
La pandemia del coronavirus continúa causando una morbilidad y mortalidad considerables en todo el mundo a dos años de su aparición en China.
Hasta ahora, el principal énfasis de la investigación médica estuvo concentrado en las complicaciones respiratorias agudas, especialmente en pacientes críticamente enfermos, ya que la mayoría de los pacientes internados en una Unidad de Terapia Intensiva (UTI) refería problemas en sus pulmones. Pero cada vez son más los reportes médicos que advierten cómo el SARS-CoV-2 afecta y hasta desarrolla problemas cardiovasculares en las personas, especialmente en aquellas que han sufrido la enfermedad en forma moderada o grave.
“La infección por COVID genera una afectación a distintos niveles en el organismo humano. Lo que hemos visto y aprendido en casi 2 años de pandemia, es que la tormenta de citoquinas que genera el cuerpo frente al virus afecta principalmente a los pulmones. Hay una afectación del desarrollo de tormentas de citoquinas, que son mecanismos de defensas que generan un fenómeno inflamatorio y llevan a complicaciones del cuadro respiratorio y a la neumonía bilateral. Pero también esta reacción compromete en varios casos la parte cardiovascular, con trombos en la parte venosa y arterial, en los que se han observado complicaciones agudas, como cuadros de trombosis, inflamación del miocardio, miocarditis, pericardio, arritmias complejas y severas”, explicó a Infobae el doctor Pablo Corral, docente de farmacología de la carrera de medicina de la Universidad FASTA de Mar del Plata y miembro del grupo científico Estudios Clínicos Latinoamericanos (ECLA).

“Cuando el virus termina de hacer su afecto, en el tiempo hemos visto que aparecen complicaciones a las 12 semanas o 3 meses que científicamente se ha catalogado como enfermedad Long Covid o Covid prolongado. Posteriormente a esos 3 meses, habría un fenómeno residual inflamatorio, que podría generar eventos cardiovasculares en el futuro de ese paciente. Fundamentalmente se observa en personas que pasaron por un COVID moderado o severo. Este fenómeno inflamatorio tendría un factor preponderante a nivel cardiovascular para desarrollar esas manifestaciones clínicas”, agregó el experto.
Según Corral, “tener un COVID severo suma un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Implica la necesidad de realizar más controles clínicos y especialmente cardiológicos en forma regular. Es clave controlar los factores de riesgo que podemos modificar, como alimentarse en forma sana, realizar ejercicio, no fumar, no tomar alcohol, tener una buena dieta, bajar el consumo de sal, entre otras medidas recomendadas. El tratamiento no varía de lo que se hace habitualmente en personas con factores de riesgo cardiovasculares.”
“En una reciente revisión de la revista Circulation, se señala que el COVID-19 se divide en 3 fases distintivas. La primera, también llamada de ‘infección precoz’, se caracteriza por una gran proliferación viral, con una duración de hasta 5 días. Luego, puede sobrevenir la segunda etapa o ‘fase Pulmonar’, donde lo característico es la aparición de una Neumonía. Si no existe una mejoría del paciente en esta etapa, el COVID-19 puede convertirse en una enfermedad severa a crítica, con la capacidad de producir un daño en el corazón como consecuencia de una inflamación llamada ‘Miocarditis’, ya sea por infiltración directa del virus en sus paredes, o en forma indirecta por mecanismos inmunológicos alterados, que generan una respuesta inflamatoria en el miocardio.

Un estudio recientemente publicado en JAMA, ha reportado que el SARS CoV-2 también sería capaz de producir alteraciones en las paredes del corazón aun en pacientes con COVID positivo de grado leve a moderado, como lo demuestran investigadores alemanes, que efectuaron una Resonancia Cardiaca a 100 paciente recuperados, encontrando en un 78% de los mismos, alteraciones en las paredes del corazón independientemente del grado de severidad. Otras afecciones del sistema cardiovascular también han sido reportadas en pacientes portadores de COVID-19, tanto en China, Europa o los Estados Unidos, como la aparición de arritmias cardíacas, formación de trombos en los vasos sanguíneos, insuficiencia coronaria o infartos de miocardio.
Estudios recientes de la American Heart Association, afirma que entre los pacientes con COVID-19, la evolución negativa de la enfermedad se relaciona directamente con la posibilidad de presentar una enfermedad cardiovascular (ECV) y con lesión del miocardio.
Las patologías cardiovasculares preexistentes identificadas que exponen al paciente a mayor riesgo si se infecta por COVID-19 son:
-Insuficiencia cardíaca
-Deterioro en la fracción de eyección del corazón
-Miocardiopatía dilatada
-Miocardiopatía hipertrófica
-Enfermedad coronaria y valvular (angina, infarto, angioplastia previa, cirugía cardíaca)
-Displasia arritmogénica del ventrículo derecho
-Cardiopatías congénitas cianóticas
-Los pacientes con Síndrome de Brugada tienen más riesgo de desarrollar arritmias debido a la fiebre y los que tienen QT prolongado debido a efectos adversos de las medicaciones.

Recuperados de COVID-19, en alerta por su corazón
Según precisa un reciente estudio realizado en el Hospital Universitario de Frankfurt (Alemania), existe una alta prevalencia de secuelas cardiacas post-infección por coronavirus. La investigación, que incluyó a 100 pacientes recuperados de COVID-19, demostró compromiso cardíaco en el 78% de ellos, así como inflamación miocárdica en curso en el 60%. Esto deja en evidencia la necesidad de estudio y seguimiento cardiovascular en todos los pacientes recuperados, aseguran los expertos.
Entre las afecciones cardiovasculares más frecuentes se encuentran: miocarditis, pericarditis, derrame pericárdico, arritmias, tromboembolismo venoso, insuficiencia cardíaca e infartos (patologías que incrementan la probabilidad de desencadenar muerte súbita).
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año mueren más personas por enfermedades cardiovasculares (ECV) que por cualquier otra causa; además, datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que en 2030 casi 23.6 millones de personas morirán al año por alguna enfermedad cardiovascular, principalmente por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, la realización de chequeos periódicos es de suma importancia.
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