
Los especialistas de Mayo Clinic han descrito a la infección por Salmonela como “una enfermedad bacteriana común que afecta el tubo intestinal. La bacteria de que la produce generalmente vive en los intestinos de animales y humanos y se expulsa mediante las heces (materia fecal). La forma más frecuente de infección en los humanos es a través de agua o alimentos contaminados”.
En ese sentido, recientemente, científicos de Estados Unidos analizaron los mecanismos que utiliza la bacteria Salmonela para evadir las defensas naturales del cuerpo y replicarse en el intestino. Este patógeno, identificado como una de las principales causas de intoxicación alimentaria, manipula el entorno intestinal incluso cuando las bacterias protectoras están presentes, de acuerdo a los autores de UC Davis Health.
Ellos repasaron que el sistema digestivo humano alberga billones de bacterias beneficiosas que generan ácidos grasos de cadena corta (AGCC), esenciales para proteger el cuerpo contra patógenos dañinos. A pesar de estas defensas, la Salmonela sobrevive y prospera en el colon.
Andreas Bäumler, profesor de UC Davis y autor principal del estudio, enfatizó: “Sabíamos que la Salmonela invade el intestino delgado, aunque no es su principal sitio de replicación. El colon sí lo es”. El trabajo fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Manipulación de los nutrientes intestinales
El estudio reveló, entre otros puntos, que la Salmonela altera el equilibrio de nutrientes en el intestino, lo que dificulta la absorción normal de aminoácidos esenciales como la lisina y la ornitina, siempre de acuerdo a los especialistas. Cuando el patógeno entra en el intestino delgado, provoca inflamación en el revestimiento intestinal, algo que genera un entorno que le permite extraer los recursos necesarios para sobrevivir.
Los investigadores observaron, mediante un modelo experimental con ratones, que la absorción de aminoácidos en la sangre se reduce durante una infección por Salmonela. En cambio, estos compuestos se acumulan en el intestino, y eso proporciona a la bacteria los elementos necesarios para neutralizar los efectos de los AGCC. Este mecanismo permite al patógeno ajustar su pH y sortear las defensas naturales de la microbiota, según el trabajo.
“Nuestros hallazgos muestran que la Salmonela tiene una forma inteligente de cambiar el entorno nutricional del intestino en su beneficio”, afirmó Bäumler. Además, los factores de virulencia de la bacteria activan enzimas que descomponen aminoácidos clave como la lisina. Esto último favorece el crecimiento del patógeno en el colon, donde normalmente las bacterias protectoras limitan su proliferación.

La investigación no solo permite entender mejor cómo la Salmonela provoca infecciones, sino también cómo trastornos inflamatorios como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa alteran el entorno intestinal. Según Lauren Radlinski, primera autora del estudio e investigadora postdoctoral en el laboratorio de Bäumler, “esta investigación utiliza un enfoque más holístico para estudiar la salud intestinal. No solo nos permite comprender mejor cómo funciona la Salmonela, sino que también destaca la importancia de mantener una microbiota intestinal saludable”.
El equipo de UC Davis concluyó que los mecanismos de la Salmonela representan un desafío único para las defensas del cuerpo, ya que el patógeno aprovecha las mismas condiciones que resultan perjudiciales para otros microorganismos. Este hallazgo abre nuevas posibilidades para desarrollar tratamientos que protejan la microbiota intestinal durante infecciones, de acuerdo a lo remarcado por los expertos.
Los resultados sugirieron que comprender cómo la Salmonela manipula el sistema intestinal podría inspirar nuevas terapias, incluyendo probióticos o planes dietéticos que fortalezcan las defensas naturales del cuerpo. Radlinski señaló que al aprender “cómo un patógeno manipula el sistema del huésped, podemos descubrir formas de reforzar las defensas naturales del huésped”. Estos avances también podrían ser útiles para diseñar estrategias que mitiguen los efectos de enfermedades inflamatorias crónicas, según destacaron.
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