A tan sólo 10 kilómetros de Carlos Paz, sobre la Ruta 14 que lleva hasta la ciudad de Mina Clavero en el valle de Traslasierra, se encuentra la comuna de Cuesta Blanca.
Allí, el fin de semana, los vecinos se “hartaron” de denunciar a la Policía que se estaba llevando a cabo una fiesta clandestina, con al menos 100 personas.
El lugar, elegido para vivir por muchos amantes de la ecología y la vida tranquila, tiene como norma comunal que los ruidos no pueden superar los 50 decibeles. “Se intenta mantener así el lugar como un sitio de descanso y paz”, señaló una de las vecinas.

En medio de esa tranquilidad, el viernes 1 de enero por la noche, los habitantes de la zona comenzaron a alertarse de los fuertes sonidos que llegaban de la zona conocida como “La Playa de los Hippies”.
El lugar es una playa paradisíaca sobre el río San Antonio, adonde se accede solamente mediante una caminata de algo más de una hora por el monte. Allí, un centenar de jóvenes, con bandejas de DJ, tragos, un generador y hasta identificación con pulseritas, se habían instalado para realizar una fiesta clandestina.
“Empezaron el viernes por la noche y, con algunas interrupciones, la fiesta recién terminó el domingo a la noche cuando fuimos con la policía. La estaban publicitando hasta el lunes”, comentó Ana Cingolani, vecina de la zona y guarda ambiente voluntaria del sector.

La vecina relató los hechos: “Esta gente cruzó por un lugar no habitual con grupos electrógenos y equipos de sonido. Empezamos a escuchar el ruido el 1ro. a la noche. Lo primero que escuchamos fue la música al taco. Al otro día fue un guarda ambiente y la encargada del campo y lograron que bajen la música y se tranquilicen un poco”.
Según contaron los vecinos, los organizadores de la fiesta no tenían permiso de los dueños del campo para realizar la fiesta. “La encargada fue una de las primeras que hicieron la denuncia”, aseguró Ana.

Además de no cumplir con ningún protocolo especial por el COVID-19, la fiesta se realizó dentro de una reserva provincial donde el uso del suelo tiene sus reglas especiales: “Es un lugar que ya está pedido para que se declare refugio de vida silvestre. Entre todos los vecinos ya manejamos ese lugar como una reserva natural”, explicó la guarda ambiente.
“A las noche del 2 de enero y tras el encuentro con los guarda ambientes se corrieron detrás de otra loma y empezaron de nuevo con música a todo volumen. Empezó a llover y siguieron con la lluvia. La fiesta nunca paró”, contó la vecina.
Sin respuesta policial
Ya el domingo, otro guarda ambiente intentó convencer a los jóvenes de que depusieran su actitud, sin resultados. “Yo salí a caminar y seguía escuchando la música, volví a llamar a la policía y la mujer que me atendió me dice: ‘¿Qué fiesta?’. Se hacían los desentendidos cuando ya llevábamos casi 48 horas de fiesta y una decena de denuncias”, relató la vecina.

Cansados de esta situación, los vecinos emitieron un comunicado que hicieron llegar a la Policía, en el que aseguraron que iban a ir a frenar ellos la fiesta: “Nos haremos presentes en la zona de Playa de los hippies para intentar disuadir a los organizadores de no continuar esta fiesta electrónica clandestina que se realiza ininterrumpidamente desde la noche del viernes 1 de enero, ante la inacción de la Comuna y la Policía de la Comisaría de Icho Cruz, pese a las gestiones y denuncias realizadas”.
“Ahí reaccionó la policía. Nos convencieron de que no vayan todos. Fueron 4 guarda ambientes y el personal del CEP”, explicaron en la página de Facebook de los guarda ambientes de Cuesta Blanca.
En ese momento, ya cerca de las 22 del domingo, los policías llegaron al lugar e incautaron los equipos, pero no labraron actas ni se realizaron detenciones.
El jefe de la Departamental Punilla, Cristian Cattaneo, negó los hechos que denunciaron los vecinos a Infobae: “Nosotros llegamos al lugar a las 23 horas del domingo para evitar que se haga la fiesta. Había 8 personas nada más, con un equipo de música”.

Con respecto a la demora en la respuesta, Cattaneo se excusó: “Teníamos las denuncias pero el sábado no pudimos llegar, porque llovió copiosamente y había que cruzar un vado, con lo cual nos era imposible”.
Para los vecinos, más allá de los ruidos molestos, no se respetaron las medidas contra el contagio del COVID-19, “lo cual ahora es delito”, expresaron; también se infringieron varias leyes ambientales: “El lugar no es un lugar para hacer una fiesta. Desmontaron, cortaron árboles nativos. Prendieron fuego en cualquier lugar. Un desastre”, expresaron en el comunicado.
“Era una fiesta en la que se cobraba entrada, en un lugar que no está habilitado, de complejo acceso, sin posibilidad de tener seguridad ni posibilidad de que llegue un servicio de emergencias y ni hablar de las medidas por el COVID”, se quejó Cingolani.

“Se nos fue de las manos”
Una de las organizadoras del evento, quien se identificó como Ema, dialogó con un medio local en el que negó que la fiesta haya durado tres días: “La idea nunca fue hacer una fiesta clandestina sino juntarnos todo el grupo de amigos, que sí somos casi 100 personas, al aire libre y hacer un acampe y poner música”, manifestó.
“Fuimos 15 el viernes y cuando estábamos allá empezamos a avisar para que llevaran carpa, comida, y bueno, la cosa se fue de las manos”, explicó.
Según señaló, el evento comenzó el viernes 1 de enero pero finalizó el sábado por la mañana. Asimismo, indicó que llevaron “pulseras” para distinguirse, ya que los vecinos de Cuesta Blanca les dijeron que había muchos robos en la zona.
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