
Entre los numerosos desafíos actuales figura la gestión de los restos mortales en Hat Yai, epicentro de la crisis, donde los servicios de emergencia se encuentran con obstáculos especialmente severos para recuperar e identificar a las personas fallecidas. Este contexto marca el tono de la actual emergencia generada por las inundaciones en el sur de Tailandia, donde la cifra de víctimas mortales ya supera las cien personas, según cifras de las fuerzas de seguridad tailandesas. Los equipos de rescate describen la situación como una de “inmensas dificultades”, mientras la controversia sobre la magnitud real de la tragedia crece, informó el medio ‘Khaosod’.
Las últimas precipitaciones intensas han provocado daños y pérdidas para más de 30.000 residentes de Hat Yai y la región circundante, detalló ‘Khaosod’. La ciudad, que destaca como un nodo comercial en el sur del país, enfrenta complicaciones agravadas por la interrupción de infraestructuras fundamentales y el derrumbe de las principales vías de acceso. Debido a ello, miles de personas permanecen desplazadas o aisladas sin acceso a suministros básicos ni servicios de asistencia, según fuentes consultadas por el citado diario.
En el reporte oficial presentado este viernes, el portavoz policial Trairong Phiwephan confirmó que al menos 104 personas han perdido la vida debido a este fenómeno climático, mientras los cuerpos continúan siendo remitidos para su identificación y trámite legal correspondiente, consignó ‘Khaosod’. Sin embargo, existe una disparidad significativa entre los números manejados por los equipos de emergencia y las cifras gubernamentales: mientras los primeros notifican 104 víctimas mortales, el Gobierno tailandés mantiene en 85 el balance oficial, cifra revisada y anunciada el jueves por Siripong Angkaskulkiat, representante del Centro de Operaciones de Emergencia ante Inundaciones de Bangkok.
Esta discordancia alimentó las críticas y las sospechas públicas sobre una posible minimización del impacto real del desastre por parte de las autoridades nacionales. Según publicó ‘Khaosod’, organizaciones de rescate y brigadas de socorro han denunciado que los conteos parciales pueden ocultar la gravedad de la situación, especialmente teniendo en cuenta que el acceso a muchas zonas sigue siendo casi imposible y que persiste la incomunicación con numerosas comunidades rurales.
Hat Yai permanece como el área más afectada, en parte por su relevancia estratégica para el comercio y las comunicaciones del sur de Tailandia. El colapso de numerosas carreteras y la destrucción de infraestructuras han dificultado la llegada de suministros y la evacuación de damnificados. El medio ‘Khaosod’ reportó que entre los principales retos figura la coordinación de los distintos equipos de respuesta, así como la saturación de hospitales y centros de atención médica forzados a operar con recursos limitados.
El Gobierno declaró la provincia de Songkhla, donde se encuentra Hat Yai, como “zona de desastre” el martes anterior, medida que permite liberar fondos estatales de emergencia y movilizar ayuda humanitaria inmediata para los residentes más afectados, relató ‘Khaosod’. La respuesta en campo está coordinada por el jefe del Ejército, Ukrit Buntanont, quien cuenta con el apoyo logístico de varias agencias estatales. Estas entidades se encargan de la distribución de alimentos, medicinas y de la habilitación de alojamientos temporales para quienes han perdido su hogar.
‘Khaosod’ también subrayó la tensión institucional surgida a raíz de las discrepancias entre las cifras manejadas por las distintas autoridades. Los cuerpos de rescate insisten en que, dado el elevado número de desplazados y la extensión de las zonas inundadas, el recuento de víctimas mortales podría seguir aumentando conforme avanzan las labores de inspección en rincones aislados del sur tailandés. Estas brigadas reiteran la necesidad de actualizar los datos de manera continua, para que los recursos estatales y la asistencia se asignen de acuerdo a las necesidades reales.
Las labores de identificación de cadáveres constituyen otra prioridad, según manifestaron responsables policiales al medio ‘Khaosod’. Se busca notificar con precisión a las familias afectadas y respetar los procedimientos legales establecidos en casos de desastres de gran escala. Los equipos médicos enfrentan el desafío adicional de operar en instalaciones colapsadas o insuficientes, lo que agrava la atención inmediata de los heridos y enfermos.
Con la declaración de “zona de desastre”, la provincia de Songkhla podrá intensificar proyectos de reconstrucción y saneamiento, recuperación de infraestructura y apoyo social, mencionó ‘Khaosod’. Las fuerzas armadas desempeñan además un rol clave en el transporte de suministros y en la seguridad de las tareas de rescate y distribución de ayuda, especialmente en áreas donde persiste la ausencia de servicios esenciales.
El balance de daños y la limitada capacidad de respuesta mantienen a la administración tailandesa bajo vigilancia pública. Las denuncias por supuesta subestimación en el recuento de fallecidos han impulsado a los equipos de rescate a insistir en la transparencia y la adaptación ágil de las políticas de ayuda y reconstrucción, destacó ‘Khaosod’. A medida que se recupera el acceso a poblaciones aisladas y se identifican nuevas víctimas, la cifra de afectados podría sufrir modificaciones en los próximos días.
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