
El aceite de coco se ha vuelto un ingrediente habitual en hogares de todo el mundo, presente en salteados, frituras y todo tipo de preparaciones. Sin embargo, cardiólogos citados por la revista Parade advierten que su consumo frecuente representa un riesgo concreto para la salud cardiovascular, al tiempo que ofrecen una serie de recomendaciones para cuidar el corazón desde la cocina.
El cardiólogo intervencionista Nick West es uno de los especialistas que se pronunció en contra de su uso. Según señaló, cocinar con aceite de coco —o de palma, que comparte un perfil similar— puede tener consecuencias negativas en los niveles de colesterol y, por extensión, en la salud del corazón.
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El cardiólogo vascular Rohit Vuppuluri, de la clínica Chicago Heart & Vascular Specialists, precisó que entre el 80 y el 90% de la composición del aceite de coco corresponde a grasas saturadas, lo que lo coloca entre los aceites más perjudiciales para el corazón pese a la imagen saludable que proyecta en góndolas y redes sociales.
“Si bien se lo ha llamado superalimento, consumir alimentos con alto contenido de grasas saturadas puede derivar en niveles elevados de colesterol LDL, un factor de riesgo sólido para las enfermedades cardíacas”, señaló, y agregó: “A diferencia del aceite de oliva, el de coco no ha demostrado en estudios de largo plazo que proteja el corazón”.
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El colesterol LDL —conocido como “malo”— es el responsable de la acumulación de placa en las paredes arteriales. Con el tiempo, ese proceso estrecha los vasos sanguíneos, dificulta la circulación y eleva significativamente las probabilidades de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.
Qué recomiendan los cardiólogos
Frente a ese panorama, los especialistas coinciden en que la clave está en reemplazar las grasas saturadas por grasas insaturadas. Srihari Naidu, cardiólogo y profesor de medicina en el Colegio de Medicina de Nueva York (NYMC, por sus siglas en inglés), indicó que su recomendación incluye el aceite de canola, el de girasol y el de cártamo. De acuerdo con la revista, a esa lista se suman el oliva extra virgen y el de palta, ambos asociados a una reducción del colesterol LDL y a una mejor protección del sistema circulatorio.
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Más allá del aceite, West señaló que una dieta de base vegetal es una herramienta eficaz para reducir el consumo de colesterol dietario y proteger la salud del corazón. El cardiólogo advirtió además que las carnes rojas, los embutidos y los lácteos enteros (también ricos en grasas saturadas) deberían limitarse, dado que representan un riesgo equivalente para el sistema cardiovascular.
Aun cuando se opte por estos cambios en la alimentación, West subrayó que la moderación es un principio ineludible. El propio cardiólogo alterna sus desayunos con proteínas y grasas —como huevos con palta sobre pan integral— con opciones más livianas a base de frutas, yogur descremado y granola, priorizando el consumo de fibra y vitaminas y manteniendo bajo el aporte de azúcar.
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En ese sentido, fue enfático respecto al azúcar: su recomendación es reducir su ingesta tanto como sea posible, sin perder de vista que una cantidad mínima es necesaria para funciones metabólicas básicas. El cardiólogo también advirtió que los edulcorantes artificiales —desarrollados originalmente como una alternativa más saludable— no deben considerarse una opción viable hasta que exista mayor evidencia científica, ya que parecen estar asociados a los mismos riesgos cardiovasculares que el azúcar convencional.
Para quienes acostumbran consumir bebidas azucaradas o endulzar sus infusiones, West señaló algunas alternativas que, además de reducir ese aporte, benefician la salud cardiovascular. Tanto el té negro como el verde demostraron efectos positivos sobre la presión arterial en estudios recientes, siendo el verde el más eficaz de los dos.
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El café, en tanto, es más controversial: si bien su consumo agudo puede elevar la presión arterial, el hábito moderado —entre dos y cinco tazas diarias— mostró beneficios cardiovasculares sostenidos a largo plazo. El cardiólogo también destacó otras opciones cardiosaludables: el jugo crudo de remolacha, rico en nitratos y antioxidantes, y el jugo de granada, con alto contenido de vitamina C, ambos respaldados por evidencia clínica en la reducción de la presión arterial.
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