
Los dinosaurios parecidos a las aves que vivieron hace 74 millones de años no acaparaban nidos, sino que los compartían con varias hembras, ya que ponían más de 20 huevos juntas, según sugiere una nueva investigación. De este modo, estos dinosaurios emplumados empollaban en nidos comunales, mediante los cuales les permitían mantener el calor.
Se cree que la mayoría de los dinosaurios ponían huevos “en masa” y los enterraban en el suelo para incubarlos, como hacen hoy los cocodrilos y otros reptiles de sangre fría. Pero no Troodon, un pequeño dinosaurio depredador estrechamente emparentado con las aves modernas y que vivió a finales del Cretácico, hace entre 74 y 66 millones de años. Los investigadores ya conocían el comportamiento de empollar en algunos terópodos -un grupo de dinosaurios bípedos, en su mayoría carnívoros, que incluye al Tyrannosaurus rex y al Velociraptor- y registraron un fósil de dinosaurio ultra raro empollando encima de sus huevos en 2021.
Ahora, las cáscaras de huevo fosilizadas han revelado que los Troodones eran endotermos, lo que significa que eran de sangre caliente y podían autorregular su temperatura corporal. Esto confirma que los dinosaurios podían mantener su temperatura corporal lo suficientemente alta como para empollar sus huevos.
“Nuestro estudio indica que Troodon tenía una temperatura corporal alta, como las aves, por lo que sin duda habría sido capaz de proporcionar calor para la incubación mientras estaba sentado sobre sus huevos”, dijo a Live Science en un correo electrónico Darla Zelenitsky, paleontóloga de la Universidad de Calgary en Canadá y coautora del estudio en el que se publicó el hallazgo.

Es más, estos dinosaurios probablemente podían alternar entre un estado de sangre caliente y un estado de torpor de sangre fría, una estrategia común en las aves modernas, llamada heterotérmica. El Troodon mantenía su temperatura corporal en torno a los 107,6 grados Fahrenheit (42 grados Celsius), pero podía bajar a 84,2º F (29º C) para hacer frente a la escasez de alimentos o a las inclemencias del tiempo, según Zelenitsky.
En el estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores examinaron los patrones de mineralización de la cáscara de los huevos de la especie Troodon formosus y los compararon con los de aves y reptiles modernos. Utilizaron una técnica que analizaba el contenido de calcita de las cáscaras de huevo y determinaba la velocidad y temperatura a la que se formaban.
“Las aves y los reptiles tienen dos patrones de mineralización diferentes en lo que se refiere a la producción de cáscaras de huevo”, explicó el autor principal del estudio, Mattia Tagliavento, investigador postdoctoral de paleontología en la Universidad Goethe de Fráncfort (Alemania). “Dado que los reptiles y las aves son, respectivamente, los antepasados y descendientes de los dinosaurios, los dinosaurios deberían tener uno de los dos, o estar en algún punto intermedio”, agregó.
Las aves sólo tienen un ovario funcional, perdieron el otro al principio de su evolución, probablemente para limitar su peso y facilitar el vuelo. Para contrarrestar esta pérdida, desarrollaron la capacidad de precipitar calcita y formar cáscaras de huevo rápidamente, produciendo unos pocos huevos relativamente grandes por puesta. Los reptiles, en cambio, tienen dos ovarios funcionales que producen varios huevos pequeños a la vez. Sin embargo, el proceso de mineralización es mucho más lento que en las aves, lo que limita el número de huevos que pueden poner.

Los investigadores se sorprendieron al descubrir que T. formosus conservaba una mineralización de la cáscara de huevo lenta, similar a la de los reptiles, a pesar de haber evolucionado ya hacia rasgos similares a los de las aves, como la heterotérmica. “Con nuestro trabajo, demostramos que Troodon probablemente se encontraba en una situación intermedia, produciendo sólo dos huevos a la vez y poniéndolos, no una producción ‘en masa’ propiamente dicha, sino con un ritmo que sigue siendo más lento que el de las aves modernas”, dijo Tagliavento.
El equipo también utilizó estimaciones del peso de Troodon y la cantidad de calcita por cáscara de huevo para calcular que una hembra podría haber puesto de cuatro a seis huevos por puesta, lo que no coincidía con el número de huevos que suelen encontrarse en sus nidos. “Un solo individuo no podría haber puesto más de 20 huevos en un tiempo razonable para garantizar la supervivencia de los huevos y los embriones”, afirmó Zelenitsky.
Esto sugiere que las hembras eran compañeras de nido, que ponían y cuidaban sus huevos en compañía de otras. El hallazgo arroja luz sobre la transición evolutiva de la sangre fría a la endotermia en los dinosaurios, según Tagliavento. “Puede que tengamos la oportunidad de explorar toda la ascendencia de los dinosaurios y ver exactamente dónde se produjo el cambio”, afirmó.
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