
Desde Resistencia, Chaco. - A pesar de que su abogado defensor se lo desaconsejó, este miércoles, Marcela Acuña —esposa de Emerenciano Sena, madre de César Sena, e imputada como coautora del femicidio de Cecilia Strzyzowski— pidió declarar ante los fiscales que investigan el caso. La mujer, que desde el 14 de junio inició una huelga de hambre, declaró durante más de 40 minutos, y dio su versión acerca de lo que ocurrió el viernes 2 de junio en su domicilio, donde Cecilia fue vista por última vez.
“Ví un bulto marrón, gris, no podría definir bien el color, todo cerrado, similar a una bolsa de boxeo. Pero también se me hizo que era un cuerpo. Salí asustada de ahí”, dijo Acuña sobre lo que vio en una de las habitaciones de su domicilio, aquel 2 de junio pasadas las 16 horas.
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De acuerdo con la mujer, ese día comenzó “temprano”. Su marido salió de la casa, ubicada en Santa María de Oro al 1400, entre las 7 y las 7.30. Ella lo hizo una hora más tarde. Ambos se dirigieron al barrio Emerenciano, donde “están construyendo casas”.
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“Aproximadamente entre 10.30 y 10.45 llegó César (N.d.R.: poco más de una hora después de la entrada de Cecilia a la casa). Lo ví colorado, con un rasguño en el cuello, y una lastimadura debajo de la barbilla. Le pregunté qué ocurrió y me dijo me se había peleado con Cecilia. Como había gente en el lugar no quise preguntar más. Pasados unos minutos, se volvió a mi casa”, explicó Acuña ante los fiscales Jorge Cáceres Olivera, Jorge Gómez y Nelia Velázquez.

Marcela Acuña dijo que cuando terminó de almorzar, cerca de las 11:45, ella y Emerenciano regresaron a su domicilio. Allí estaba César y ella lo notó “nervioso”.
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“Como lo ví de esa manera le dije de tomar un té y sentarme a hablar con él de lo que había sucedido con Cecilia y la pelea que él me había planteado. Él se largó a llorar y me pidió si podía ir a un operativo de salud que se realizaría en horas de la siesta en la localidad de Colonia Elisa. No quiso decirme qué había pasado y opté por no preguntar más porque tenía que manejar y tenía miedo de que el estado de nerviosismo lo lleve a tener un accidente”, explicó.
Pasadas las 16 horas de ese viernes 2 de junio, después de una siesta, Marcela planteó que ingresó al comedor para “organizar” la ropa para planchar. En ese momento, dijo, una puerta que estaba semi abierta llamó su atención.
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“Me pareció extraño porque esa puerta siempre está cerrada, con lo cual opté por ir a ver que había (...) No prendí la luz, había como un reflejo que venía de la ventana y, al mirar del lado derecho de la habitación, ví un bulto marrón, gris, no podría definir bien el color, todo cerrado, similar a una bolsa de boxeo, del tamaño, pero también se me hizo que era un cuerpo, salí asustada de ahí, no definía lo que había visto, no estaba segura”, afirmó Marcela.
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De acuerdo con su relato, por tercera vez en el día, la mujer eligió callar. Lo hizo después de ver los rasguños en el cuello de César y también al verlo llorar tras la presunta discusión con Cecilia. Al ver el “bulto” en la habitación de su casa, al que describió como un “cuerpo”, Acuña volvió a elegir el silencio. Así lo justificó:
“En ese instante bajó Emerenciano, subió a la camioneta y me dijo: ‘Vamos’. De los nervios que tenía subí y tomé la decisión de no decirle nada hasta saber qué era lo que realmente había visto”.
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Para las 17 horas Marcela y su marido llegaron al barrio Emerenciano. “Ahí le mandé un mensaje a Gustavo Obregón (N.d.R.: mano derecha del matrimonio) solicitándole que vaya a ver lo que yo creí que había visto ahí en la casa y, específicamente, le puse la palabra ‘cuerpo’, que es lo que yo creí haber visto”, sostuvo y dijo que, mientras se dirigía a una actividad en la localidad de Barranqueras, recibió la confirmación por parte de Obregón “de que sí, era un cuerpo”.
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Según Marcela, tras el mensaje de Obregón “quedó sin saber qué hacer” y tomó la decisión de hablar con su hijo antes de decirle al padre qué había sucedido realmente.

Lo que dice Marcela Acuña se contrapone a lo que declaró Gustavo Obregón en la ampliación de su indagatoria, a la que también accedió Infobae. Allí, además de detallar que “César prendió fuego la valija” (que esta mañana fue reconocida por la madre y la tía abuela de Cecilia), el hombre dijo:
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“Desde el viernes en que recibí el mensaje de Marcela Acuña, hasta el día que caí detenido, todos actuaban normales, nadie me comentó nada, nadie me dijo nada, nadie me preguntó nada, todos hacían vida normal (...) Todos decían que no pasaba nada, que César era inocente, pero a mí me pesaba y me pesa todo esto que habíamos hecho, sabiendo lo que habíamos hecho”.
Según Marcela, ese 2 de junio, ella y Emerenciano se quedaron en Barranquillas cerrando la jornada con un guiso hasta las 21:30, cuando César llegó en su “camionetita”, acompañado en otro vehículo de Gustavo Obregón, quien horas antes le había confirmado que en su casa había un cuerpo. Una vez más, la mujer dijo no haber encontrado un momento para hablar con su hijo:
“Como había mucha gente, y en todo momento estaba Emerenciano, no quise hacer preguntas. Se largó la comida a las 21.30 o 21.35. Terminamos y volvimos a mi casa cada uno en su vehículo, quedándome la posibilidad de hablar con mi hijo que no lo pude hacer por la presencia de Emerenciano. Llegamos a mi casa alrededor de las 22.00 o 22.30 y así terminó ese día viernes”, sostuvo.
Al finalizar su declaración, Acuña se negó a contestar preguntas de la fiscalía.
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