
El COVID-19 dejó numerosas consecuencias en la salud de las personas, más allá de las propias de la enfermedad. Las funciones complejas que muchas mujeres tuvieron que desempeñar durante la pandemia, sea como madres, maestras o empleadas a distancia, les impusieron no solamente un estrés emocional sino también físico. Ahora están saliendo a la luz los trabajos sobre cuál ha sido ese impacto, qué las condujo a más estrés y cómo afectó la ovulación en mujeres.
Ante una enfermedad incierta y de control impreciso, el consumo excesivo de información fue advertido como peligroso para el ánimo y la salud mental por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se habla de “infodemia”, como un problema paralelo a la pandemia. Además, se agregan las contrariedades laborales y los confinamientos masivos que han dado alimento al estrés casi sin descanso.
Entre sus consecuencias, reveladas en cientos de estudios científicos que emergen a diario, un grupo de trabajo de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá, acaba de anunciar en una conferencia en el marco de ENDO 2022 -la reunión anual de la Sociedad de Endocrinología en Atlanta, Georgia-, que han comprobado que las interrupciones en la vida cotidiana que se produjeron durante los primeros tiempos de la pandemia y el estrés por ella generado a partir de la propagación del virus de COVID-19 llevaron a una ovulación alterada, con duración o niveles de progesterona reducidos.

Es un registro que los especialistas lograron detectar incluso en situaciones donde los ciclos menstruales no observaban modificaciones sustanciales. Esta investigación fue la primera en tomar nota de dichas alteraciones de la ovulación sin interrupción del ciclo menstrual durante la pandemia. “Es probable que estas alteraciones ovulatorias silenciosas expliquen por qué tantas mujeres que no toman formas hormonales de control de la natalidad informaron haber tenido períodos prematuros o inesperados en los días posteriores a la vacunación contra COVID-19″, indicó Jerilynn C. Prior, profesora de endocrinología. en la Universidad de Columbia Británica en Vancouver.
Prior y sus colegas compararon dos estudios independientes de diseño similar con 13 años de diferencia: el de ovulación de la menstruación (MOS), que se realizó en un grupo de 301 mujeres entre 2006 y 2008, y el MOS2, que estudió a 112 mujeres durante la pandemia. Ambos incluyeron mujeres menstruantes de 19 a 35 años de edad, que no tomaban anticonceptivos hormonales sistémicos o combinados.
El primero se utilizó como control para compararlo con las experiencias de la cohorte MOS2 durante la pandemia. Todos los participantes en ambos estudios respondieron un cuestionario integral de salud, reproducción y estilo de vida y se les pidió que mantuvieran un diario de sus ciclos menstruales y experiencias de vida en general.

Para MOS2, la ovulación se documentó utilizando una temperatura basal cuantitativa validada. Los investigadores confirmaron las características hormonales de MOS2 utilizando los niveles de progesterona salival. Para la cohorte MOS, los investigadores evaluaron la ovulación midiendo los niveles de progesterona en orina.
“Casi dos de cada tres mujeres que participaron en el estudio durante la COVID-19 no ovulaban con normalidad -explicó Prior.- Hubo mujeres en las que se liberó un óvulo sin tiempo suficiente desde la ovulación para que ocurriera el embarazo, o anovulación, lo que significa que no se liberó ningún óvulo”.
En comparación, el estudio de MOS encontró que solo el 10 por ciento de las mujeres experimentaron trastornos de la ovulación. Los estudios MOS2 y MOS mostraron pesos corporales, valores de índice de masa corporal y ciclos menstruales y longitudes de flujo similares. Por lo tanto, las mujeres en MOS2 no experimentaron signos evidentes de alteración reproductiva. Los análisis del diario del ciclo menstrual para MOS2 que llevaron las participantes de la investigación mostraron un aumento significativo de la ansiedad, la depresión, la frustración (estados de ánimo negativos en general), el estrés externo percibido, los problemas para dormir y los dolores de cabeza en comparación con MOS.

“Al comparar los dos estudios, y especialmente sus diarios, podemos inferir que las alteraciones de la vida pandémicas del SARS-CoV2 causan trastornos ovulatorios silenciosos dentro de los ciclos menstruales en su mayoría regulares, lo que proporciona un experimento único sin precedentes de la naturaleza”, concluyó Prior.
El año pasado, una encuesta de más de 12.000 mujeres en edad reproductiva en EEUU encontró que 1 de cada 3 había experimentado cambios en sus ciclos y síntomas menstruales durante la pandemia de COVID-19.
Los científicos que estudian en todo el mundo este fenómeno, afirman que los niveles de estrés notablemente más altos que los puntos de referencia prepandémicos podrían estar afectando la menstruación. “Esto tiene implicaciones para las mujeres que intentan concebir o que luchan contra la infertilidad”, dijo Shannon M. Malloy, investigadora y asociada de datos de Ovia Health, una empresa de tecnología de salud para mujeres y familias en Boston, durante la presentación del estudio en la reunión 2021 de la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva.
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