
Cuando un perro o cualquier otro animal peludo se sacude después de mojarse, lo hace para eliminar el agua de su pelaje y evitar una posible pérdida de calor corporal. Investigadores de Harvard University profundizaron en esta respuesta física, descubriendo la vía neuronal que la desencadena y el papel que juega en la interacción sensorial de los animales con el entorno. Esta respuesta, conocida como “wet dog shake”, activa un movimiento que implica una rápida vibración del cuerpo para expulsar el agua de su piel y pelaje.
La investigación identificó que las señales de esta acción empiezan en el cerebro y recorren un camino que pasa por el núcleo parabranquial del cerebro, una región asociada con la regulación de las respuestas sensoriales y motoras. Este hallazgo permite mapear los circuitos neuronales que provocan la sacudida y establece una base para entender cómo el sistema nervioso responde a estímulos externos. Martyn Goulding, investigador del Salk Institute for Biological Studies, destacó que la misma vía podría estar involucrada en la sensación de picazón, abriendo la puerta a potenciales aplicaciones clínicas para el tratamiento de condiciones humanas.
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Mecanismos de presión y temperatura en el “wet dog shake”
Para los científicos, uno de los principales enigmas era si la respuesta de sacudida se activaba por un cambio de temperatura al mojarse o por la presión y el contacto físico del líquido. Durante los experimentos, el equipo de neurobiólogos aplicó gotas de aceite de girasol en el cuello de ratones para observar su respuesta. El aceite, aunque frío, no modificaba suficientemente la temperatura como para provocar una respuesta automática al frío. Esto ayudó a aislar y observar los efectos de la presión y el contacto directo de la sustancia sobre la piel.

Los resultados mostraron que solo aquellos ratones que podían sentir la presión, y no necesariamente el frío, reaccionaban con sacudidas. Este descubrimiento demostró que son los receptores de presión, y no los de temperatura, los que desencadenan la sacudida para expulsar sustancias irritantes o molestas de la piel. De esta forma, el estudio confirma que la respuesta del “wet dog shake” es más bien un reflejo frente al tacto o presión, en lugar de una reacción al cambio de temperatura.
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Los receptores mecanosensoriales y el gen Piezo2
El estudio se enfocó en tres tipos de receptores mecanosensoriales, los cuales responden a estímulos táctiles o de presión. A través de varias pruebas, el equipo identificó a los C-LTMRs como los receptores que inician de forma consistente la sacudida en los ratones. Estos receptores, localizados en la piel, envían señales nerviosas en respuesta a estímulos mecánicos, como el estiramiento de la piel o el contacto directo con sustancias. Mediante técnicas de optogenética (manipulación de células con luz), los investigadores activaron individualmente estos receptores, confirmando que los C-LTMRs son los responsables de activar la respuesta de sacudida.

El gen Piezo2, conocido por controlar los canales iónicos involucrados en la percepción del tacto, también resultó fundamental en este comportamiento. Al suprimir el gen Piezo2 en algunos ratones, se observó que estos dejaban de sacudirse en respuesta a los estímulos, evidenciando su papel en la generación de la respuesta mecánica.
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Aplicaciones en el tratamiento de la picazón crónica
El descubrimiento de esta vía neuronal abre nuevas perspectivas para tratar problemas crónicos en humanos. La picazón crónica, una condición común y a menudo incapacitante, puede estar ligada a los mismos mecanismos neuronales responsables del “wet dog shake”. Si se confirma esta conexión, los investigadores podrían desarrollar terapias dirigidas a los receptores C-LTMRs o a la vía parabranquial para aliviar esta condición sin los efectos secundarios que generan algunos tratamientos actuales.
Martyn Goulding, investigador de este campo, sugiere que comprender mejor el circuito que controla la respuesta de sacudida puede ser clave para diseñar intervenciones que calmen la picazón crónica. A través de terapias de modulación de los receptores sensoriales, podría ser posible suprimir la picazón sin afectar otras funciones sensoriales importantes.
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