La mujer intenta apoyar a otras personas con videos en su cuenta de Instagram (@lau_scianca)
La vida de Laura Scianca cambió para siempre hace 11 años. Ella siempre había tenido un presentimiento que algo malo podía pasarle desde los 7 años. En ese momento, su hermano murió en un caso de inseguridad. Un ladrón lo mató para robarle la moto en la puerta de su casa. Tras este episodio, todo se derrumbó en la casa de los Scianca. La mamá de Laura tuvo varios episodios de depresión. En ese mundo, creció la niña y se hizo adolescente y después joven.
Laura estudió puericultura y a los 26 años, cuando ya estaba haciendo sus primeras prácticas, llegó el mazazo que la volvió a derrumbar. A Scianca le diagnosticaron un cáncer de médula. “Me hicieron una cirugía que duró unas ocho horas, radioterapia y estuve como un año internada sin poder levantarme de la cama”, explica la mujer en diálogo con Infobae desde su casa.
Laura abre muy grandes sus ojos claros y habla sin filtro por todo lo que pasó en estos once años. “Cumplí los 27 años acostada en la cama, usaba pañales y ya sentía algo raro en mis piernas - admite Scianca, cuando empieza a contar su historia-. No podía creer todo lo que me había pasado. Veía la opción que se me presentaba como única de usar una silla de ruedas y no lo entendía”.

La vida de Laura antes de la silla de ruedas
Antes del diagnóstico de cáncer, la operación y los tratamientos, había una Laura muy joven que le encantaba salir a bailar con sus amigas. “Era ir a boliches de bachata o salsa con mi grupo. Nos divertíamos mucho”, recuerda.
Pasó más de una década para que Scianca se sacara de encima todos los miedos que no la dejaban hacer las cosas que le gustan. “Cuando ya me estaba recuperando y tenía muy poca sensibilidad en las piernas, apenas movía un dedo del pie y le pregunté a mi médico si iba a volver a caminar. El doctor me dijo: ‘Vas a ser feliz´. Recién pude entender esta frase muchos años después", cuenta Scianca.
Tras superar el cáncer, para Laura empezaban otras batallas. “Las primeras veces que fui a la kinesióloga, me presentó a la silla de ruedas - relata Scianca-. No quería saber nada de eso, pero en los primeros tiempos había una esperanza de que en algún momento iba a poder volver a caminar.”

Amigarse con la silla de ruedas
“Recién cuando caí en la cuenta que no iba a volver a caminar es como que me empiezo a amigar a la idea de usar la silla de ruedas. Igual, todo eso lo pude procesar con años de terapia”, explica Laura.
Laura vive sola en su departamento y desde su cuenta de Instagram intenta contar cómo es su vida. “Quiero que otras personas que pasan o pasaron por algo parecido se sientan identificadas. Y, además, puedan entender que sí se puede”, sostiene.
Apenas tomo conciencia de que su vida iba a ser todo el tiempo en una silla de ruedas, Scianca se hizo algunas preguntas. ¿Iba a poder vivir sola? ¿Podría volver a salir con sus amigas a un bar o ir al baño sin ayuda? Todas esas respuestas están en su propia vida y en los videos que Laura sube a su cuenta de Instagram. “Estuve mucho tiempo sin hablar. Y los posteos en redes sociales son una forma de ponerle voz a mi historia.”
Laura se maneja con total independencia en su departamento. “Por suerte tiene buenas dimensiones y las puertas son anchas”, se sonríe por el detalle imprescindible para su movilidad. Falta que el consorcio rehaga la rampa para que pueda salir de su casa con mayor facilidad. “Pero todo fluye por suerte”, se entusiasma Scianca.

Los videos que sube a su cuenta de Instagram generan todo tipo de repercusiones. “Muchas son positivas, pero también están los haters y personas desubicadas - sostiene Laura-. Por suerte, estoy en otro momento de mi vida y eso no me afecta tanto. Esos comentarios los dejó pasar.”
Sexo y discapacidad
Scianca recuerda un usuario que le preguntó si podía tener sexo. “No me gustó para nada el tono de la pregunta y la intromisión en mi vida privada”, admite la mujer. Sin embargo, Laura entiende que es otro de los mitos que hay que derribar respecto a la discapacidad.
“Yo tengo sensibilidad en mi cuerpo, debajo de la cintura. Puede ser que otras personas discapacitadas no lo tengan. Aun así, después de toda la internación y los tratamientos fue como un volver a empezar en este tema también.”
Durante su internación, Laura se enamoró de uno de los camilleros del sanatorio. De a poco, en las largas jornadas acostada en su habitación, nació esta relación que al poco tiempo se convirtió en un noviazgo. Así, la chica desde su cama, conectada a los dispositivos hospitalarios, se aferraba al amor como combustible para la vida.
Scianca se sincera en esta nota con Infobae. “Fue como una segunda primera vez en ese momento - explica sin filtro Laura -. Fueron muchas preguntas y dudas que con esta pareja fuimos resolviendo a medida que nos íbamos conociendo.”
Laura también responde con su vida otras preguntas que se le hacen a los discapacitados. ¿Voy a poder trabajar? Scianca da unos talleres de dibujo y pintura en un centro cultural. Y, además, en ese mismo espacio se animó a volver a bailar. “Me pude bajar de la silla y hacer algunos movimientos en el suelo - cuenta Laura -. Me sentí muy feliz y plena.”

Los obstáculos en las calles
¿Por qué no se ven muchas personas en silla de ruedas en la calle? Esa es otra de las preguntas que se hacen muchas personas. “Las calles de la Ciudad y el conurbano no están preparadas para moverse en silla de ruedas. Están llenas de obstáculos - cuenta Laura -. Por ejemplo, yo para ir hasta un shopping que tengo a tres cuadras me tengo que tomar un taxi. Una vez intenté ir en silla de ruedas y no pude llegar.”
Las pocas veces que Laura rueda por las calles de la Ciudad, recibe algunos gestos insólitos de los peatones. “Muchas personas me tocan y rezan como una forma de ofrecerme ayuda”, cuenta Scianca.
Durante este proceso para aceptar su discapacidad, Laura se hizo amiga de Lucas Poggi. “Es una persona que siento que me entiende. Que puede tener problemas parecidos a los míos”, admite. Poggi es un atleta paralímpico que se prepara para competir en remo en los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 2028. El joven, además, participó en su silla de ruedas en la serie División Palermo de Netflix.
Los sueños de Laura
Laura se sueña muchas veces parada y caminando. “Recién hace poco, pude tener algunos sueños en los que estaba en la silla de ruedas”, admite.
Tras el noviazgo con el camillero, Laura tuvo otras citas. “Todos saben mi condición antes del primer encuentro”, aclara. “Me dí cuenta que no me limita mi silla de ruedas, lo que me generaba obstáculos era mi cabeza”, resalta Scianca.
En uno de sus posteos, Scianca habla del cambio que realizó en su vida. “Hace once años la vida me sentó y tuve que aprender a rodar”, afirma Laura. Y así, intenta abrirse paso a los obstáculos, sin encontrar límites por ahora.
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