
Más de 649 millones de personas han sido diagnosticadas con el COVID en el mundo en casi tres años. Ahora investigadores del Reino Unido descubrieron cuánto duran los anticuerpos que se generan tras tener la infección. Incluso, señalaron que se necesita acelerar el desarrollo de vacunas nasales o inhaladas para esta enfermedad.
El estudio reveló que los anticuerpos producidos en la nariz disminuyen nueve meses después de la infección por el COVID, mientras que los que se encuentran en la sangre duran al menos un año.
Los anticuerpos presentes en el líquido nasal (conocidos como inmunoglobulina A o IgA) aportan una defensa de primera línea contra el COVID al bloquear al coronavirus cuando entra por primera vez en las vías respiratorias. Estos anticuerpos son muy eficaces para impedir que el virus penetre en las células y provoque la infección.

Sin embargo, los investigadores descubrieron que los anticuerpos nasales sólo estaban presentes en los recién infectados y eran especialmente efímeros frente a la variante Ómicron, en comparación con las variantes anteriores.
Esos resultados, que se publicaron en eBioMedicine, del grupo de revistas The Lancet Discovery Science, podrían explicar por qué las personas que se han recuperado del COVID corren el riesgo de volver a infectarse, y especialmente con Ómicron y sus linajes.
El trabajo también descubrió que la vacunación es muy eficaz para crear y potenciar anticuerpos en la sangre, que previenen la enfermedad grave, pero tuvo muy poco efecto sobre los niveles de IgA nasal.

La primera autora del estudio fue la doctora Felicity Liew, del Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres, explicó que “antes de nuestro trabajo, no estaba claro cuánto duraban estos importantes anticuerpos nasales. Nuestra investigación reveló respuestas inmunitarias duraderas tras la infección y la vacunación, pero estos anticuerpos nasales clave duraban menos que los de la sangre”
Mientras que “los anticuerpos sanguíneos ayudan a proteger contra la enfermedad -comentó-, los anticuerpos nasales pueden prevenir la infección por completo. Esto podría ser un factor importante detrás de las infecciones repetidas con el coronavirus SARS-CoV-2 y sus nuevas variantes”. Además, los investigadores señalaron que se necesitan estudios que estudien directamente estos anticuerpos nasales y las reinfecciones para confirmar sus resultados.
En la investigación también participaron científicos de la Universidad de Liverpool. Estudiaron a casi 450 personas que habían sido hospitalizadas por el COVID entre febrero de 2020 y marzo de 2021, previo a la aparición de la variante Ómicron y antes de la distribución y la aplicación de la vacuna.

El estudio también descubrió que mientras que las vacunas actuales son eficaces para aumentar los anticuerpos sanguíneos que pueden prevenir enfermedades graves y la muerte, no aumentan significativamente los anticuerpos IgA nasales. Los investigadores sugieren que la próxima generación de vacunas incluya aerosoles nasales o vacunas inhaladas que se dirijan a estos anticuerpos con mayor eficacia, ya que son capaces de potenciarlos y reducir las infecciones de forma más eficaz; además de prevenir la transmisión.
En palabras del profesor Peter Openshaw, coautor del estudio y miembro del Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones del Imperial College de Londres: “Nuestros resultados ponen de manifiesto la necesidad de vacunas en aerosol nasal capaces de potenciar estos anticuerpos locales en la nariz y los pulmones. Estas vacunas podrían evitar que las personas se infectaran con el coronavirus y reducir la transmisión del virus entre personas. Esto podría ayudarnos a controlar mejor la pandemia y detener la aparición de nuevas variantes”.
Y continuó: “Nuestras vacunas actuales están diseñadas para reducir la enfermedad grave y la muerte, y son espectacularmente eficaces en este objetivo. Ahora es esencial desarrollar también vacunas en aerosol nasal que puedan proporcionar una mejor protección contra la infección. Es brillante que las vacunas actuales permitan que menos personas enfermen gravemente, pero sería aún mejor si pudiéramos evitar que se infecten y transmitan el virus”.

En el estudio se analizaron los anticuerpos de los participantes para saber cuánto duraban los anticuerpos nasales, en comparación con los que se encuentran en la sangre. También estudiaron el efecto de las vacunas COVID-19 posteriores en los anticuerpos de la nariz y la sangre. Se tomaron muestras cuando las personas fueron hospitalizadas y a los seis meses y un año después.
Dado que la mayoría de las personas fueron vacunadas durante el estudio, también se tomaron muchas muestras antes y después de la vacunación. Se midió la eficacia de los anticuerpos para neutralizar el virus del SRAS-CoV-2 original y las variantes Delta y Ómicron, buscaron comprobar durante cuánto tiempo eran eficaces los anticuerpos tras la infección o la vacunación.
En el estudio participaron 446 personas ingresadas en el hospital en la fase inicial de la pandemia, 141 de las cuales proporcionaron muestras al inicio del estudio y seis y 12 meses después. En el caso de los participantes a los que sólo se les tomó una muestra durante el periodo de 12 meses de estudio, los investigadores utilizaron modelos para estimar cómo cambiaban las respuestas medias de anticuerpos con el paso del tiempo.

De los que confirmaron si se habían vacunado (323 personas), el 95% (307 personas) recibió su primera vacuna durante el periodo de seguimiento del estudio. Esto provocó aumentos en todos los anticuerpos nasales y sanguíneos, pero el cambio en los anticuerpos nasales de primera línea de defensa (IgA) fue pequeño y temporal. Los investigadores descubrieron que el sexo, la gravedad de la enfermedad y la edad de los participantes no influyeron en la duración de su inmunidad nasal, pero advierten de que su estudio sólo se realizó en personas con una enfermedad grave que requirió hospitalización.
También se observó que los anticuerpos sanguíneos de los participantes seguían fijando el virus original del SARS-CoV-2 y las variantes Delta y Ómicron un año después de la infección, pero se constató que son necesarias vacunas de refuerzo para mantener esta inmunidad.
Los investigadores señalaron que en su estudio no se examinó a los participantes en busca de reinfecciones, pero que era improbable que esto ocurriera ya que el estudio tuvo lugar durante períodos de restricciones y confinamientos, cuando la incidencia de COVID-19 era baja y la gente no se reunía de manera frecuente. En ese sentido, en un análisis preliminar, sólo encontraron dos casos de reinfección en su estudio, lo que sugiere que las tendencias generales observadas son correctas.

El doctor Lance Turtle, coautor principal del estudio, profesor clínico de la Universidad de Liverpool y especialista en enfermedades infecciosas de los Hospitales Universitarios de Liverpool, declaró: “Nuestro estudio sugiere que esta inmunidad de defensa de primera línea es independiente de otras respuestas inmunitarias y, aunque aumenta con la vacunación y la infección, sólo dura unos nueve meses”.
No obstante, aclaró el científico, “las dosis de refuerzo pueden aumentar la respuesta inmunitaria ligeramente y, por lo demás, tienen un impacto significativo en otras áreas de la inmunidad, protegiendo contra la enfermedad grave y la muerte de forma muy eficaz, por lo que siguen siendo muy importantes”.
Consultado por Infobae, el vicepresidente de la Sociedad Argentina de Virología y profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, Víctor Romanowski, destacó también que es necesario el desarrollo de vacunas nasales. “Las vacunas que apuntan a una respuesta inmune de mucosas serán mucho más efectivas para frenar las infecciones como también la transmisión de un infectado a otro individuo sano”, afirmó el experto. “De todos modos -subrayó- está documentado que los refuerzos con las vacunas disponibles hoy en la Argentina son muy efectivos en reducir los cuadros graves e internaciones”.
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