El 18 de septiembre de 2006, Julio López se preparaba en su casa de Los Hornos, partido de La Plata, para ir a escuchar los alegatos del juicio contra el represor Miguel Etchecolatz, ex comisario y director de Investigaciones de la Policía Bonaerense durante la jefatura de Ramón Camps. Su testimonio fue clave para que el ex policía fuera condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad y genocidio durante la última dictadura militar en Argentina.
El albañil, de 77 años, contó ante el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, con lujo de detalle, las torturas y vejaciones a las que fue sometido y de las que fue testigo mientras estuvo ilegalmente detenido en Potrerismo, Pozo de Arana, Comisaría Quinta y Octava. Identificó a varios cautivos y relató cómo fue "legalizado" y trasladado a la Unidad 9 donde estuvo encarcelado 812 días, hasta el 25 de junio de 1979.
López dio los nombres de carceleros, militares, policías y demás represores. Se sacó de encima 30 años de silencio. Su voz fastidió a alguien y quizás por eso, cuando se dirigía hacia el tribunal para escuchar los alegatos contra su torturador, desapareció por segunda vez. Hoy se cumple una década del día en que Jorge Julio López se convirtió en el primer desaparecido de la democracia. ¿Qué le pasó? ¿Quién fue el responsable? ¿Por qué después de 10 años todavía no se ha podido esclarecer este hecho?

"Sospecho que no se lo cuidó. No se protegió a un testigo importante junto con los demás testigos. No se tuvo la precaución, con una persona que identificó lugares y personas, de protegerlo. Es muchísimo tiempo. Pero ha pasado muy rápido. Es algo que por ahí uno no termina de entender, pero esa es la cruda realidad. Diez años sin saber de mi viejo, sin saber dónde está Tito —como le decían los amigos— dónde está Julio, como le decían algunos compañeros… Dónde está Jorge Julio López", dijo en Infobae Rubén López, uno de los hijos de Jorge Julio, sobre las incógnitas que desde hace una década rondan en su cabeza. Al ser consultado sobre si cree que al poder político o al aparato de justicia le conviene que no se sepa qué pasó con su padre, aseguró: "Estoy convencido de que hay gente que sabe lo que le pasó. No sé si son muchos y esa es una posibilidad. No significa que el poder político o judicial sepa lo que pasó… Pueden ser los secuestradores o aquellos que hayan ideado esta desaparición, pero que se sabe algo estoy convencido. No sé porqué no se puede descubrir".
El domingo 17 de septiembre de 2006, Tito —como le decían— compartió el almuerzo su esposa, su hijo Rubén y la señora de éste. Lo ayudó con unos trabajos pendientes en el taller que tenían en el fondo de la casa, tomó unos mates y después de la siesta escuchó por radio la victoria de Rosario Central por 1-0 sobre Estudiantes de La Plata y el empate sin goles entre Banfield y Gimnasia. "A las 9 de la noche, con mi esposa ya nos fuimos para nuestra casa y al otro día me levanté a las 6 y fui a trabajar. Cerca de las 12:30, me avisan lo que había pasado… Entre las 10 de la noche (del domingo) y las 7 de la mañana (del lunes), en algún momento, salió de la casa, o lo obligaron a salir, y desde ahí no sabemos más nada. La puerta no estaba forzada", apuntó Rubén con la mirada hundida en el recuerdo del que fue, quizás, el último saludo con su padre. Continuó: "Sí, fue una situación extraña, porque salió con ropa de entrecasa, los borceguíes con los que iba a hacer mandados. Se llevó la llave y un cuchillito que usaba para comer, cosa que no hacía habitualmente… Ni la combinación de la ropa con los zapatos, ni llevarse ese cuchillo…". Las llaves de la casa aparecieron unos 15 días después. Estaban tirada en el jardín, aparentemente escondidas en medio de un rosal, y fueron encontradas cuando cortaban el césped. "Y ésa es la duda: no sabemos si cerró con llave y las tiró ahí o si alguien la tiró después para dar una señal. Nunca supimos".
El primer día sin López

El 1º de julio de 2006, Julio López declaró ante el tribunal que enjuiciaba al represor Miguel Etchecolatz. Contó con lujo de detalles (la buena memoria era su virtud) lo que vivió y de lo que fue testigo. Se presentó ante los jueces con su andar lento, pero seguro, firme. Su testimonio fue esencial para lograr la condena del hombre que le dejó un pasado tormentoso, del que optó por no hablar hasta ese día. Se sentó frente los jueces y dio su nombre sin imaginar que su voz pasaría a la historia. Voz que, una década después, estremece al escucharla relatar los detalles del horror. "Después de prestar testimonio —contó su hijo— estaba ansioso, porque había estado casi tres horas declarando, pero tranquilo porque había cumplido con su deber ciudadano, había cumplido con la promesa que le había hecho a Patricia y Ambrosio, los padres de Mariana, de cuya tortura y ejecución había sido testigo. Se había sacado ese peso de encima. Me atrevo a pensar que tenía mas ganas de contar lo que había visto que lo que había sufrido en carne propia, por la forma en que describió el momento de tortura y asesinato de sus compañeros. Estaba aliviado una vez que había declarado".
El asesinato de Patricia Dell'Orto fue uno de los crímenes por los que se imputó a Etchecolatz. López contó en la audiencia que ella fue asesinada de balazo, al igual que su marido, en el centro clandestino de detención Pozo de Arana, en octubre de 1976. En 1999 López le contó al padre de Patricia que la había conocido y que había visto cómo la mataron. El hombre le pidió que no le diera más detalles.
Según Rubén, entre el día del testimonio y el 18 de septiembre de 2006 la familia no supo si alguien lo amenazó o si se había sentido en peligro. Es, justamente, la ausencia de amenazas la que multiplica las dudas sobre qué le pasó y quién ideó esta congoja. "A nosotros nunca nos transmitió si alguien lo amenazó, por lo tanto no sabemos. La gente que lo acompañó en el juicio no manifestó que mi viejo haya comentado algún tipo de amenaza", remarcó y resaltó que "tenía ansiedades y muchas ganas de contar lo que había visto y sufrido, y desde ahí y hasta el día que desapareció estaba tranquilo y ansioso por poder encarar a Etchecolatz con su verdad y desapareció. Quería estar en la culminación del juicio. Era lo más importante que tenía él en ese momento".
A los días de su desaparición comenzaron las búsquedas, en dos oportunidades, éstas fueron realizadas con perros rastreadores. "Dos perros de distintas fuerzas determinaron la caminata que normalmente hacía mi papá desde la casa hasta el banco donde cobraba la jubilación. En este raro caso siguió una cuadra más y dobló a unos 50 metros y los dos se frenaron en distintos momentos en el mismo lugar. Se hizo un allanamiento en la casa y no se encontró nada. Lo que se presume es que ese día llegó hasta ahí y lo subieron a un auto, pero también era el camino habitual para ir a cobrar la jubilación… Al no prosperar el allanamiento en la casa y no saber si algún vecino vio que alguien lo subiera a un auto, quedó ahí". Ese "quedó ahí" no es resignado. Pero sí pone atención sobre lo poco que se hizo para encontrarlo. "Nadie llamó para decir nada, absolutamente vacío. Diez años de silencio, literalmente".
"Que nos digan si no lo encuentran porque no hay pistas, porque no saben buscar o porque no los dejan"

El testimonio de Jorge Julio López conmocionó a quienes lo escucharon y aún genera estupor oírlo. Ese relato minucioso reveló ante sus hijos todos los silencios que por décadas guardó en sus adentros hasta que pudo plasmarlo en tinta y papel.
"Durante muchos años él no contaba y nosotros no preguntábamos —contó Rubén López—En los años ´97, ´98 empezó a escribir todo lo que había visto y sufrido en un 'ayudamemoria'". Se refiere al montón de hojas encarpetadas que la familia encontró al día siguiente de la desaparición buscando indicios sobre lo que pudo pasar, por consejo de los investigadores. Un cajón de madera con una tapa secreta era el confesionario de Don Tito. Allí guardaba sus memorias en letras y dibujos, como en un intento de preservar todos los recuerdos que luego serían su testimonio. "Encontramos nombres, sobrenombres de los secuestradores, torturadores… Hasta hizo a su manera un identikit de cada uno de ellos… Ahí está dibujado todo, inclusive escenas de los momentos de las torturas".
López pierde su mirada en un punto y, entre los recuerdos del juicio y el día de la desaparición, dice: "Era un padre que no hablaba mucho, pero que te marcaba con los ejemplos. Vivió para su casa, para su familia. Los fines de semana, cuando no trabajaba en su casa, iba a la unidad básica, por eso lo secuestran (en 1976). Con su declaración, nos dio un claro ejemplo de tipo comprometido con esa causa y sus compañeros sobre todo… Lo que quiero remarcar en estos días es militar por esta causa para que este genocida (por Etchecolatz) no quede en libertad y que mi viejo no haya desaparecido dos veces en vano, primero en dictadura y ahora en democracia. Que no quede libre antes de que sepamos, o alguien en algún momento nos diga, qué es lo que pasó con mi viejo".
Pasaron 10 años de silencio, pero los López mantienen la esperanza de saber qué pasó con Julio. "La esperanza no la vamos a perder nunca, pero a esta altura quiero encontrarlo, no me importa cómo… Hay que encontrarlo como sea, ojala sea pronto, después veremos cómo sigue la causa, si podemos encontrar a los culpables y condenarlos, será otra etapa empezará el duelo, pero ahora lo único que queremos es encontrarlo".
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La deuda de la Justicia
Sobre el fin de una larga entrevista, el hijo de López pidió sinceridad a la Justicia: "Que investiguen y que nos digan si no lo encuentran porque no hay pistas, porque no saben buscar o porque no los dejan". Además, reveló que "el juzgado que tiene que llevar adelante la causa no tiene juez. Es hasta irrisorio, pero hace dos años que pasa esto… Lo más paradójico es que en las causas en las que fue condenado a cadena perpetua podría quedar en libertad domiciliaria".
Consultado sobre qué le diría al torturador de su padre, en caso de poder verlo afirmó: "No le faltaría el respeto, más allá de que se lo merezca. Mi viejo dijo 'Quise matarlo yo en algún momento y la verdad que no vale la pena'… Eso es lo que digo ahora. No sé, si lo tuviera enfrente, cómo me comportaría".
De López para López
"Acá lo estamos esperando y recordando con sus escritos, con su plomada de trabajo. Esperándolo. Ojalá algún día podamos encontrarlo y pueda volver a su casa", finalizó.
El represor Miguel Etchecolatz fue juzgado por la privación ilegítima de la libertad y tormentos contra Jorge Julio López y Nilda Eloy, y los homicidios de Ambrosio Francisco De Marco, Patricia Dell'Orto, Diana Teruggi de Ariani, Elena Arce Sahores, Nora Livia Formiga y Margarita Delgado. Actualmente está preso en el penal de Marcos Paz en el pabellón donde alojan a otros criminales de lesa humanidad. Su defensa pidió detención domiciliaria.
Más información: Actividades para recordar a Jorge Julio López
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