
Un estudio de la Universidad de Lancashire reveló que consumir aceite de menta en pequeñas dosis dos veces al día durante 20 días reduce la presión arterial sistólica en un promedio de 8,5 mmHg en personas con hipertensión leve. Los resultados, publicados en la revista científica PLOS One el 21 de agosto de 2026, posicionan al producto como una alternativa accesible y de bajo costo frente a los tratamientos farmacológicos convencionales.
El ensayo clínico contó con 40 adultos de entre 18 y 65 años, divididos en dos grupos de forma aleatoria. Quienes presentaban prehipertensión o hipertensión en estadio 1 recibieron 100 microlitros de aceite de menta dos veces por día. El grupo de control tomó un placebo con sabor a menta, sin el aceite activo. Pasados los 20 días, solo el primer grupo mostró mejoras en sus valores tensionales; el grupo placebo no registró cambios significativos.
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Mentol y flavonoides, los compuestos detrás del efecto

La menta, en su composición natural, posee tanto mentol como flavonoides, dos compuestos con propiedades vasoactivas que los investigadores vinculan directamente con el descenso registrado en la presión arterial.
La cantidad utilizada en el estudio fue muy baja; se trató de una dosis mínima que corresponde aproximadamente a solo unas pocas gotas diarias de un aceite concentrado. Ese nivel mínimo de consumo favorece la tolerancia, reduce costos y facilita el acceso al tratamiento.
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El equipo científico subrayó que el extracto es económico y bajo en calorías. A diferencia de muchos fármacos antihipertensivos, no generó efectos secundarios adversos en los participantes durante el período evaluado. Esa combinación de bajo costo y buena tolerancia es lo que, según los autores, le da proyección a escala global.
Más allá de la presión arterial

El protocolo no se limitó a medir la tensión. Los investigadores también realizaron seguimiento de parámetros corporales, análisis de sangre, presión diastólica, frecuencia cardíaca, bienestar mental y calidad del sueño. Este enfoque más amplio busca determinar si el aceite de menta produce efectos —positivos o negativos— sobre otros indicadores de salud, y aportar así una imagen más completa del impacto del tratamiento.
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El doctor Jonnie Sinclair, investigador principal y catedrático en Ciencias del Deporte y la Salud de la Universidad de Lancashire, remarcó la magnitud del problema que el estudio busca abordar. “La presión arterial alta es una de las mayores causas de enfermedades cardíacas y muertes en todo el mundo, y su tratamiento tiene un costo enorme”, declaró en el comunicado de la universidad. Sinclair añadió que los medicamentos convencionales no siempre demuestran eficacia clara a largo plazo y con frecuencia generan efectos no deseados.
Limitaciones y próximos pasos

La hipertensión arterial es el factor de riesgo prevenible más frecuente en las enfermedades cardiometabólicas y el mayor factor individual de mortalidad a escala global, según indicó Sinclair. Frente a ese contexto, el investigador valoró el potencial del hallazgo: “El aceite de menta es bajo en calorías y en precio, lo que lo convierte en una solución simple y costo-efectiva para tratar potencialmente a millones de personas en el mundo”, afirmó en declaraciones recogidas por la universidad.
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Los autores explicaron que los resultados obtenidos en el estudio se aplican de manera exclusiva a personas que presentan valores de presión arterial levemente elevados, es decir, a individuos diagnosticados con prehipertensión o con hipertensión estadio 1.
Indicaron además que es necesario realizar investigaciones o estudios complementarios y adicionales con el objetivo de establecer si el efecto observado persiste de manera sostenida a lo largo del tiempo, y también si ese mismo efecto podría observarse o extenderse en pacientes que presenten una hipertensión de mayor gravedad, o que reciban diferentes dosis del tratamiento.
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