
Conocidos en todo el mundo como los astronautas varados, Butch Wilmore y Suni Williams cumplieron el jueves seis meses en el espacio, y aún faltan dos.
La pareja entró en órbita el 5 de junio, siendo los primeros en viajar en la nueva cápsula tripulada Starliner de Boeing, en lo que, presuntamente, sería un vuelo de prueba de una semana. Llegaron a la Estación Espacial Internacional al día siguiente, tras superar una serie de fallas en los propulsores y fugas de helio. La NASA consideró que era demasiado arriesgado emprender un vuelo de regreso, por lo que será en febrero cuando su larga y difícil misión llegue a su fin.
Aunque a los directores de la NASA no les gusta decir que los astronautas están atrapados o varados, los dos capitanes retirados de la Marina minimizan la descripción de su situación. Insisten en que están bien y aceptan su destino. Wilmore lo ve como una especie de desvío: “Simplemente estamos en un camino diferente”.
“Me gusta todo lo que implica estar aquí arriba”, dijo Williams el miércoles a estudiantes de una escuela primaria que lleva su nombre en Needham, Massachusetts, su ciudad natal. “Vivir en el espacio es súper divertido”.
Ambos astronautas ya habían vivido allí antes, por lo que se convirtieron rápidamente en miembros de pleno derecho de la tripulación, colaborando en experimentos científicos y tareas como arreglar un inodoro averiado, aspirar los conductos de aire y regar las plantas. Williams asumió el puesto de comandante de la estación en septiembre.
“La mentalidad ayuda mucho”, dijo Wilmore en octubre, en respuesta a una pregunta de alumnos de primer grado de Nashville. Él nació en Mount Juliet, Tennessee. “No veo estas situaciones de la vida como algo negativo”.
En septiembre, Boeing envió su cápsula Starliner de regreso a casa sin tripulación, y la NASA trasladó a Wilmore y Williams a un vuelo de SpaceX que no regresará sino hasta finales de febrero. Otros dos astronautas fueron desplazados para hacer espacio y mantener un calendario de seis meses para las rotaciones de la tripulación.

Como otras tripulaciones de la estación, Wilmore y Williams se entrenaron para realizar caminatas espaciales y abordar cualquier situación inesperada que pudiera surgir.
“Cuando llegan las tripulaciones, saben que podrían estar allí hasta un año”, dijo Jim Free, administrador asociado de la NASA.
El astronauta de la NASA, Frank Rubio, lo descubrió de la manera difícil en 2023, cuando la agencia espacial rusa tuvo que enviar rápidamente una cápsula de reemplazo para él y dos cosmonautas y amplió su misión de seis meses a poco más de un año.
Boeing dijo esta semana que las aportaciones de Wilmore y Williams han sido “invaluables” en la investigación que se realiza sobre lo que salió mal. La compañía dijo en un comunicado que ya se prepara para el próximo vuelo de Starliner, pero se negó a comentar cuándo podría lanzarse nuevamente.
La NASA también tiene grandes elogios para la pareja.
“Ya sea por suerte o por selección, fue excelente tenerlos en esta misión”, dijo el director general de salud y medicina de la NASA, el doctor JD Polk, en una entrevista con la agencia de noticias AP.
Además de todo, Williams, de 59 años, ha tenido que lidiar con “rumores”, como ella los llama, de una grave pérdida de peso. Insiste en que su peso es el mismo que el día del lanzamiento, lo cual ha sido confirmado por Polk.
Durante la charla con los estudiantes el miércoles, Williams dijo que no tenía mucho apetito cuando llegó por primera vez al espacio. Pero ahora está “súper hambrienta” y consume tres comidas al día más bocadillos, mientras practica las dos horas diarias de ejercicio requeridas.

Williams, corredora de distancia, utiliza la trotadora de la estación espacial para apoyar carreras en su estado natal. Compitió en la carrera de 11,2 kilómetros de Falmouth Road en Cape Cod en agosto. También corrió ahí el Maratón de Boston de 2007.
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“Espero estar en casa antes de que eso suceda, pero nunca se sabe”, dijo en noviembre. Su esposo, Michael Williams, alguacil federal retirado y ex aviador naval, cuida de sus perros en casa en Houston.
En cuanto a Wilmore, de 61 años, se está perdiendo el último año de secundaria de su hija menor y las producciones teatrales de su hija mayor en la universidad.
“No podemos negar que estar separados inesperadamente, especialmente durante las fiestas, cuando toda la familia se reúne, aumenta el deseo de compartir el tiempo y los acontecimientos”, dijo a la AP su esposa, Deanna Wilmore, en un mensaje de texto enviado esta semana. Su esposo “lo está pasando peor que nosotros” ya que está confinado en la estación espacial y solo puede conectarse por video durante períodos cortos.
“¡Ciertamente esperamos con ansias que llegue febrero!”, escribió.
Por Marcia Dunn (AP)
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