
A las dificultades que debe afrontar la sociedad venezolana, azotada por la aguda crisis económica y política que ya lleva años, ahora se le suma un problema más.
Las fallas crónicas en los servicios públicos los dejan a diario sin el suministro de agua, luz o gas, lo que derivó en una “privatización de facto”, informal y caótica que les permita cubrir el acceso a estos recursos básicos. Incluso si ello implica gastar el poco dinero del que disponen.
“La gente tiene que resolver y seguir su día a día”, comentó a la agencia de noticias AFP Jesús Vásquez, director de la ONG Monitor Ciudad, que realiza un seguimiento del agua, la luz y el gas en Caracas y otros cuatro estados del país.
“¡Llegó el agua!”, exclamó con entusiasmo un vecino de La Jota, en el barrio de La Vega, en la capital. A continuación decenas de personas corrieron a llenar baldes y botellas que tendrán como reserva ya que no saben cuándo volverán a disponer del suministro.

“El año pasado estuvimos sin una gota por tres meses y medio”, dijo en ese sentido Yusmary Gómez, habitante del lugar, que suele recibir agua cada 15 días pero nada le garantiza que efectivamente se cumpla con esos plazos ni que sea potable.
Muchas veces, el agua que llega a las canillas es amarillenta y, por ello, Gómez se ve obligada a comprar botellones de 20 litros en el comercio donde trabaja. Allí lleva un registro de los consumos, que le son descontados al momento del pago.
Comentó que trata de utilizar estos botellones únicamente para beber y cocinar ya que los costea con dificultades aunque admitió con preocupación que, si la sequía se alarga, comenzará a usarlos para cubrir otras necesidades.
“Cobro 30 dólares a la semana y me ha tocado que me paguen 15″, recordó sobre una vez en la que gastó la mitad de su salario en agua.

Su hijo también se ve alcanzado por este problema. “Nos mandan un mensaje (desde la escuela): no hay agua y, por lo tanto, no hay actividad”, continúa explicando sobre el impacto del colapso del servicio en la educación.
Para otros, el drama es el gas. Mediciones de Monitor Ciudad expusieron que sólo el 17% de la población en Venezuela cuenta con gas por tubería.
Isora Bazán ha llegado a recurrir al mercado negro por cilindros, indispensables para cocinar, tras infinitas quejas por las intermitencias en la distribución de garrafas.
“Dejo de comprarme medicamentos para ir a comprar el gas”, comentó la jubilada de 61 años que cobra una pensión mensual inferior a 5 dólares pero paga entre USD 10 y USD 20 cada una de estas bombonas cuando hay retrasos en el reparto.

Pero agua y gas no son los únicos servicios en falta en el país.
La electricidad también es un recurso casi imposible de conseguir. Al igual que ocurre en Cuba, la deficiencia del tendido de red eléctrica causa apagones constantes y cotidianos, que pueden prolongarse por horas.
Esta situación genera el desperdicio constante de alimentos que se echan a perder por la falta de refrigeración correspondiente y daña los electrodomésticos.
“La luz falla mucho. Se va y viene, se va y viene. Ayer saqué la carne, el pollo, el poquitico de comida que tenía. Todo podrido”, señaló Felicinda Mendoza, cuya heladera se averió por un cambio repentino de la tensión.
Por su parte, Rodrigo Crespo, un comerciante que compró dos pequeños generadores para su casa y su negocio, declaró que “si no buscamos la manera de resolver estas cosas nos morimos infartados”.

El problema es que, en un país donde el sueldo promedio es de 150 dólares mensuales mientras el salario mínimo es inferior a los USD 5, costear estas alternativas es casi impensado.
En el caso de los generadores de energía, hacerse con una de ellas implica un gasto no menor a 350 dólares mientras que su mantenimiento, otros USD 100 mensuales. Además, pueden funcionar con gasolina -que escasea y debe comprarse a revendedores por precios muy altos- o con gas, que tampoco está garantizado.
En algunos vecindarios más adinerados, los camiones cisterna se han vuelto imágenes recurrentes; su costo ronda los 70 dólares.
Nicolás Maduro responsabiliza a las sanciones impuestas por Estados Unidos de esta crisis. No obstante, los hechos hablan por sí solos. Las décadas de desinversión en infraestructura y mantenimiento, junto con la corrupción en el Gobierno y al interior de estas compañías datan de muchos años antes de esas medidas.
(Con información de AFP)
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