
El viernes pasado, una pareja de jóvenes rusos que reside en la calle Ravignani en Palermo y que regentea un negocio de criptomonedas fue secuestrada y liberada luego del pago de un rescate de 100 mil dólares en la criptomoneda USDT, según confirmaron fuentes del caso a Infobae.
El hecho es investigado por el Departamento Antisecuestros Sur de la Policía Federal Argentina (PFA), con una causa a cargo de la jueza María Romilda Servini. La noticia del hecho llevó a la Justicia federal en las últimas horas.
Dos ciudadanos chechenos fueron identificados como los principales sospechosos. La PFA logró determinar que ambos se fugaron del país en avión a horas del hecho, en un vuelo que partió de Ezeiza a los Emiratos Árabes.
Las víctimas, según su relato, se reunieron para tomar un café con ellos. Poco después, terminaron golpeados y maniatados.
Por lo pronto, los sospechosos ya cuentan con una circular roja de Interpol en su contra.
El rescate fue negociado por amigos de la pareja, en medio de un tenso cruce de mensajes. Los secuestradores les enviaron fotos de las víctimas atadas de manos y pies para acelerar el pago.
Insólitamente, el dinero fue enviado a través de un código QR.
Antecedente de otro ciudadano ruso en el negocio cripto
A comienzos del mes, Ivan Materov, fue detenido por la Policía de la Ciudad y la Policía Bonaerense, acusado de una ciberestafa de $300 millones. Lo arrestaron en su cueva financiera en el barrio de Belgrano.
La Justicia de San Isidro lo acusó de ser una parte clave en la ruta del dinero de una de las mayores ciberestafas de la historia reciente: $300 millones robados a empresas desde fines de 2024 a través del célebre virus troyano Mekotio.
Materov, oriundo de Rusia, fue señalado por el fiscal Alejandro Musso por supuestamente lavar el dinero convirtiéndolo a la criptomoneda Tron, que cuadruplicó su valor en un fuerte pico a comienzos de este año para luego desinflarse en minutos.
Su cueva,llamada “Dólar Belgrano”, por otra parte, operaba como muchas otras en la ciudad de Buenos Aires: como un canal privado de Telegram, esta vez frecuentado por otros rusos. El número y las cuentas de ese canal, descubrió Musso, estaban ligados a Materov.
Y allí estaban Iván y el fiscal que lo acusaba, en la cueva, ubicada en la calle Moldes, que es a su vez su domicilio, con todo el fastidio posible.
Musso tomó el teléfono de Materov para ingresar a sus contenidos, recuperar posibles criptoactivos. Pidió que Materov lo abra con su huella digital. Pero el financista, según fuentes del caso, enloqueció:se abalanzó sobre el fiscal jefe de la UFEIC, le arrebató el aparato e intentó destruirlo.
Hicieron falta cinco policías para reducirlo: Materov mide cerca de 1,90 metros y pesa más de 120 kilos.
Entonces, se lo llevaron detenido. El “cuevero cripto” deberá responder no solo por su presunta parte en la estafa, sino también por los delitos de atentado y resistencia a la autoridad y el intento de destrucción de la prueba. Materov, según descubrió Infobae en las páginas del Boletín Oficial, había conformado una empresa dedicada al trading en 2024 junto a otros ciudadanos rusos. Los libros de esta empresa, de acuerdo a la investigación del fiscal Musso, están en blanco.
Materov no fue el único allanado. Otras 15 redadas a sospechosos de ser parte de la megaestafa fueron llevadas a cabo por la DDI de San Isidro y divisiones especiales de la fuerza porteña.
Se secuestraron 37 teléfonos, 12 computadoras y armas. También, se recuperaron activos cripto por 150 mil dólares, así más de 31 mil dólares en efectivo. Una parte del dinero también fue enmascarado en fondos fiduciarios, los que Musso logró detectar mediante informes FIAT.
Cómo se conforma la banda, sin embargo, es lo más curioso de todo.
Los procedimientos ocurrieron a lo largo del mapa del alma. Mientras caía Materov, la Bonaerense allanaba en Núñez a un joven de 30 años, trabajador de mensajería, cubierto por la obra social de los padres; tropas de asalto irrumpían también en un domicilio en la Villa Carlos Gardel. En territorio porteño, un hombre oriundo de Venezuela fue un poco más colaborativo: puso su huella para que le incautan 25 mil dólares cripto en la wallet de su teléfono.
El troyano Mekotio, que Musso ya había investigado en una causa previa, opera a través de un falso mail. La causa comenzó, literalmente, en una carnicería.
“El 7 de mayo de 2024, mientras el señor C. V., se encontraba en el comercio de rubro carnicería, del cual resulta ser dueño, situado en la localidad de Pilar, Provincia de Buenos Aires, advirtió la recepción sucesiva de correos electrónicos remitidos por su banco que daban cuenta de múltiples transferencias ejecutadas desde su cuenta, las cuales desconocía y no había autorizado, por el monto total de $29.400.000 pesos”, asegura el expediente.
El hombre de Pilar es mucho más que un carnicero: con domicilio fiscal porteño, integra una empresa mayorista del rubro.
Así, las “cuentas mulas” se volvieron una clave para hilar el rosario clandestino de la banda: el dinero del empresario de la carne fue desviado, según pudo determinar Musso, a otros cinco sospechosos. La cadena luego seguía en un conocido exchange de criptomonedas: el joven mensajero de Núñez fue parte de este paso.
Al final del arco iris, en su cueva, se encontraba Materov, para supuestamente transformar el dinero en el activo Tron.
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