
El ejercicio físico no garantiza la pérdida de peso anticipada debido a mecanismos de regulación del gasto energético en el cuerpo humano, según investigaciones recientes expuestas por National Geographic.
Aunque el entrenamiento exige dedicación, los resultados suelen no coincidir con lo proyectado por las calculadoras de calorías, lo que desafía ideas arraigadas sobre la relación directa entre actividad y reducción de peso.
El motivo principal es que el organismo ajusta su gasto energético ante el aumento de actividad física. Cuando una persona hace ejercicio, el cuerpo puede compensar esa demanda reduciendo la energía dedicada a otras funciones o haciendo más eficiente su uso, de modo que solo se quema una parte de las calorías esperadas. Así, la cantidad de peso perdida habitualmente es menor de la prevista por los modelos tradicionales.
Nuevos estudios analizados por el medio citado sugieren que este fenómeno, denominado compensación energética, impide que el gasto calórico crezca en la misma proporción que la actividad.

Por ejemplo, un análisis de 2025 mostró que, al realizar rutinas que teóricamente deberían quemar 500 calorías adicionales, los voluntarios solo aumentaron su gasto en torno a 165 calorías diarias. Esto se atribuye a que el cuerpo reduce el consumo energético en otros aspectos para mantener el equilibrio interno.
Un hito en esta línea fue el estudio de 2012 en el que científicos observaron que integrantes de una comunidad cazadora-recolectora en Tanzania quemaban, en promedio, las mismas calorías que individuos sedentarios de países industrializados, pese a recorrer grandes distancias caminando.
Este resultado reforzó el llamado “modelo de gasto energético restringido”, que sostiene que el cuerpo ajusta funciones como la digestión, la circulación sanguínea o la actividad hormonal para que el gasto diario total permanezca dentro de un margen limitado.
Cómo el cuerpo limita las calorías quemadas con el ejercicio
El modelo tradicional postula que aumentar la actividad física conlleva un gasto calórico proporcional. Sin embargo, la evidencia recopilada por National Geographic señala que la relación es más compleja.
La especialista en fisiología humana Leanne Redman, de la Universidad de Sídney, comprobó que quienes realizaban ejercicios por unas 1.800 calorías semanales bajaron de peso menos de lo que marcaban las previsiones teóricas.

Hay dos explicaciones para esta compensación. Por un lado, las personas tienden a disminuir movimientos cotidianos después de ejercitarse, como caminar menos o descansar más tiempo. Por otro, el ajuste puede darse en áreas metabólicas internas: funciones como la inmunidad o la producción hormonal se reducen para ahorrar energía.
Compensación energética y adaptaciones del metabolismo humano
El biólogo evolutivo Vincent Careau, de la Universidad de Ottawa, destaca que la compensación energética no ocurre de igual forma en todos los individuos. Algunos presentan este ajuste con claridad, mientras que otros apenas lo manifiestan, incluso en el mismo contexto experimental.
La “termogénesis no asociada al ejercicio”, que incluye pequeños movimientos como la inquietud o caminar durante una conversación, suele disminuir tras entrenamientos intensos, restringiendo el gasto total de energía.

Redman explica que, en sus estudios, solo la mitad de los participantes mostró signos claros de compensación. En estos casos, el organismo parece aprender a usar menos energía para las mismas actividades, volviéndose más eficiente. Aquellos con un gasto basal más alto tienden a mostrar este fenómeno más frecuentemente.
La experta destaca que el aumento de eficiencia es parte de la adaptación natural del cuerpo. El máximo de gasto diario se sitúa en torno a 2,5 veces la tasa metabólica en reposo, pero la mayoría de las personas permanece por debajo de ese límite.
Debate entre expertos y condiciones de la compensación
No todos los estudios confirman que la compensación energética sea inevitable. Una investigación reciente liderada por Kristen Howard, de la Universidad de Alabama, monitoreó tanto a personas sedentarias como a corredores extremos y encontró que, en ambos grupos, el gasto total de energía se incrementó de forma proporcional a la actividad física, tal como predice el modelo tradicional.

La clave está en el contexto nutricional: Howard observó que la compensación energética solo aparece cuando hay un déficit calórico sostenido, es decir, cuando las personas intentan perder peso. Si la ingesta iguala o supera el gasto, la compensación se vuelve insignificante.
Howard subraya la capacidad del cuerpo para ajustar la ingesta y el gasto calórico, lo que ayuda a explicar las escasas variaciones de peso a lo largo de los años en muchas personas. En ese estudio, ningún participante superó un gasto de unas 2,5 veces su metabolismo en reposo, como predice el modelo restringido, y la mayoría no alcanzó ese techo.
“No existe una cantidad ilimitada de calorías que se puedan consumir y gastar”, apunta Redman en declaraciones recogidas por el medio. Aunque persiste el debate, la comunidad científica coincide en que el equilibrio real se sitúa entre los modelos tradicionales y el de compensación energética.
Asimismo, Howard insiste en que la preocupación por esta compensación no debe justificar dejar de hacer ejercicio, pues los beneficios son notables.

Beneficios del ejercicio físico más allá de la balanza
Aunque el ejercicio físico no a menudo logra una gran disminución de peso, es determinante para mantener agentes como la sensibilidad a la insulina y mejorar indicadores clave de salud metabólica y cardiovascular, según han confirmado diversos estudios internacionales citados por National Geographic.
La actividad física regular contribuye a mejorar el perfil lipídico y a reducir la inflamación, lo que disminuye el riesgo de enfermedades crónicas. Los especialistas advierten que el verdadero valor del ejercicio sobrepasa su impacto en la báscula.
Los análisis coinciden en que, más allá del control de peso, mantener una vida activa es esencial para el bienestar y la salud integral.
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