La industria del cine independiente en Estados Unidos ha registrado una nueva marca con el estreno de Backrooms: sin salida, el largometraje dirigido por Kane Parsons que en sus primeros seis días de exhibición superó los USD 100 millones en taquilla doméstica. Esta adaptación, nacida de la viralización en internet, convierte a Parsons, de solo 20 años, en el director más joven en encabezar la taquilla estadounidense y valida el modelo de franquicias sustentadas por comunidades digitales, desplazando a títulos previos como Marty Supreme en recaudación total para el sello A24. El elenco incluye a Chiwetel Ejiofor (12 Years a Slave) y Renate Reinsve (Sentimental Value), ambos nominados al Premio Oscar.
La sinopsis adelanta: “Ambientada en 1990, la película sigue a Clark (Ejiofor), un vendedor de muebles que descubre en el sótano de su tienda un portal hacia un inquietante laberinto de espacios interminables, similares a oficinas vacías. Fascinado y perturbado, convence a su empleada Kat (Lukita Maxwell) y al novio de ella, Bobby (Finn Bennett), de ayudarlo a mapear esa extensión imposible de salas y corredores de arquitectura surrealista, donde extraños ruidos sugieren que algo de otro mundo podría estar acechando”, y agrega: “Cuando Clark desaparece, su terapeuta, la Dra. Mary Kline (Reinsve), termina adentrándose ella misma en los Backrooms en busca de respuestas y una salida”.
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El lanzamiento consolidó a Backrooms como el mayor éxito financiero de la historia del estudio, con 144 millones de dólares a nivel global y una apertura local que triplicó la cifra récord anterior del estudio (25,5 millones de Civil War, 2024). La cifra se amplificó tras un cálculo preciso de la audiencia: el 88% de los espectadores tiene menos de 35 años, posicionando a la Generación Z y los colectivos emergentes de la red como principal motor de convocatoria hacia el cine presencial. En Argentina, la película atrajo en su semana inicial a 183.222 asistentes, ubicándose en el puesto 14 del ranking año y superando a competidoras directas en el género de terror.
En términos de industria, Backrooms responde a un nuevo estándar: es una producción con presupuesto de USD 10 millones gestada por un joven realizador sin formación tradicional en los canales de Hollywood y respaldada por A24 tras el fenómeno de sus cortos en YouTube. El rodaje, ejecutado en Vancouver bajo el título provisional “Effigy”, incluyó la construcción de un set de 2.800 metros cuadrados basado en los diseños que Parsons modeló con herramientas como Blender, replicando la atmósfera opresiva que había capturado originalmente en su serie web viral, que acumula más de 200 millones de visualizaciones.
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El fenómeno digital redefine la estrategia de los estudios
El trayecto de Backrooms sintetiza la tendencia creciente en la industria de apostar por propiedades intelectuales nacidas de foros, plataformas y contenido generado por usuarios. El proyecto tuvo su punto de partida en 2019, cuando una imagen anónima difundida en 4chan sobrepasó el ámbito de los creepypastas y se instaló en la cultura digital global, traduciéndose luego en una serie de YouTube creada por Parsons—entonces de 17 años—que marcó el salto del realizador a la atención de ejecutivos de la industria.
La decisión de conceder a Parsons control creativo total fue condición para su fichaje: el cineasta negoció directamente mientras finalizaba sus estudios secundarios. Durante el rodaje circularon versiones sobre la intervención de directores fantasma, teoría que fue descartada por el productor y actor Mark Duplass, quien confirmó que Parsons lideró todos los aspectos técnicos y artísticos del set.
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La narrativa, adaptada junto al guionista Will Soodik (colaborador en Westworld), abandonó el formato de “metraje encontrado” de los originales para centrarse en una lógica emocional y surrealista, explorando dimensiones psicológicas asociadas al trauma y la disolución de la memoria. En este movimiento, Backrooms se alineó con otras franquicias recientes como Iron Lung y Obsesión, casos referenciados en la industria por su rápida conversión de fenómeno digital a producto de alto rendimiento en taquilla (Iron Lung, también impulsada por YouTubers, superó los USD 50 millones globales; Obsesión se transformó en el mayor suceso de Focus Features con USD 105,7 millones).
Backrooms como caso de estudio en la convergencia cine-redes
El éxito de Backrooms ha provocado interés sobre la capacidad de los estudios para captar talento y reconvertir comunidades online en franquicias de alcance mundial. Hollywood ha incrementado su observación sobre cineastas emergentes de procedencias no tradicionales: el productor ejecutivo Chris White detectó el trabajo de Parsons tras la recomendación de su hijo adolescente, lo que aceleró el contacto con el estudio para concretar el acuerdo.
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En términos de presencia digital, Backrooms suma más de 31 millones de visualizaciones con su tráiler en línea y 30 mil millones de interacciones sobre el concepto en plataformas como TikTok, que aceleran su penetración en la generación Z. La estrategia de A24 consideró este capital preexistente: tanto el foro de Reddit, con 350.000 suscriptores, como las versiones en videojuegos (experiencias en Steam y Roblox) contribuyeron al interés multipantalla antes del estreno.
El estudio mantiene conversaciones activas con Parsons para expandir Backrooms en formato de antología tras el suceso del largometraje. No existe a la fecha confirmación sobre fecha de rodaje ni elenco para una secuela, pero el desarrollo se encuentra en fase de concepto, con proyección de franquicia y una mesa de productores que integran James Wan, Michael Clear, Roberto Patino, Shawn Levy, Dan Cohen, Dan Levine, Osgood Perkins, Chris Ferguson, Peter Chernin, Jenno Topping y Kori Adelson.
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De meme a franquicia: modelo financiero, estética y perfil de público
El dato singular que ha definido la conversación de industria esta semana es el múltiplo de recaudación: la película obtuvo ocho veces su costo en su primer fin de semana, cifra inédita para un debutante de 20 años y para una propiedad intelectual generada fuera de los canales tradicionales. El misterio en torno a la foto original, atribuida por largo tiempo a escenarios sobrenaturales, fue resuelto y se confirmó su origen en una mueblería de Wisconsin durante una remodelación en 2002, un dato que aportó nueva legitimidad al fenómeno tras años de especulación y narrativas urbanas.
La apuesta conceptual de Backrooms capitaliza el interés por espacios liminales, un tropo recurrente en la ansiedad contemporánea, y acerca a las majors a un segmento de público joven reacio a propuestas tradicionales, en un contexto en el que el formato presencial compite con el consumo bajo demanda. Tanto la productora A24 como la comunidad online han validado la sostenibilidad del modelo: presupuesto controlado, narrativa anclada en lo retro y participación activa de un público que contribuye, con su viralidad, a la construcción de futuros proyectos y secuelas.
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La estrategia de franquicia basada en digital-first, que ya analiza para futuras propiedades A24 y otras compañías, se ha consolidado con el fenómeno Backrooms: un caso de estudio en el aprovechamiento del capital viral, la gestión directa de talento emergente y el diseño de campañas multiplataforma que convierten lo marginal en el nuevo mainstream.
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