
El vice primer ministro de Irlanda, Simon Harris, ha expresado que la posición del Ejecutivo irlandés respecto al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur ha permanecido invariable y que las medidas adicionales pactadas en la negociación no cumplen las expectativas de la ciudadanía. A partir de esta postura, el Gobierno de Irlanda ha decidido votar en contra del tratado, considerando principalmente los efectos que el convenio podría tener sobre el sector agrícola y las garantías ambientales presentadas en las discusiones. Según destacó el medio, la votación irlandesa se efectuará en la jornada venidera.
Según informó la prensa, el primer ministro Micheal Martin confirmó que la decisión de rechazar el acuerdo entre la Unión Europea y el bloque integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay responde a la inquietud de que los productores locales enfrenten condiciones desventajosas. Durante una visita a Shanghái, Martin aclaró que, si bien se han producido avances en las conversaciones, persiste la preocupación respecto a que los estándares impuestos a los agricultores irlandeses y europeos puedan verse afectados por sistemas de producción alimentaria que no se consideran igualmente eficientes en carbono ni sujetos a regulaciones estrictas.
El medio explicó que la Comisión Europea y los países del Mercosur anunciaron el cierre de las negociaciones hace más de un año, pero el proceso todavía se encuentra pendiente de ratificación. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, necesita primero la autorización de los veintisiete Estados miembros para proceder con la firma de este tratado de libre comercio. La votación, programada a nivel de embajadores de la UE, tendrá lugar en una sesión privada y se someterá a consideración solo si la presidencia de turno de la UE identifica el respaldo suficiente entre los países miembros.
El texto establece que para que se apruebe el acuerdo se requiere una mayoría cualificada entre los veintisiete Estados miembros, lo que significa que al menos quince naciones deben dar su aprobación y esas naciones deben representar como mínimo el 65% de la población europea. Aunque Francia e Italia ya manifestaron su rechazo en un intento previo de diciembre, el apoyo de Italia podría cambiar el panorama y allanar el camino para la adopción del acuerdo, aun con las reticencias irlandesas y francesas.
En sus declaraciones recogidas por el medio, el primer ministro Martin puntualizó la necesidad de mantener la confianza en los estándares implantados tanto para los agricultores irlandeses como europeos. Añadió que las regulaciones y obligaciones ambientales resultan fundamentales; sin embargo, entiende que el pacto no garantiza el cumplimiento de estos requisitos de manera equivalente en los países del Mercosur. Martin insistió en que el Ejecutivo irlandés se opone a la ratificación del acuerdo bajo tales condiciones.
De acuerdo con lo comunicado, Harris remarcó que la postura de Irlanda se ha caracterizado por su coherencia, incluso tras conocer las medidas adicionales introducidas por la Unión Europea en las conversaciones. Considera que estas iniciativas no resultan suficientes para responder a las demandas internas, por lo que reiteró la decisión del Gobierno de votar en contra.
El pacto comercial busca fortalecer la relación económica entre la Unión Europea y los países del Mercosur, impulsando el intercambio de bienes y servicios. Sin embargo, las críticas se han centrado en la posibilidad de que ciertas prácticas productivas del bloque sudamericano no cumplan con los estándares medioambientales exigidos en Europa, lo que podría desembocar en competencia desleal para sectores clave, en particular el agroalimentario.
Tal como ha trascendido, la discusión para ratificar el acuerdo volverá a ser tratada entre los embajadores este viernes, mientras que la postura irlandesa y francesa permanece como uno de los principales obstáculos para la conclusión del proceso. El Gobierno de Irlanda ha justificado su rechazo en la defensa de los intereses de sus agricultores y en la preocupación por el impacto potencial en los compromisos ambientales asumidos tanto a nivel nacional como europeo.
En este contexto, la ratificación del acuerdo requiere superar las divergencias internas de la Unión Europea, especialmente aquellas relacionadas con los estándares de sostenibilidad y las preocupaciones del sector agrario. El seguimiento al resultado de la votación y el posible cambio de postura de países como Italia podrían modificar el rumbo del tratado, según consignó el medio.
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