
Las toallas blancas suelen perder brillo y suavidad por la acumulación de suciedad, restos de detergente y manchas. Cuatro procedimientos permiten recuperar su aspecto sin apartarse de las indicaciones de cuidado de cada prenda.
La periodista Anyssa Roberts reunió estas alternativas The Spruce, sitio especializado en tareas domesticas, que aconseja separar las toallas blancas de las prendas de color, usar la temperatura más alta que se admita y no excederse con detergente.
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La asociación estadounidense American Cleaning Institute (ACI), especializada en productos y prácticas de limpieza, coincide en que la dosis adecuada evita resultados deficientes. Y que las toallas deben lavarse según las instrucciones de cuidado del tejido.
1. El bicarbonato de sodio acompaña el lavado habitual

El primer recurso consiste en añadir media taza de bicarbonato de sodio al detergente durante el ciclo de lavado. Según la publicación, el compuesto ayuda a neutralizar olores, desprender suciedad y reforzar la acción del detergente. Su abrasión leve puede colaborar con la remoción de manchas sin dañar la tela.
Para este método, la recomendación es usar agua caliente solo si el rótulo de la toalla la admite. La ACI indica que los ciclos para algodón, habitualmente usados en toallas y sábanas, combinan una acción de lavado intensa con agua tibia o caliente.
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El organismo también advierte que tanto una cantidad insuficiente como un exceso de detergente pueden afectar el resultado del lavado.
2. El blanqueador con oxígeno requiere seguir la etiqueta

El blanqueador con oxígeno, como el percarbonato de sodio, es otra alternativa para las toallas blancas. Roberts señala que este producto libera oxígeno al disolverse en agua, lo que ayuda a levantar manchas y a devolver luminosidad. La dosis habitual que menciona es de media taza por carga, junto con el detergente, aunque debe prevalecer siempre la instrucción del envase.
La ACI diferencia este tipo de blanqueador del que contiene cloro: el primero es más suave y sirve especialmente para mantener la blancura, mientras que el segundo tiene mayor poder de desinfección.
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Además, indica que el blanqueador con oxígeno actúa mejor en agua tibia o caliente y que el producto en polvo debe incorporarse al agua antes de sumar las prendas.
3. El vinagre blanco se suma en el ciclo de enjuague

Una tercera opción es colocar una taza de vinagre blanco destilado en el enjuague. De acuerdo con la guía, este ingrediente puede ayudar a desprender restos de detergente y olores, que contribuyen al aspecto opaco y rigidez de las toallas.
La ACI incluye soluciones con vinagre blanco para ciertos problemas de residuos y dureza en tejidos, aunque recomienda respetar las indicaciones de los productos y del lavarropas.
Hay una precaución central: el vinagre nunca debe mezclarse con blanqueador de cloro. La entidad advierte que combinar este último con productos ácidos puede ser peligroso.
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4. El remojo profundo se reserva para toallas rígidas o muy opacas

El lavado de arrastre de toallas apunta a una limpieza profunda cuando la tela está particularmente sucia o tiesa. La fórmula que recoge Roberts lleva bórax, detergente y carbonato de sodio. El proceso es el siguiente:
- Llenar una bañera o recipiente amplio con agua caliente.
- Disolver media taza de bórax, media taza de detergente y media taza de carbonato de sodio.
- Sumergir por completo las toallas y dejarlas varias horas o toda la noche.
- Enjuagarlas con agua limpia y lavarlas de manera habitual.

Este método busca retirar residuos, manchas y olores acumulados. Sin embargo, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) señala que el bórax se asocia con riesgos reproductivos, del desarrollo y neurológicos. Por lo que corresponde manipularlo con cuidado y mantenerlo fuera del alcance de niños y mascotas.
Además de elegir uno de los cuatro recursos, conviene revisar las manchas antes del secado, ya que el calor puede fijarlas. Separar las toallas de la ropa de color, no sobrecargar el tambor y usar calor bajo ayuda a preservar las fibras.
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Para textiles muy sucios o vinculados con una infección, el Servicio Nacional de Salud británico recomienda lavarlos por separado y a 60°C o a la máxima temperatura que permita el material.
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