
Los últimos datos emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaron que ya se confirmaron más de mil casos de viruela del mono en unas 30 naciones, donde la enfermedad no es endémica. Pese a que el organismo internacional reiteró que es “poco probable” que esta patología siga el camino del COVID-19 y se convierta en pandemia; algunos países comenzaron a aplicar la estrategia de “vacunación en anillo”. De qué se trata este método y por qué decidieron comenzar con las inmunizaciones
Hasta el momento, entre las naciones que iniciaron con la aplicación de inmunizaciones se encuentran: Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido, donde se contabilizan 101, 35 y 321 casos, respectivamente. En estos países se definió adoptar la estrategia denominada “vacunación en anillo”, es decir que tras detectar un caso sospechoso, se realiza un rastreo estricto de los contactos. Según advierten los expertos, este método no podría implementarse en todas las naciones, no solo por la disponibilidad de vacunas, sino porque, además, las personas deben aceptar ser inmunizadas.

Pero, además, existe otro posible impedimento. Pese a que las vacunas contra la viruela son seguras, las pruebas sobre la viruela del mono han sido limitadas. Es por eso que, algunos expertos, han señalado algunos reparos ante probables efectos secundarios raros. Según Natalie Dean, bioestadística de la Universidad de Emory en Atlanta, Georgia, esta metodología de vacunación en anillo “puede ser una herramienta poderosa”, aunque su efectividad depende del momento en que se apliquen las inmunizaciones.
“Debe usarse temprano, mientras que los números de casos aún son manejables”, explicó la experta y agregó: “A medida que aumentan los números y piensas en la cantidad de contactos que tiene cada individuo, la logística se vuelve más complicada”. Es más, según advirtió, la “ventana de oportunidad” para frenar el brote es cada vez más pequeña y, en contraposición, cuanto más tiempo transcurra más altas son las posibilidades de que el virus perdure entre humanos o animales salvajes en los países donde están ocurriendo los brotes.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE UU señalaron, el pasado 3 de junio, que dos cepas diferentes del virus de la viruela del mono son los responsables de los brotes en estas más de 30 naciones, según pudieron detectar tras realizar análisis genómicos. Para la epidemióloga Andrea McCollum, líder del equipo de poxvirus del ente norteamericano, esta información no modificará las estrategias ya establecidas, aunque sí complicaría detectar el origen de los contagios.
Cuáles son las vacunas disponibles
Durante décadas, los inoculantes contra la infección sirvieron para paliar los efectos de un virus que arrasó Europa hasta que, en 1979, la OMS dio por erradicada la viruela. Desde 1921 hasta 1980, la gran mayoría de la población recibió la vacuna de la viruela, que fue obligatoria durante más de 50 años. En Argentina, esta inmunización se aplicó hasta 1978. En 1980, la erradicación de la viruela fue un hito en la salud pública mundial.

Lo cierto es que “las vacunas contra la viruela humana demuestran una efectividad del 85% contra la viruela símica”, señaló el médico infectólogo Juan Carlos Cisneros y subdirector del Hospital Muñiz de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), aún “faltan datos de eficacia de esta vacuna contra la viruela de los monos en humanos”, aunque aclararon que “con todo, la vacunación antivariólica previa puede contribuir a que la evolución de la enfermedad sea más leve”.
La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA, por sus siglas en inglés) también alertó de que, en caso de haber recibido una dosis de antivariólica (habitual entre los mayores de 50 años), es suficiente para que una persona esté protegida. Asimismo, el ente sanitario recomendó la inmunización al personal sanitario que puede estar expuesto a pacientes afectados y pidió que se inocule a las personas que realizan tareas de desinfección y a aquellos que trabajan con el virus en los laboratorios.

Según los ECDC, “la manifestación clínica de la viruela del mono suele ser leve. Se ha observado que el clado de África occidental, que hasta ahora se ha detectado en los casos notificados en Europa, tiene una tasa de letalidad del 3,6 por ciento en estudios realizados en países africanos”. “La mortalidad es mayor entre los niños y los adultos jóvenes, y las personas inmunodeprimidas tienen un riesgo especial de enfermedad grave. La mayoría de las personas se recuperan en semanas”, convalidó la institución sanitaria europea.
Vale aclarar que, pese a que estas vacunas ya se aplican, los científicos comenzaron a trabajar en inmunizaciones de segunda y tercera generación contra la viruela, con una respuesta inmune semejante a las ya aprobadas. Incluso, los expertos destacaron que estas inmunizaciones tendrían una eficacia similar contra la viruela del simio. “Hay pruebas convincentes de estudios en animales de que funcionarían contra la viruela del simio, pero no se han probado directamente contra esa enfermedad en personas”, indicó Dean en declaraciones a la revista Nature.

“Por el momento, el riesgo que representa la viruela del simio para el público en general no es lo suficientemente alto como para justificar la vacunación masiva, dados los efectos secundarios y los problemas de disponibilidad”, explicó Daniel Bausch, director de amenazas emergentes y seguridad sanitaria mundial de la Foundation for Innovative New Diagnostics (Ginebra, Suiza).
En palabras de Raina MacIntyre, epidemióloga de enfermedades infecciosas de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sydney, Australia), aunque más naciones adquieran vacunas contra la viruela e inicien una campaña de vacunación en anillo, “hay una gran diferencia entre la teoría y la realidad”. “En teoría, la viruela del simio es propicia para un enfoque de vacunación en anillo porque se propaga lentamente en relación con la mayoría de los virus humanos y tiene un largo período de incubación. Pero en realidad, una campaña exitosa se basa en pruebas sólidas y una infraestructura de rastreo de contactos, así como en la capacidad de vacunar rápidamente a cualquier contacto de alto riesgo”, explicó a Nature.
Y como si fuera poco, existe otra barrera: el estigma que perseguiría a aquellos que se contagiaron. Esto genera una complicación extra para el rastreo de los contactos estrechos que deben ser vacunados. “Para detener la propagación del virus, los funcionarios de salud probablemente deban mirar más allá de la vacunación y centrarse en la cuarentena y el aislamiento, así como en la educación comunitaria”, analizó Bausch y agregó que, aunque la vacunación en anillo tenga éxito, “lejos está de ser una panacea”.
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