
Hace un par de meses, Argentina y el mundo observó grandes auroras que desplegaron coloridos cielos. Fueron las auroras boreales y australes de mayo de 2024, originadas por una gran tormenta solar debido a la actividad creciente de nuestra estrella más cercana.
De una manera más violenta y dramática tuvo lugar otra tormenta solar en el año 1859 llamada Evento Carrington, que debe su nombre al astrónomo aficionado inglés Richard Carrington, y que representa la tormenta solar más intensa registrada en la Tierra en los últimos 500 años.
Este fenómeno no solo causó una serie de auroras boreales visibles en latitudes insólitas, sino que también puso de manifiesto la vulnerabilidad de las tecnologías terrestres frente a las fuerzas cósmicas.

Cómo fue la tormenta solar de 1859
El preludio de esta tormenta comenzó el 28 de agosto de 1859. Auroras boreales comenzaron a iluminar los cielos en latitudes inusuales, como Madrid, Roma, Santiago de Chile, La Habana, Ciudad de Panamá, el norte de Colombia, y hasta Australia. Este espectáculo fue un claro indicio de que algo extraordinario estaba ocurriendo en el espacio.
La mañana del 1 de septiembre de 1859, Richard Carrington observaba el Sol desde su jardín en Londres. Carrington, intrigado por unas manchas oscuras en la superficie solar, fue testigo de una explosión de luz blanca. Dos enormes llamaradas se desataron, liberando una energía equivalente a más de diez mil millones de bombas atómicas. Aunque estas llamaradas desaparecieron en cinco minutos, sus efectos se hicieron evidentes 17 horas después, cuando la Tierra fue golpeada por la tormenta solar más violenta registrada hasta la fecha.

Cuáles fueron las consecuencias del evento de Carrington
Las consecuencias de esta tormenta geomagnética fueron dramáticas y globales. Las líneas telegráficas, la tecnología más avanzada de la época, colapsaron en todo el mundo. En algunos casos, los cables telegráficos se incendiaron, causando heridas a los operadores y desencadenando incendios en oficinas. En Europa y Estados Unidos, la red de telégrafos quedó fuera de servicio durante 14 horas. Sorprendentemente, debido a la sobrecarga de electricidad en la atmósfera, algunos mensajes telegráficos lograron transmitirse sin la ayuda de baterías.
El impacto de la tormenta fue tal que la luz de las auroras boreales permitió a los habitantes de Missouri leer a medianoche sin necesidad de iluminación artificial. El periódico Weekly West informó que los mineros en las Montañas Rocosas se despertaron, prepararon café y desayunaron, creyendo que había amanecido, cuando en realidad eran las una de la madrugada.

El Evento Carrington no solo se manifestó en el hemisferio norte. En Australia, el Moreton Bay Courier reportó auroras en el hemisferio sur, describiendo “hermosos tonos rojos” que iluminaron los cielos durante tres noches consecutivas. Esta expansión de las auroras se debió a la eyección de masa coronal que golpeó la magnetosfera terrestre, desencadenando una tormenta geomagnética que hizo visible este fenómeno en todo el planeta.
Las auroras boreales, normalmente confinadas a los polos, se extendieron a latitudes bajas debido a la intensidad de la tormenta. Según estudios contemporáneos, las ubicaciones de estas auroras durante el 28 y 29 de agosto fueron de 36.5 grados de latitud geomagnética, y durante el 1 y 2 de septiembre, de 32.7 grados. Este fenómeno sugiere que los electrones atrapados se desplazaron significativamente, lo que explica la amplitud de las auroras observadas.
El impacto de la tormenta solar de 1859 fue tal que el Times de Londres informó el 6 de septiembre de ese año sobre las “ondas luminosas que se acumularon en rápida sucesión hasta el cenit, algunas con un brillo suficiente para proyectar una sombra perceptible en el suelo”. La intensidad lumínica fue tan grande que los eventos nocturnos parecían transformarse en día, un fenómeno que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de la época.
En el siglo XX, tormentas solares menos intensas también causaron problemas significativos. En 1989, una tormenta geomagnética dejó sin electricidad a la ciudad de Quebec durante nueve horas. En 1998, otra tormenta dañó un satélite, dejando fuera de servicio miles de cajeros automáticos en Estados Unidos. Más recientemente, el 23 de julio de 2012, se produjo una eyección de masa coronal que, según estudios, fue diez veces más intensa que la de 1859. Este evento aumentó enormemente los depósitos de carbono 14 en los anillos de los árboles, una prueba de la magnitud de la tormenta. La Tierra se libró por poco de una potente llamarada solar que impactó la órbita terrestre apenas una semana después de que la Tierra pasara por allí.

Cuáles son las características de las tormentas solares o geomagnéticas
El estudio de tormentas solares es crucial para comprender y mitigar sus efectos en la tecnología moderna. Según una investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona y otras instituciones, las probabilidades de que una tormenta similar a la de Carrington ocurra en las próximas décadas están entre el 0.46% y el 1.88%. Aunque estas probabilidades parecen bajas, la dependencia global de la tecnología hace que las consecuencias de un evento así sean mucho más graves que en 1859.
En la actualidad, el mundo está rodeado de una vasta red de satélites, cables de fibra óptica y dispositivos electrónicos que son vulnerables a las tormentas solares. Un evento similar al de 1859 podría causar un colapso catastrófico de las infraestructuras tecnológicas, con consecuencias económicas que podrían superar los 2.000 millones de dólares solo en Estados Unidos, según un estudio de la Academia Nacional de Ciencias. Este impacto sería 20 veces mayor que el del huracán Katrina.
Las erupciones solares son impredecibles y se producen cuando grandes campos magnéticos en la superficie del Sol colapsan, liberando enormes cantidades de energía. La NASA y otras agencias espaciales monitorean continuamente el Sol para detectar posibles eyecciones de masa coronal y minimizar sus efectos en la Tierra. Sin embargo, la preparación para un evento de la magnitud del Evento Carrington requiere una planificación a largo plazo y la implementación de medidas de mitigación en todas las áreas de la tecnología moderna.

Cómo fue la tormenta solar de mayo de 2024
Entre el 10 y el 12 de mayo último, tuvo lugar en la Tierra la mayor tormenta geomagnética en más de 20 años, que causó un fenómeno natural inusual visible como las auroras boreales en varios países del mundo. Esta extraordinaria situación también generó problemas en las telecomunicaciones y satélites que orbitan el planeta.
Según un estudio preliminar publicado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), esta intensa ráfaga de viento solar desencadenó inconvenientes en la mitad de los satélites activos que hay en órbita.
Los especialistas del MIT indicaron que la tormenta solar masiva deshabilitó temporalmente los sistemas de seguridad para prevenir colisiones en la órbita terrestre baja. En esta región, que se extiende hasta los 1.000 kilómetros de altura, se encuentran las estaciones espaciales y numerosos satélites de observación, navegación y telecomunicaciones, incluidos los más de 6.200 satélites de la red Starlink de SpaceX, propiedad de Elon Musk.

Los expertos saben que la mejor manera de evitar los efectos de las tormentas solares es predecirlas con antelación. De esta manera, se pueden desconectar las redes y equipos vulnerables, evitando que los daños se propaguen.
El Observatorio Climático del Espacio Profundo (DSCOVR) en EEUU proporciona datos importantes sobre la velocidad de las erupciones solares y se están desarrollando sistemas de alerta aún mejores. Con los datos correctos en la mano, los científicos de la NASA y otras agencias espaciales pueden alertar a las compañías eléctricas, operadores de satélites e incluso pilotos de aerolíneas para que se preparen y eviten problemas.
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