
En Ecuador, el 80,1 % de los jóvenes encuestados en un reciente estudio se encuentran desempleados. El informe, elaborado por Children International y Empleo Joven Ecuador, analizó las barreras y necesidades de este sector poblacional, que representa el 20,32 % de la población total, según el Censo Ecuador 2022. La precariedad laboral y las desigualdades persistentes han complicado el panorama, afectando especialmente a las mujeres y a los jóvenes de comunidades indígenas y afroecuatorianas.
El desempleo juvenil ha mostrado una tendencia al alza. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en mayo de 2024 la tasa de desempleo juvenil alcanzó el 9,5 %, con un incremento del 3,4 % respecto al año anterior. A esta cifra se suma el subempleo, que afecta al 29,3 % de los jóvenes y ha aumentado desde el 25,2 % registrado en 2023. Solo el 28,7 % de los jóvenes cuenta con un empleo adecuado, lo que refleja un mercado laboral inestable y con oportunidades limitadas.
Las mujeres jóvenes enfrentan una situación más crítica, con una tasa de desempleo del 10,9 % y mayores dificultades para acceder a empleos formales. Además, persiste una brecha salarial de género: las jóvenes ganan en promedio un 18 % menos que sus pares masculinos en puestos similares. La desigualdad también se acentúa por regiones, con la Amazonía registrando los niveles más altos de informalidad laboral (80,3 % en 2023), mientras que la región Insular presenta mejores indicadores de empleo adecuado (50 % en 2022).

El informe identifica que la falta de experiencia laboral es el principal obstáculo para que los jóvenes ingresen al mercado de trabajo, afectando al 45 % de los encuestados. También se señala que el sistema educativo no responde a las demandas del sector productivo, con el 30 % de los jóvenes enfrentando dificultades debido a brechas en su formación académica. A esto se suman desigualdades sociales que afectan de manera desproporcionada a mujeres y a jóvenes de comunidades indígenas y afroecuatorianas. La precariedad laboral, con altos niveles de informalidad e ingresos bajos, es otra de las barreras que enfrentan los jóvenes, especialmente en la Amazonía y la Costa.
La relación entre educación y empleo es compleja. Si bien los jóvenes con niveles educativos más altos tienen mayores probabilidades de acceder a un empleo (28,9 % en el caso de posgraduados), esto no se traduce necesariamente en mejores salarios. De hecho, el 65,8 % de los jóvenes con educación financiada de manera privada sigue estando desempleado. Además, el ingreso promedio mensual de los jóvenes empleados es de USD 189,6, muy por debajo del salario básico unificado, que en Ecuador es de USD 460.
A pesar de las dificultades, el estudio revela que el autoempleo es visto como una alternativa por los jóvenes. El 70,9 % de los encuestados sin un emprendimiento propio expresó interés en iniciar uno, especialmente en los sectores de comercio, tecnología y gastronomía. Sin embargo, la falta de financiamiento (28,92 %) y la carencia de capacitación empresarial (13,43 %) representan obstáculos importantes para concretar estos proyectos.

Los jóvenes ecuatorianos también tienen expectativas y prioridades claras respecto a su futuro laboral. La mayoría busca empleo con el objetivo de alcanzar metas personales y profesionales (21,3 %), seguido por la necesidad económica (15,75 %) y el deseo de adquirir experiencia (15,08 %). Entre los factores más valorados en un trabajo se encuentran las oportunidades de crecimiento profesional (24,48 %), un ambiente laboral colaborativo (19,01 %) y la estabilidad laboral (17,52 %).
El informe sugiere una serie de recomendaciones para mejorar el acceso al empleo juvenil. Entre ellas, destaca la necesidad de fortalecer la orientación vocacional para alinear la formación académica con las demandas del mercado laboral. También se propone la creación de incentivos para las empresas que contraten jóvenes, incluyendo subsidios y exoneraciones tributarias. Además, se recomienda implementar programas de fortalecimiento de habilidades blandas, educación financiera y capacitación digital para mejorar la empleabilidad y la inclusión laboral.
Otra de las estrategias planteadas es facilitar el acceso al financiamiento y la capacitación para el emprendimiento juvenil, promoviendo la digitalización y el uso de tecnologías emergentes. Asimismo, el informe subraya la importancia de reducir las desigualdades sociales mediante políticas inclusivas para mujeres y comunidades vulnerables, así como la implementación de programas de educación y capacitación en zonas rurales y periurbanas.
También, el estudio plantea la necesidad de establecer sistemas de monitoreo para evaluar el impacto de las políticas públicas en la empleabilidad juvenil y de adaptar las estrategias laborales a los cambios del mercado, incluyendo nuevas tecnologías y economías verdes.
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