bacteria Mycobacterium ulcerans, se registró por primera vez en la bahía de Batemans, en Nueva Gales del Sur. Anteriormente, los casos se limitaban a los estados de Victoria y Queensland.
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Investigadores identificaron a las zarigüeyas como el reservorio principal de la bacteria y a los mosquitos como vectores probables de transmisión. La aparición de esta enfermedad en una nueva región marca un cambio significativo en su distribución y plantea interrogantes sobre los factores ambientales que facilitan su expansión.
Los brotes de 2024 reflejan la dinámica y la capacidad de adaptación de las enfermedades zoonóticas, exigiendo un enfoque integral que abarque la salud humana, animal y ambiental. Las medidas implementadas y los avances tecnológicos en monitoreo y control permitieron una mejor respuesta, pero las amenazas continúan evolucionando, lo que requiere un esfuerzo global sostenido y coordinado.
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