Algunas familias pueden notar en sus hijos un descenso del estado de ánimo y manifestaciones como irritabilidad, menor tolerancia y cansancio tras los días festivos de Reyes, aunque la experiencia haya sido positiva e ilusionante. Según publicó Europa Press, el psicólogo Jorge Buenavida advierte que este fenómeno, conocido como “resaca emocional infantil”, suele estar relacionado con la dificultad para adaptarse de golpe al fin de un periodo cargado de expectativas, alteraciones en las rutinas y una exposición superior a estímulos.
El medio Europa Press detalló que el especialista recomienda reducir el número de obsequios y privilegiar el tiempo compartido, tanto durante el juego como en las horas posteriores, pues destaca que “el valor del juguete no reside solo en el objeto, sino también en la interacción durante el juego”. Buena parte de los niños experimentan cambios en su conducta al pasar la celebración de Reyes Magos, con episodios más frecuentes de rabietas, nerviosismo o apatía. Según Buenavida, estos episodios no suelen señalar problemas de conducta persistentes, sino que reflejan un proceso de reajuste ante la finalización de unos días con elevada intensidad emocional y transformaciones en los hábitos.
El psicólogo expone, según consignó Europa Press, que la anticipación de la llegada de los Reyes y la espera por los regalos modifican las rutinas previas, exponen a los menores a nuevas dinámicas y elevan su nivel de activación. El regreso abrupto a la normalidad puede desencadenar reacciones intensas dado el contraste con el ambiente anterior. Para muchos niños, la anticipación desempeña un papel central, y el final repentino del periodo de espera puede traducirse en una reducción del ánimo, manifestada como irritabilidad o menos tolerancia a la frustración. Si coinciden factores como falta de sueño y cansancio acumulado favorecidos por las alteraciones propias de las vacaciones, la capacidad reguladora de las emociones se complica aún más.
Otro aspecto relevante, según reportó Europa Press, es el modo en que las familias presentan e introducen los regalos. Recibir varios juguetes simultáneamente, alternarlos rápidamente o no intercalar descansos durante el juego incrementa los niveles de sobre-excitación. La multiplicidad de estímulos limita la concentración y el disfrute profundo de cada juego, y la desaparición del efecto novedad favorece la aparición de frustración. Buenavida señala que esta saturación puede hacer que los límites se vivan con mayor intensidad, por lo que aconseja anticipar los cambios, establecer tiempos de juego y ofrecer alternativas más tranquilas al detectar señales de cansancio.
Europa Press recoge también la recomendación del especialista de fomentar en los niños la comprensión del esfuerzo que supone regalar y ayudarles a formar una percepción realista de sus recursos. Desarrollar habilidades como la gratitud, la espera y la tolerancia a la frustración contribuye, según Buenavida, a una mejor autorregulación emocional y produce efectos positivos en su desarrollo personal y social a largo plazo.
El cambio de ritmo propio de las vacaciones implica otros factores que afectan el equilibrio emocional: descanso reducido, modificación de horarios de comidas y disminución de los espacios de calma. Para algunos niños la vuelta a las rutinas de colegio puede percibirse como una pérdida, con un proceso de ajuste que generalmente dura pocos días, aunque el experto recomienda orientación profesional si el malestar se extiende, interfiere con el descanso, afecta el rendimiento escolar o se acompaña de manifestaciones de ansiedad.
Europa Press consultó también a María José García-Rubio, docente del Grado de Psicología y del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y co-directora de la Cátedra VIU-NED, quien advirtió sobre la denominada “anestesia del deseo”. Según la especialista, este fenómeno neurobiológico surge cuando se sobreexpone a los niños a un exceso de regalos o recompensas inmediatas, lo cual termina por reducir la sensibilidad de su sistema de recompensa.
García-Rubio explicó que el exceso de regalos provoca un “pico dopaminérgico intenso” motivado por la novedad, pero que, al repetirse demasiadas veces esta dinámica, el cerebro deja de percibir cada regalo como especial. La experta advirtió que el sistema dopaminérgico se adapta y la respuesta de placer se atenúa: “El mecanismo de recompensa se 'satura' y deja de reaccionar de forma saludable a la novedad material”, afirmó, según consignó Europa Press. En consecuencia, el deseo pierde su función inicial como motor motivacional y convierte en un impulso permanente de búsqueda de estímulos, aunque estos resulten menos gratificantes.
Para García-Rubio, no se trata de prohibir los regalos sino de priorizar un consumo consciente: “Menos es más cuando se acompaña de significado”. Además, la especialista recomienda optar por experiencias compartidas, como tiempo de calidad, actividades al aire libre o culturales, en lugar de centrarse únicamente en objetos materiales. Sostiene que estas vivencias activan en mayor medida las redes cerebrales relacionadas con la conexión social y la auto-regulación, generando efectos más estables que la mera gratificación ligada a la novedad.
El medio remarca que ambos especialistas coinciden en que equilibrar la cantidad de estímulos y propiciar el acompañamiento adulto durante el regreso a la rutina contribuye al bienestar emocional infantil.
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