En un episodio del podcast Office Hours, la salud intestinal ocupó el centro de la conversación de Mark Hyman, quien sostuvo que el intestino influía mucho más que en la digestión. “Cuando digo salud intestinal, no me refiero solo a la digestión”, afirmó al vincularlo con inflamación, inmunidad, hormonas, metabolismo, absorción de nutrientes, salud cerebral y estado de ánimo.
Hyman explicó que para empezar a mejorarla proponía reducir irritantes como alimentos ultraprocesados, alcohol, estrés y algunos medicamentos, además de aplicar su programa de las cinco R: retirar, reemplazar, reinocular, reparar y restaurar. También dijo que el intestino podía reflejar alteraciones a través de síntomas digestivos y no digestivos, y que la recuperación dependía más de la constancia en hábitos básicos que de suplementos “mágicos” o protocolos extremos.
El médico presentó el intestino como uno de los sistemas centrales de control de la salud general dentro de la medicina funcional. “La mayoría de la gente no se da cuenta de que todos estos problemas se remontan al mismo lugar: el intestino”, dijo al mencionar hinchazón, fatiga, niebla mental, problemas de piel, sensibilidad a ciertos alimentos, ansiedad y enfermedad autoinmune.
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“No hace falta tener síntomas digestivos evidentes para tener una alteración intestinal”, planteó Hyman. A su juicio, algunas personas tenían hinchazón o reflujo, pero en otras el problema aparecía como cansancio, dolor articular, desequilibrios hormonales o sensación de inflamación persistente.
Por qué el intestino influye en todo el cuerpo
Hyman sostuvo que alrededor del 70% del sistema inmunitario estaba “en y alrededor” del intestino. Según explicó, el sistema digestivo actuaba cada día como un centro de comunicación entre el mundo exterior y las defensas del organismo, al decidir qué se absorbía, qué se bloqueaba y qué podía representar una amenaza.
También describió una conexión constante entre el aparato digestivo y el sistema nervioso a través del eje intestino-cerebro. “Cuando la gente experimenta problemas digestivos relacionados con el estrés, ansiedad junto con síntomas intestinales, niebla mental, cambios de humor o antojos, estas cosas suelen estar más conectadas de lo que la gente cree”, afirmó.
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En su explicación, el microbioma intestinal apareció como otro eje. Hyman dijo que los billones de bacterias, hongos y otros microbios del intestino influían en inflamación, estado de ánimo, metabolismo, antojos, piel, equilibrio hormonal, función inmunitaria y procesamiento de nutrientes y toxinas.
Añadió que un intestino sano era, en esencia, un ecosistema equilibrado y resistente. Cuando ese sistema se alteraba, señaló, podían aparecer inflamación crónica, permeabilidad intestinal aumentada, deficiencias nutricionales y síntomas que no siempre parecían vinculados con la digestión.
Qué puede alterar la salud intestinal
Al pasar a los factores de riesgo, Hyman dijo que muchas personas habían normalizado molestias frecuentes como la hinchazón después de cada comida, el uso diario de antiácidos o las reacciones constantes a ciertos alimentos. “Los síntomas no son aleatorios”, sostuvo.
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Entre los elementos que, según él, dañaban el intestino, mencionó el exceso de azúcar, aceites refinados, aditivos, emulsionantes, edulcorantes artificiales y alimentos con poca fibra, además de estrés crónico, infecciones, alcohol, toxinas ambientales y falta de sueño. También citó el desequilibrio del microbioma, a veces llamado disbiosis.
Hyman dedicó otro tramo a los antibióticos y otros fármacos. Dijo que podían ser necesarios e incluso salvar vidas, pero agregó que su uso frecuente, junto con bloqueadores de ácido y antiinflamatorios no esteroideos (AINE), podía alterar con el tiempo el revestimiento intestinal, la digestión y el equilibrio microbiano.
Según su descripción, ese deterioro rara vez obedecía a una sola causa. Lo atribuyó a una acumulación de presiones sobre el organismo, como mala alimentación, estrés, poco descanso, medicamentos e inflamación sostenida.
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Las cinco medidas que propuso para empezar a reparar el intestino
En la parte práctica, presentó el programa de las cinco R y pidió “mantenerlo simple y básico”. “Curar el intestino no suele consistir en encontrar un suplemento mágico ni en seguir un protocolo extremo”, dijo.
La primera fase, retirar, consistía en eliminar lo que irritaba el intestino, desde ciertos alimentos hasta parásitos, gusanos, sobrecrecimiento bacteriano o fúngico en el intestino delgado, cuando estuvieran presentes. También mencionó que algunas personas podían beneficiarse de una dieta de eliminación como herramienta temporal para detectar desencadenantes alimentarios.
La segunda R, reemplazar, apuntaba a reponer elementos que podían faltar, como enzimas digestivas, ácido clorhídrico y fibras prebióticas. En ese punto remarcó que “los prebióticos son más importantes que los probióticos” y citó alimentos como espárragos, alcachofas, plátanos verdes y compuestos vegetales como los polifenoles.
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La tercera medida era reinocular, es decir, introducir o reintroducir bacterias beneficiosas con ayuda de probióticos. La cuarta, reparar, se centraba en el revestimiento intestinal, con apoyos como zinc, vitamina A, omega-3, ácido gamma-linolénico, glutamina, regaliz o aloe, según explicó.
Sobre los plazos, señaló que el proceso podía durar entre un mes y tres meses y que, en protocolos de reinicio intestinal, a menudo se trabajaba en un período de dos a tres meses. La quinta R, restaurar, se enfocaba en regular el sistema nervioso mediante meditación, yoga, respiración, masajes u otras prácticas para reducir el impacto del estrés físico y psicológico.