
Decir que alguien es varón implica muchas cosas en términos de derechos humanos, sociedad y cultura, pero en esencia define algo del plano genético: el cromosoma Y. Allí la especie guarda el gen SRY, la llave maestra que determina si un embrión se va a desarrollar como XX, es decir, mujer, o XY, es decir, varón. Y eso es casi todo: el cromosoma que es símbolo de la masculinidad no sirve para mucho más, porque tiene pocos genes y no es necesario para que exista la vida. Desde la década de 1960 los científicos han observado un fenómeno extraño: la desaparición completa del cromosoma Y en las células de la sangre de los hombres. Ahora, por primera vez, un estudio genético masivo comprobó que, en efecto, nueve de cada 20 varones lo han perdido a los 70 años, y esa mutación se asoció a cánceres como el de cerebro y el de riñón.
La investigación se realizó sobre una enorme base genética, el Banco Biológico del Reino Unido (UK Biobank), del cual se analizaron muestras de 205.011 hombres. En total, de todas las edades, el 20% de ellos ya carecía del cromosoma Y; al llegar a los 70 años el porcentaje había llegado al 43,6%, señal de una acumulación de mutaciones amplia, que podrían estar en la raíz de algunas enfermedades. En algunos casos la sangre de los hombres estudiados mostró una ausencia hasta del 87% del Y.

Las mujeres también pierden parte de uno de los dos cromosomas X, por la misma razón: cuanto más tiempo se vive, más se han renovado las células, y en cada operación de réplica suceden errores que conducen a mutaciones. Sin embargo, el cromosoma Y ha degenerado muy rápidamente en comparación con el X, y al ritmo que lo hace —explicaron en un artículo Darren Griffin, genetista, y Peter Ellis, biólogo molecular, de la Universidad de Kent— en 4,6 millones de años habrá desaparecido por completo. “Puede parecer mucho tiempo pero no lo es si se considera que la vida ha existido en la Tierra desde hace 3.500 millones de años”, moderaron a los optimistas.
Las células del cuerpo humano contienen 23 pares de cromosomas, incluido un par de cromosomas sexuales: XX o XY. Hace 166 millones de años, el antecesor del Y tenía el mismo tamaño y la misma cantidad de genes que el X, pero eso fue cambiando. Dado que en la reproducción, que combina XX con XY, el varón pasa un conjunto singular de Y, en lugar del par de conjuntos de X que pasan las mujeres, de una generación a otra el Y termina por verse privado de un proceso crucial, la recombinación genética, que permite la eliminación de mutaciones.
Con el tiempo evolutivo, el Y fue quedando pequeño en comparación con el X: pasó de tener más de 1.000 genes a tener unos 50. Y con el tiempo individual, las mutaciones se acumulan y el Y sufre todavía más. “Cuanto más envejecemos, más errores han sucedido en la división celular", dijo a The Atlantic John R. B. Perry, biólogo de la Universidad de Cambridge que dirigió el estudio publicado en Nature.
La alteración que observaron Perry y sus colegas es muy común, pero aun así muchos hombres no la presentan: los científicos se preguntaron por qué. “Observaron si ciertas variantes genéticas en otros cromosomas predisponían a los hombres a una cosa u otra, y encontraron 156 variantes vinculadas a la pérdida del cromosoma Y”, detalló el artículo de Sarah Zhang. “Muchos también son genes asociados a la susceptibilidad al cáncer, y tener esas mismas variantes se correspondía con un riesgo mayor de cáncer”. En particular de próstata, de testículo, de cerebro y de riñón.

Dado que esas 156 variantes genéticas no suceden dentro del cromosoma Y, también aumentan las probabilidades de cáncer de cerebro y de riñón en las mujeres. Es decir que existe la posibilidad de que los dos problemas, tanto la misteriosa desaparición del cromosoma Y como el cáncer, tengan esa raíz en común. “La pérdida del cromosoma Y es una manifestación de una inestabilidad más amplia del genoma”, explicó Perry. Puede que, por ahora, sea sólo la prueba visible de que el cuerpo ha permitido una acumulación de errores en el ADN, mientras que otras, como la enfermedad todavía no son comprendidas.
En todo caso, Griffin y Ellis recordaron que aun si desapareciera el cromosoma Y, no por eso desaparecerían los hombres. “Incluso en las especies que han perdido completamente sus cromosomas Y, los machos y las hembras siguen siendo necesarios para la reproducción”, ilustraron. En esos caso la evolución hizo que el gen SRY, que determina la masculinidad en el plano genético, se reubicara en otro cromosoma: “Estas especies producen machos sin necesidad de un Y”, subrayaron. Sin embargo, se supone que con el paso del tiempo la falta de recombinación causaría al nuevo cromosoma anfitrión el mismo problema que sufre el Y.
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