Teté Coustarot: “Me duele mucho cuando alguien dice ‘este país’ como si no fuera parte”

Fue convocada por las mejores pasarelas del mundo y eso le abrió las puertas a vivir donde quisiera, sin embargo siempre eligió volver a la Argentina. A solas con Teleshow la conductora comparte su filosofía de vida, cuenta cómo vive la convivencia tras tantos años en casas separadas y explica por qué nunca aceptó participar en política

"Hay una fantasía muy dorada de lo que es vivir afuera" afirma Teté Coustarot a solas con Teleshow

“No sé qué hubiera sido si hubiese tenido un parate realmente. Para mí el trabajo y la actividad son una forma de vida”, dice Teté Coustarot. La periodista atraviesa un presente pleno tanto en lo profesional como en lo personal, con distintos proyectos en marcha y la convivencia, tras más de 13 años en pareja viviendo en casas separadas.

Sin embargo, el contexto crítico que atraviesa el país y el mundo entero no le es ajeno. “Estamos rodeados de números: la cantidad de contagiados, de muertos, de vacunas”, plantea la conductora a Teleshow y cuestiona la sobrecarga informativa y el rol de algunos medios locales a la hora de informar.

Con su llegada a la pantalla de El Nueve, Coustarot lleva alegría a las casas al final de cada día con La hora exacta, el programa de juegos y entretenimiento que conduce junto a Boy Olmi. Además, su clásico programa radial, ¡Qué noche Teté!, sigue al aire por Radio 10, después de 13 años, en las noches de los domingos. Y, en este 2021, la ex modelo se da el lujo de formar parte del jurado de los Premios Konex al espectáculo.

—Sos jurado cuando ya has recibido un diploma de honor. Cuando me llamó Luis Ovsejevich, me encantó porque es un premio que es un reconocimiento superior. Aparte, una década de trabajo, con los artistas más destacados. Además, el presidente del jurado es Ricardo Darín que lo adoro. Hemos tenido reuniones por Zoom con todos los jurados. Son súper importantes todos los seleccionados. Esperemos que antes de fin de año se pueda hacer la entrega.

—Dentro de un contexto muy difícil, estás en un momento personal y profesional muy próspero...

—La vida siempre te presenta cosas y hay que ver dónde uno se para. Soy optimista por naturaleza, siempre estoy tratando de ver... Alguna vez leí una frase que me encantó que decía: “Tengo una inteligencia pesimista por todo lo que me doy cuenta que pasa en el mundo, pero tengo un temperamento irremediablemente optimista”. Yo soy absolutamente así.

—¿Cómo la estás pasando con La hora exacta con Boy Olmi? ¿Lo disfrutan?

—Estoy feliz. Poder hacer un programa de televisión en este momento con un contenido tan bueno, trabajo también de investigación, informes fantásticos, gente que viene y se va feliz. Todo el mundo siente que está en una especie de recreo. Después, me dicen muchísimo: “lo vemos en familia”. Otros hablan de lo que significa desconectarte de la información, de las noticias, de los números. Es la posibilidad de jugar, también. A mí me encanta jugar.

"Soy optimista por naturaleza" cuenta Teté Coustarot que le huye a la queja

—¿Sos lúdica por fuera del trabajo?

—Sí, me apasiona. Todo lo que sea preguntas y respuestas, ahora hace mucho que no juego a las cartas, pero también. Todo lo que me despierta la curiosidad.

—Competitiva, buena perdedora, mala perdedora, ¿cómo es Teté?

—No soy competitiva, no quiero que el otro se destruya y pierda todo. Me gusta ganar, como a cualquiera, me da mucho placer, pero en general no tengo una relación de competencia con los demás. Me parece mucho más importante y provechoso tener una relación de empatía. A veces somos exigentes o prepotentes sin darnos cuenta y nunca tenemos idea de qué está pasando el otro, en qué situación está. Siempre fui muy conciliadora. La discusión o la violencia me paraliza muchísimo, me saca de mi centro. También me gusta debatir o discutir con argumentos, no con gritos ni atropellando.

—Estamos rodeados de mucha violencia, muy enojados y todo entra en un blanco y negro. Pareciera que no nos podemos poner de acuerdo nunca.

—Sí, pero también mal aplicado. Si estamos enojados, ¿por qué nos tenemos que agarrar con cuanta persona nos crucemos en el día? Hay toda una cosa entre enojados y caprichosos, con poca capacidad de pensar que estamos atravesando una etapa difícil. ¿Qué ganas con quejarte todo el día? A mí me gusta cuando, por ejemplo, en un grupo de trabajo veo a alguien que está así, le digo: “Tratá de eliminar aunque sea por 24 horas la queja y vas a ver cómo va a cambiar tu vida y la vida del que está enfrente”.

—¿Creés que los argentinos en algún momento vamos a poder terminar con esta grieta que nos separa y nos pelea constantemente?

—En la medida en que no hagamos cada uno un acto de introspección y de tratar de no tener mala fe unos con otros, va a ser complicado. Está muy polarizado todo. Conozco gente y quiero de los dos lados de la grieta. Gente valiosa y que está enredada en una situación de competencia y de pelea que no es lo que nos pueda ayudar. A la Argentina ni hablar, pero a vivir mejor a cada uno de nosotros, nada más.

—Es un momento en el que mucha gente está eligiendo irse a vivir a otro país. Has tenido infinidad de oportunidades de vivir afuera y no aceptaste. ¿Hay algo de tu lugar en el mundo acá?

—Me siento absolutamente argentina y feliz. Cada vez que viajo, cuando vuelvo con el avión miro Buenos Aires y me emociona. Me encanta. Soy muy consciente de mi lugar, tanto acá como en Río Negro, en General Roca. La conciencia del lugar de donde sos es como la casa de tu madre, es algo muy fuerte. Siempre me acuerdo de una película, Made in Lanús, que un matrimonio se va a vivir a los Estados Unidos y le preguntan: “¿Cómo son allá?”, “No se ríen de las mismas cosas que nosotros”. Por supuesto que muchas veces me molesta cómo somos, pero en la balanza pongo tantas cosas que somos increíbles. Me duele mucho cuando alguien dice: “este país” como si no fuera parte. No me gusta nada. Respeto muchísimo lo que hace cada uno, lo que sienta. Me parece que hay que probar, que hay que experimentar, que hay que también sacarse las fantasías. Hay una fantasía muy dorada de lo que es vivir afuera. No es simple. Vuelvo a Made in Lanús. En un momento dado Patricio Contreras, que es el marido de Leonor Manso, le dice vámonos, vamos a irnos. Y ella le dice: “No negro, no, no, no, no nos vamos a ir”. “Por qué”, le dice él. “Y porque nosotros somos de acá, y cuando a vos se te quemó el taller vino todo Lanús a ayudarte a apagar el fuego. Y eso en otro país no sé si va a ocurrir”. Y es una síntesis perfecta de lo que significa el ser de un lugar. Estas son las cosas que yo siento. Me gusta mucho vivir acá. A mí me encanta. Me encanta ser argentina, ser de Río Negro.

—También te dedicaste mucho al trabajo social y te convocaron desde la política. ¿Nunca lo viste como una posibilidad?

—No tengo una vocación política desde el lugar... Creo que la política es como la vemos ahora. Es una herramienta fenomenal para transformar las realidades que son dolorosas, pero no tendría capacidad para entrar en los embates que tiene. Es muy fuerte. Uno tiene un don que Dios te ha dado, por algo te lo ha dado, entonces si puedo hacer un programa de radio, un programa de televisión, comunicar, ¿por qué voy a cambiar a lo mejor por un ego? Siempre hay que honrar el don que te ha tocado.

Teté Coustarot comenzó a vivir con su pareja luego de 13 años juntos

—Estás en pareja hace muchísimo ya y en el último tiempo empezaron a convivir, después de más de una década juntos...

—A convivir hace tres años. Antes de la pandemia. Carlos vivía con sus hijos adolescentes y no nos pareció o no lo sentimos. Hicimos el proceso al revés. La gente primero vive y después se separa. Decidimos vivir juntos, por suerte, porque nos agarró la pandemia. Fue un año antes.

—¿Y lo llevan bien? ¿Están enamorados?

—Sí, muy bien. Estoy muy feliz de estar con él. Cada uno encontró un compañero en la vida que es algo muy importante. Tiene mi edad, cosa que me gusta mucho porque hay montones de códigos y cosas que no hay necesidad ni de contarlas. Cuando uno puede compartir la vida es algo muy lindo.

—¿En este hacer las cosas desestructuradamente se puede venir el casamiento?

—No creo. Yo nunca me casé. No se me pasa por la cabeza porque nunca fue una aspiración. Será que desfilé tantos vestidos de novia que ponerme un vestido blanco y caminar con la marcha nupcial, lo hice tantas veces. Por suerte, todo ha cambiado. Antes, era “la mujer de”. Ahora hay una conciencia mucho mayor. Eso también me permitió tener una independencia económica que para mí es muy valiosa, es lo que te permite ser libre. Si estás con alguien estás porque tenés ganas realmente, no porque hay una necesidad económica o todo lo demás. Así que siempre hasta ahora fue así. No tengo ni idea qué puede pasar. Aprendí a no decir nunca más tal cosa, o no voy a hacer tal cosa. No, no, nunca se sabe.

—Sos una mujer que rompió con mandatos y estamos en una época de aprender a romper con la exigencia sobre el cuerpo, la belleza y la mirada del otro. ¿Te costó alguna vez? ¿Algo de esa exigencia en algún momento fue difícil?

—Difícil nunca lo sentí porque en algún momento tomé conciencia de que el problema no era mío sino de los otros. Estudié periodismo en la Universidad de La Plata y después fui modelo. Cuando volví a mi vocación, el periodismo, sentía que tenía que demostrar que estaba informada. Y un día dije: “Pará un poco, si los demás tienen prejuicios los van a tener aunque vos demuestres y te esfuerces”. Así que, piano piano si va lontano. Hacer más que estar contando lo que sos o cómo. Otra cosa que aprendí es que no hay trabajos menores ni pequeños ni no importantes. Cada uno de nosotros, lo que le toca en la vida, lo tiene que hacer de la mejor manera. Después, lo otro va a venir.

—Esto que decís se logra teniendo las ideas muy acomodadas, ¿costó llegar a este equilibrio?

—Sí claro, todo es un aprendizaje. Todas estas reflexiones en algún momento me surgieron. Aparte siempre digo que cuando tengas ganas de hacer algo, hacelo. No empieces a preguntar a todo el mundo si debés o no debés porque entonces estás pidiendo permiso. Si les contás a cinco personas, vas a tener cinco opiniones de gente que habla de ellos, no de vos. Entonces, acuñé una frase. Cuando me empiezan a decir: “¿Cómo vas a hacer…?” o “¿vas a cambiar...?”, digo: “Perdoname, no te estoy pidiendo permiso para hacer esto, te estoy contando lo que ya decidí hacer”. De esa manera, también te liberás un poquito de todo el afuera.

—Pudiste vacunarte

—Hoy escuché una cosa que me asombró muchísimo en un medio muy importante. Hablaban de la cantidad de millones de vacunas que están llegando y sentí una noticia que es de esperanza. Pero pegado, tras cartón, dijeron que en Vietnam hay una nueva cepa que puede con las vacunas. ¡Esperá un poquito para dar esa información! Si no sabemos todavía si es cierta o no. No la pegues a una buena noticia que le está dando la esperanza a tanta cantidad de gente. Eso también tendríamos que verlo.

—¿Crees que nos debemos un debate sobre el rol de los medios y cómo informamos?

—Sin que tengan miedo de ser tildados de oficialistas si dicen que van a llegar un montón de vacunas. Estamos hablando de vacunar a la gente. Cuando voy al canal paso por la Rural y veo cómo sale la gente después de vacunarse, la alegría que tienen todos. Muchos llorando de emoción. Esas cosas hay que resguardarlas también.

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Entrevista completa a Teté Coustarot #Entrevistas

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