Un buque de guerra estadounidense lanzamisiles llegó el domingo a Trinidad y Tobago, un pequeño archipiélago situado frente a Venezuela, mientras el presidente estadounidense Donald Trump intensifica su presión sobre el dictador venezolano, Nicolás Maduro.
El barco era visible el domingo por la mañana frente a la capital, constataron periodistas de la AFP en Puerto España, la capital trinitense.
La llegada del buque de guerra USS Gravely, así como de una unidad de marines, para ejercicios con el ejército de Trinidad y Tobago, había sido anunciada el jueves por el gobierno de este país anglófono de 1,4 millones de habitantes.
El destructor permanecerá atracado en Puerto España hasta el jueves.
Washington ha desplegado desde agosto buques de guerra en el Caribe y lleva desde principios de septiembre una campaña de ataques aéreos contra embarcaciones de presuntos narcotraficantes.

Estados Unidos también ha anunciado su intención de enviar al Caribe el portaaviones Gerald R. Ford, el más grande del mundo, un aumento considerable de los medios militares estadounidenses en la región que Maduro denunció el viernes como un intento de “inventar una nueva guerra”.
Trump acusa al presidente venezolano de encabezar presuntas redes de tráfico de drogas, algo que Maduro niega categóricamente. Afirma que Washington utiliza el narcotráfico como pretexto para imponer un cambio de régimen y apoderarse de las cuantiosas reservas de petróleo de Venezuela.
“Entre dos muros”
En Puerto España, algunos apoyan la presencia estadounidense cerca de las costas venezolanas.
“Hay una buena razón por la que traen su buque de guerra aquí. Es para ayudar a limpiar los problemas de drogas que hay en el territorio” venezolano, dice Lisa, una habitante de 52 años que prefiere no dar su apellido.
“Es por una buena causa, mucha gente será liberada de la opresión” y del “crimen”, añade.
Sin embargo, muchos entrevistados expresaron preocupación ante la llegada del buque y la posibilidad de una intervención estadounidense en Venezuela debido a la proximidad geográfica con Trinidad y Tobago.
“Si ocurriera algo entre Venezuela y Estados Unidos, (...) podríamos terminar recibiendo golpes", teme Daniel Holder, de 64 años.
“La gente no ve lo serio que es esto actualmente” pero “podrían suceder cosas aquí”, opina.
Sentado en una plaza del centro de Puerto España, este adepto del rastafarismo, un movimiento espiritual surgido entre los descendientes de esclavos de Jamaica, se opone a la estrategia de su gobierno.

La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, es una ferviente partidaria de Trump y adoptó desde su llegada al poder en mayo un discurso virulento contra la inmigración y la criminalidad venezolana en su país.
Caracas acusa al gobierno trinitense de servir a los intereses de Washington.
Persad-Bissessar “invita a Estados Unidos” cuando “debería mantenerse al margen” y dejar que Washington y Caracas resuelvan su disputa “en lugar de intentar interponerse”, lamenta Holder.
Es como “estar entre dos muros”, suspira el hombre.
“Alarmante”
La movilización militar estadounidense ha dejado hasta ahora 43 muertos en diez bombardeos a presuntas lanchas con drogas en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico, según un recuento de la AFP basado en cifras proporcionadas por el gobierno estadounidense.
Dos trinitarios habrían sido asesinados a mediados de octubre en esos bombardeos, según sus familias.
Las autoridades locales no han confirmado ni desmentido estas muertes.
Expertos han cuestionado la legalidad de los ataques en aguas extranjeras o internacionales, contra sospechosos que no han sido interceptados ni interrogados.
Rhonda Williams, una recepcionista de 38 años, solo desea una cosa: paz. “No necesitamos todos estos asesinatos y bombardeos, solo necesitamos paz... y a Dios”, asegura a la AFP.
"Venezuela está atravesando en este momento una situación muy difícil, a nivel social y económico", una situación “debido al gobierno”, señala.

Para Ali Ascanio, un venezolano de 38 años instalado en Trinidad y Tobago desde hace ocho años como muchos de sus compatriotas, la llegada del destructor estadounidense “es un poco preocupante”.
Es “alarmante porque sabemos que es una señal de guerra”, dice este vendedor de frutas y verduras, que espera que la presión estadounidense empuje a Maduro a “irse pronto”.
(AFP)
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