Masculinizó su identidad en LinkedIn y denunció un sesgo algorítmico al tener más visualizaciones y alcance

Experimentos recientes demostrarían que adaptar la presentación personal puede modificar el alcance de los perfiles y ponen bajo la lupa el algoritmo de la plataforma

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Una usuaria de LinkedIn masculinizó
Una usuaria de LinkedIn masculinizó su perfil y aseguró tener más visualizaciones en sus posteos (Imagen Ilustrativa Infobae)

LinkedIn se ha consolidado como uno de los principales espacios para la búsqueda de empleo y el desarrollo profesional en todo el mundo, impulsado en parte por la inteligencia artificial en la gestión de perfiles y recomendaciones laborales. Sin embargo, persisten dudas sobre el sesgo de género y su papel en la visibilidad de perfiles, inquietud que cobró fuerza tras un experimento destacado por Megan Cornish, una activista estadounidense, según destacó The Washington Post.

La plataforma, que suma aproximadamente 1.000 millones de usuarios y millones de ofertas laborales, ha visto cómo las publicaciones aumentaron un 15% y los comentarios un 24% interanual, de acuerdo con datos de la propia compañía citados por el periódico. Este crecimiento intensifica la competencia por lograr mayor visibilidad y participación. Además, el uso de herramientas de inteligencia artificial para modificar currículums o sugerir empleos se ha normalizado, según el medio.

Cornish, profesional en salud mental vinculada al sector tecnológico, intervino en su perfil tras notar una caída notable en la audiencia de sus publicaciones. En declaraciones recogidas por The Washington Post, relató que usó ChatGPT para modificar los textos y darles un tono “más masculino”. La herramienta sustituyó expresiones como “comunicador” y “defensor clínico” por frases como “impulsar el crecimiento ético en la salud conductual”.

Cambió su sexo en LinkedIn para un experimento

Esta intervención, plasmada en su publicación titulada “LinkedIn me prefiere como hombre”, generó una inmediata reacción y amplió el debate. En diálogo con The Washington Post, reveló que su objetivo era comprobar si el lenguaje y la percepción de género influían en su desempeño digital. Su experiencia sumó cientos de comentarios, incluida la participación de usuarias que relataron resultados similares o mostraron escepticismo.

El uso de ChatGPT en
El uso de ChatGPT en LinkedIn reaviva el debate sobre el sesgo algorítmico y su impacto en la equidad laboral digital (REUTERS/Florence Lo)

Los resultados fueron evidentes: Cornish logró cuadruplicar el alcance de sus publicaciones en una semana luego de masculinizar su perfil, tal y como reportó al medio. “Ojalá estuviera bromeando”, admitió después de analizar los datos. El fenómeno motivó a otras mujeres a replicar la estrategia al ocultar referencias de género, de acuerdo con testimonios recopilados por el periódico. Una de ellas es Rachel Maron, quien, tras eliminar sus pronombres y cambiar el marcador de género en la plataforma, constató que una de sus publicaciones saltaron de menos de 150 impresiones a más de 30.700.

Frente a estos hechos, la red social sostiene que sus algoritmos no consideran información demográfica como género, edad o raza, ni para mostrar el contenido ni para organizar el feed. Así lo afirmó Sakshi Jain, directora de inteligencia artificial responsable de la plataforma, a The Washington Post: “Cambiar el género en tu perfil no afecta cómo aparece tu contenido en las búsquedas o en el feed”. No obstante, voces expertas consultadas mantienen reservas. Allison Elias, profesora de la Universidad de Virginia, apuntó que “el sesgo de género sigue influyendo sobre la percepción de las ocupaciones y las contribuciones”. Explicó que, aunque el algoritmo sea neutral, los prejuicios de los usuarios pueden terminar reflejándose en el alcance de los perfiles.

El papel del estilo empleado en LinkedIn también ha sido eje de discusión. Carol Kulik, profesora del Centro para la Excelencia en el Lugar de Trabajo de la Universidad del Sur de Australia, declaró a The Washington Post que “el lenguaje empresarial es muy masculino”. Añadió que el sistema, aunque no diseñado expresamente para ello, podría responder de manera sensible a los matices de género incluidos en cada perfil. Kulik también agregó: “Tan pronto como la gente sabe que fue un hombre quien lo creó, simplemente se lo considera de mejor calidad”.

Varias personas de diferentes edades
Varias personas de diferentes edades trabajan de manera remota utilizando computadoras portátiles y de escritorio en entornos modernos como cafeterías, oficinas y hogares, evidenciando la integración de la tecnología en la vida laboral actual. La imagen destaca la colaboración digital y la conectividad como elementos clave en el mundo profesional contemporáneo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las distintas experiencias se encuentra la de Cindy Gallop, empresaria y activista, quien advirtió que la visibilidad de sus publicaciones se redujo dramáticamente tras cambios recientes en el algoritmo de LinkedIn. Gallop compartió su preocupación por la desigualdad en el acceso a oportunidades: “Sé que las mujeres están desesperadas por estas oportunidades. Se trata de construir negocios, carreras y medios de vida”.

Sin embargo, los resultados de estos experimentos no son uniformes. Cass Cooper, consultora y escritora experta en inclusión, adaptó su perfil para parecer el de un hombre blanco y evidenció una caída significativa en la visibilidad. Cuando figuró como hombre negro, el rendimiento bajó todavía más, según el análisis citado por The Washington Post. Cooper insistió en que “la tecnología no es una experiencia pasiva” y cuestionó la idea de una igualdad real para todos en la plataforma.

De acuerdo con expertos académicos, los estereotipos persistentes continúan obstaculizando el avance de las mujeres en los espacios profesionales. Una revisión de estudios referida por The Washington Post concluye que cuando el autor de un trabajo es hombre, este suele ser valorado como de mayor calidad, independientemente del campo de referencia. Así, incluso en entornos digitales, las expectativas masculinas históricas siguen condicionando la percepción de los perfiles profesionales.