
The Economist analizó qué le espera a América Latina el año próximo y concluyó que tendrá que prepararse para “más turbulencias”. Calificó a 18 países de la región a través de siete indicadores que considera los más relevantes para determinar la “probabilidad de disturbios sociales”.
“Nuestra investigación muestra que tener fuertes redes de seguridad social, sólidas tradiciones democráticas y oportunidades de empleo juvenil relativamente adecuadas son todos factores que mitigan el riesgo de protestas populares a gran escala”, afirma.
Sin embargo, enfatiza: "Mientras tanto, los niveles extremadamente altos de desigualdad de ingresos, la pobre efectividad de los gobiernos y las percepciones de corrupción desenfrenada tienden a contribuir a la desafección pública”.
Señaló factores claves a tener en cuenta. En primer lugar, afirma que distintos países de América Latina, como por ejemplo Bolivia y Chile, se vieron sacudidos por la agitación política en 2019. “Aunque cada episodio de malestar social es claramente distinto del otro, las raíces de las frustraciones públicas en toda la región radican en sistemas políticos disfuncionales y malestar económico”, subraya.

“Los problemas que enfrentan los países de toda la región son estructurales y, con algunas excepciones, los gobiernos carecen de las capacidades fiscales e institucionales para abordar suficientemente las preocupaciones de los ciudadanos. En consecuencia, América Latina seguirá siendo un caldo de cultivo para los disturbios políticos”, concluye.
Fiona Mackie, directora regional de la Unidad de Inteligencia de The Economist para América Latina y el Caribe, afirmó: “El superciclo de las materias primas de la década de 2000 marcó el comienzo de una era de abundancia, condujo a una rápida expansión de la clase media y al voto de muchos grupos políticamente desfavorecidos. Sin embargo, cuando el auge de las materias primas terminó en 2014, lo que siguió fueron años de estancamiento económico, una explosión de escándalos de corrupción y, en algunos casos, notables retrocesos democráticos. En ese sentido, América Latina ha sido una bomba de tiempo, esperando a explotar, desde hace algún tiempo".
Los siete indicadores
The Economist diseñó un mapa de calor que muestra que Nicaragua es el país con el mayor número de puntos de inflamación potenciales (Venezuela fue excluida de la muestra debido a la disponibilidad inadecuada de datos), seguido de Guatemala, Brasil, Honduras, Chile, México y Paraguay. Uruguay, por cierta distancia, se destaca como la nación con la menor cantidad posible de puntos de inflamación.
Los indicadores que utilizan son los siguientes: desigualdad de los ingresos, seguridad social, efectividad gubernamental, corrupción, empleo juvenil, malestar económico e índice democrático. El primero de esos ítems es el más crítico, según el cuadro, mientras que la economía es otro punto que tiene a maltraer a países como Argentina -el de peor indicador-, Brasil, Chile y Uruguay. Hecha la excepción de Venezuela por falta de datos confiables, Nicaragua es la nación con peor índice democrático.

Igualmente The Economist afirma que predecir la agitación política en cualquier país es una tarea difícil y se necesita cierta precaución en la interpretación del mapa de calor. En algunos países, un solo problema podría ser suficiente para desatar protestas populares, recalca. “Este parece haber sido el caso en Bolivia, por ejemplo, donde la inestabilidad política ha resultado de una crisis constitucional, impulsada a su vez por un sistema electoral defectuoso”, indica.
Y agrega: “En otros lugares, pueden tomar muchos factores desencadenantes para que exista un riesgo significativo de agitación política. Por ejemplo, en Brasil y México, los problemas destacados en el mapa de calor ya han dado como resultado la elección de gobiernos antisistema que pueden tener un poco más de margen de maniobra por parte de los votantes en 2020 antes de que se produzcan disturbios”.
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