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Una especialista en crianza cuestionó la idea de que la lactancia garantice un mejor apego

La entrevista repasó dudas habituales de madres y padres sobre alimentación, empleo, descanso y uso de pantallas, con foco en qué puede responder la evidencia y qué queda atravesado por la incertidumbre

Una mujer con suéter gris habla frente a un micrófono sobre una mesa junto a vasos de agua
El podcast Rattled puso en debate qué decisiones de crianza tienen evidencia científica y cuáles dependen de la incertidumbre de cada familia (YouTube: @goodinside)
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La presión por encontrar una respuesta correcta para cada decisión de crianza ordenó una conversación del podcast Rattled que puso en discusión cuánto pueden resolver los datos y cuánto queda librado a la incertidumbre de cada familia.

En ese episodio, la psicóloga y conductora Becky Kennedy entrevistó a una especialista que revisó dudas frecuentes sobre alimentación, apego, trabajo, pantallas y sueño en los primeros años.

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El punto de partida fue una pregunta concreta: qué temas de la crianza tienen respaldo científico y cuáles siguen dominados por percepciones, mandatos o miedos.

Una mujer sentada en un sillón amamantando a un bebé envuelto en una manta, acompañada por un hombre que la abraza y mira al bebé.
La especialista afirmó que la introducción temprana del maní entre los cuatro y los seis meses redujo un 70% las alergias al maní según un ensayo de 2015 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre ese eje, la entrevista avanzó sobre una inquietud que atraviesa a madres y padres cuando buscan respuestas en internet, en redes sociales o en herramientas de inteligencia artificial: si existe una fórmula correcta para decidir. “Queremos que haya una respuesta”, resumió la especialista al referirse a esa necesidad de validación externa.

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Qué decisiones de crianza cuentan con evidencia

En el primer tramo del intercambio, Kennedy propuso distinguir entre afirmaciones sostenidas por evidencia y otras que no podían resolverse de ese modo.

La especialista ubicó del lado de la evidencia a la introducción temprana del maní y sostuvo que, según un ensayo publicado en 2015, esa práctica se vinculó con una reducción del 70% en las alergias a ese alimento en el grupo que lo recibió entre los cuatro y los seis meses. Ante esa consigna, respondió de forma categórica: “La ciencia”.

Dos mujeres sentadas frente a micrófonos y vasos, con estantes con vajilla y una pared de mármol al fondo
La entrevista sostuvo que responder al llanto del bebé y alzarlo no lo malcría y puede ser beneficioso en la crianza (YouTube: @goodinside)

Ese ejemplo funcionó en la charla como uno de los pocos casos en los que la evidencia ofreció una respuesta definida. También sostuvo que responder al llanto del bebé y alzarlo era beneficioso, aunque advirtió que ese tipo de recomendaciones solía derivar en interpretaciones extremas.

En esa línea, rechazó la idea de que cargar demasiado a un bebé pudiera malcriarlo y planteó: “Si eso era lo que funcionaba, está bien”.

Lactancia, apego y culpa materna

Uno de los momentos más precisos de la entrevista apareció cuando Kennedy planteó si la lactancia fortalecía el apego. La respuesta fue que no hay evidencia para sugerir que los bebés amamantados estén más apegados que los alimentados de otra manera.

La Comisión de la Mujer del Congreso de Guatemala emitió un dictamen favorable unificado para crear una ley de fortalecimiento, protección y promoción de la lactancia materna.
La especialista señaló que no hay evidencia de que la lactancia fortalezca más el apego que otras formas de alimentación del bebé (Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista reconoció beneficios documentados de la lactancia, pero rechazó la idea de que fuera una condición necesaria para construir vínculo. Al momento de clasificar esa creencia, la ubicó del lado de las percepciones: “Vibras”.

A partir de esa definición, la conversación se desplazó hacia la presión que atraviesa a muchas madres durante la alimentación de sus hijos. La entrevistada describió como problemático el marco mental que convierte cada dificultad en una prueba de fracaso personal. “Si esto no funciona, soy un fracaso”, dijo al resumir una idea frecuente en esa etapa.

También sumó un ejemplo específico, el cuadro llamado DMER, que puede provocar una ola de depresión al comienzo de cada toma. En ese escenario, el episodio planteó que la experiencia emocional de la madre también forma parte del problema y no puede quedar afuera de la discusión sobre apego.

Una mujer con cabello oscuro amamanta a un bebé vestido de gris claro mientras están sentados en un sofá color crema.
El episodio advirtió que la culpa materna también atraviesa la lactancia y mencionó el DMER como un cuadro que afecta la experiencia emocional de la madre (Imagen Ilustrativa Infobae)

Trabajo, desarrollo y pantallas, tres zonas sin respuesta única

La entrevista reunió después tres debates que suelen aparecer cargados de culpa: volver al trabajo, seguir de cerca los hitos del desarrollo y usar pantallas. Sobre el regreso al empleo, la especialista dijo que la discusión quedó muchas veces atrapada en percepciones.

Aun así, diferenció entre la evidencia favorable a las licencias por maternidad y otra pregunta distinta, la de qué conviene hacer cuando el bebé ya tiene algunos meses. Allí sostuvo que los datos son muy claros en que ambas son grandes opciones y propuso pensar qué esquema laboral funciona mejor para cada hogar.

Cuatro personas cenando en un restaurante; los padres hablan por teléfono mientras los dos niños miran pantallas de tabletas encendidas sobre la mesa.
Sobre trabajo y crianza, la especialista dijo que los datos no muestran una única respuesta y que ambas opciones pueden funcionar según cada hogar (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el caso de los hitos del desarrollo, explicó que muchas veces los padres comparan a sus hijos con otros chicos en lugar de mirar rangos amplios. Puso como ejemplo el inicio de la marcha, que situó entre los siete y los 18 meses, y sostuvo que esos tiempos tempranos no anticipan por sí mismos el futuro del niño. “No necesitás ganar el juego de caminar”, planteó al aludir a esa ansiedad comparativa.

Sobre las pantallas, dijo que muchas familias las usan desde la culpa y el agotamiento, y planteó que un uso más deliberado resulta preferible a una utilización improvisada.

Más tarde rechazó también que el entrenamiento del sueño arruine al bebé y afirmó sobre esa práctica: “No, no lo estás arruinando”.

Hombre sonriente con cámara, dos niños de espaldas con sombreros en la arena, toalla, cesta, mar, faro y personas al fondo durante atardecer.
La entrevista explicó que los hitos del desarrollo, como caminar entre los siete y los 18 meses, no anticipan por sí solos el futuro del niño (Imagen Ilustrativa Infobae)

La búsqueda de certeza y el lugar de la inteligencia artificial

En el tramo final, la conversación pasó a una cuestión más amplia: por qué madres y padres buscan una certeza para cada decisión. Kennedy y su entrevistada compartieron experiencias personales en las que su conocimiento profesional no les alcanzó para atravesar momentos difíciles con sus hijos, una forma de mostrar que la información no elimina el malestar.

Sobre esa tensión, la conductora señaló que la maternidad y la paternidad combinan conocimiento con incertidumbre.

Esa idea reapareció al hablar del uso de herramientas como ChatGPT o Claude. La especialista dijo que podían servir para preguntas concretas, como verificar si un color en la materia fecal del bebé era normal. El límite aparecía cuando se las usaba para decisiones que no tenían una única respuesta.

Una mano adulta sujeta un smartphone con la pantalla encendida mostrando un símbolo de inteligencia artificial azul. Un cable grueso conecta el teléfono.
El podcast señaló que herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT o Claude pueden servir para preguntas concretas, pero no resuelven las decisiones de crianza sin respuesta única (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Aunque quisiéramos que la hubiera, en la mayoría de las elecciones difíciles no existe una sola respuesta”, sostuvo. El episodio dejó planteado que la crianza se mueve entre dos planos: el de las preguntas que la evidencia puede responder y el de las elecciones que cada familia debe resolver sin garantías definitivas.

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