
Este miércoles, a las 18, el nuevo ministro de Desarrollo Productivo, Daniel Scioli, jurará en su cargo en una ceremonia que tendrá lugar en el Museo del Bicentenario, ubicado en la Casa Rosada. Su llegada al Gabinete no pasa desapercibida. Arriba en un momento donde la coalición está quebrada, pero existe una suerte de tregua dialéctica que genera un mínimo de tranquilidad.
La llegada de Scioli impacta de diferentes maneras en el Gobierno. El ex embajador en Brasil será el reemplazante del desplazado Matías Kulfas y pasará a integrar el equipo de los ministros cercanos al Presidente. Fiel y comprometido con la gestión de Fernández, no hay dudas sobre en qué lugar del mapa peronista se parará.
En gran medida, según indican en su entorno, el ex gobernador aceptó con rapidez la oferta de sumarse al Gabinete por la estrecha relación que lo une a Alberto Fernández. Estaba cómodo en Brasil, donde logró encausar una relación compleja para la Argentina como es el vínculo con el gobierno de Jair Bolsonaro, un mandatario que está en las antípodas del presidente argentino.
En la tarde del martes el ex vicepresidente fue recibido en el Ministerio de Economía por Martín Guzmán y el titular del Banco Central, Miguel Pesce, con quienes quedaron en coordinar políticas macroeconómicas y productivas, con el objetivo de fortalecer el crecimiento de la economía y la generación de empleo. Fue la bienvenida oficial.
Scioli siempre ha sido resistido por el kirchnerismo y la mirada de ese espacio sobre su figura no ha cambiado demasiado. La muestra más clara son las palabras que le dedicó Máximo Kirchner en uno de los últimos actos que encabezó en Quilmes.

“Hay algo que a uno lo cansó por demás. Tal organización, tal otra....dicen que así vamos a perder como en el 2015. Nos rompimos el lomo y el alma para ganar en el 2015. No tuvimos la idea de nombrar un gabinete en el medio de una elección. Fue una decisión de quién era candidato. Insólita”, sostuvo.
En esa línea, agregó: “Nosotros no somos los que nos fuimos en el medio de la elección afuera del país a hacer otra cosa mientras pasaban cosas. Nos quedamos peleando acá en todos los distritos, en todas las provincias y en todos los barrios. Cada uno se tiene que hacer cargo de las cosas”.
Fue claro y contundente. Sin márgenes para múltiples interpretaciones. Se refirió a la elección presidencial del 2015 y a Daniel Scioli, que fue el candidato del peronismo que enfrentó a Mauricio Macri. En ese momento, como gobernador de Buenos Aires, hizo cambios en el ministerio de Economía y viajó a Italia en el medio de la campaña.
La Cámpora nunca, durante todo el proceso electoral, lo respaldó en su máxima expresión. No lo querían como candidato, pero las valores positivos de las encuestas los obligaron a quererlo. En el peronismo reconocen ese hecho histórico sin demasiadas contradicciones. Incluso algunos le facturan a la agrupación ultra k y la Vicepresidenta el triunfo del PRO.
A Scioli le hicieron un fuerte vacío electoral y, previamente, lo estrangularon económicamente en la bajada de fondos del gobierno nacional al provincial. El regreso del ex motonauta al Gobierno no convence al kirchnerismo duro, pero, por el momento, no han militado en su contra.

Tres semanas atrás, cuando no estaba en los planes de Fernández echar a Matías Kulfas, el entonces embajador en Brasil se reunió con Cristina Kirchner en el Senado para contarle su balance sobre la gestión en el país vecino y los acuerdos que estaba gestionando en materia de producción. Que la Vicepresidenta lo haya recibido fue un gesto de distención en una relación compleja.
Scioli siempre se aferró a la fidelidad política como principal virtud. Nunca rompió con los Kirchner. Ni siquiera en el peor momento del vínculo y pese a que su entorno se lo recomendaba. Similar al camino que recorrió Alberto Fernández en estos últimos años. Pese a padecer su relación con Cristina y Máximo Kirchner, nunca estuvo realmente dispuesto a quebrar la coalición.
En el pasado también está anclada la rivalidad con Sergio Massa, con el que tiene una relación fría al día de hoy, consecuencia de una alianza política que no fue y una postura pública que no ocurrió, de parte del entonces gobernador, sobre el robo que sufrió el líder del Frente Renovador en su casa de Tigre.
Volvieron a hablar en el acto de la UOCRA que encabezó el Presidente en Esteban Echeverría y en el que ambos fueron a poner la cara para brindarle apoyo político en un contexto de absoluta debilidad. En los últimos días cruzaron algunos chats. La relación está en un proceso de descongelamiento.
Scioli quiere hablar con el presidente de la Cámara de Diputados para consultarle sobre el estado parlamentario de dos proyectos puntuales: electromovilidad y agroindustria. Le pidió verlo el próximo jueves. Ese mismo día Massa lo recibirá en su despacho de la Cámara baja.

El futuro ministro arrancó su gestión en Brasil, donde en sus últimos días como embajador empezó a estudiar la dinámica del ministerio que controlará a partir de hoy. Quién es quién en la estructura política y administrativa de la cartera de Desarrollo Productivo. Decidió en ese momento que desembarcará con un pequeño grupo de funcionarios propios e incondicionales.
La mayoría de los funcionarios seguirán siendo los que estaban trabajando con el ministro saliente. Scioli pondrá un nuevo Jefe de Gabinete de Asesores, un secretario privado, un secretario de comunicación y dos asesores. Ese es el grupo selecto que lo acompañará. Habló en un par de oportunidades con Kulfas y se lo deslizó.
Dentro del Gobierno su llegada al Gabinete tuvo, mayoritariamente, una recepción positiva. “Daniel es un dirigente que siempre estuvo vinculado a la producción. Su arribo nos da volumen político”, destacó uno de los ministros más encumbrados. Otro, cercano al Presidente, afirmó: “Nos va a dar más visibilidad en la gestión”.
“Suma músculo al Gobierno”, sostuvo un funcionario de diálogo fluido con el jefe de Estado. En esa línea también se expresó uno de los diputados oficialistas más importantes. “Daniel siempre suma. Se va a parar sobre una agenda en marcha y la novedad del cambio va a ayudar a que esté más visible. Cuando vaya a las provincias va a ser un hecho político”.
En el círculo de confianza de Alberto Fernández sostienen que Scioli le dará “una mayor envergadura al Gabinete” y destacan su “experiencia” y su “impronta” hiperactiva. Advierten que tendrá que lidiar con los empresarios pero que es un desafío que puede superar.

Admiten que también tendrá un rol en la interna política del Gobierno. Su desembarco, junto con el de Agustín Rossi en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), le sirven a Fernández para engrosar un esquema que lo contenga y lo defienda de los cuestionamientos del kirchnerismo. Scioli, aunque con un discurso más moderado, jugará en esas filas.
Sin embargo, hay quienes le bajan el precio a su llegada y al impacto real que generará su figura sobre el funcionamiento del Gobierno. “En la lógica de la interna va a sumar, pero en el plano de la política va a ser muy poco lo que agregue”, indicó un funcionario con despacho en la Casa Rosada.
En tanto, un albertista puro, cada día más decepcionado con el Presidente, cree que Fernández decidió “volver al primer kirchnerismo para aguantar” hasta el final del mandato, en referencia a la llegada al Gabinete de Aníbal Fernández, Agustín Rossi, Daniel Filmus y Jorge Taiana.
Aunque lo niega, y lo negará en público cada vez que se lo pregunten, Scioli tiene entre ceja y ceja la candidatura presidencial del 2023. Quiere una revancha y está dispuesto a competir con el que sea, menos con Alberto Fernández. Solo jugará en los próximos comicios si el Presidente decide no hacerlo.
Para que Fernández no pueda competir por la reelección, los números de las encuestas tienen que ser absolutamente negativos. Si ese escenario se presenta en el primer trimestre del próximo año - tiempo de definiciones electorales - el propio Presidente podría impulsar la candidatura de Scioli.
Esa hipótesis hace tiempo que está latente en las arterias peronistas y se reforzó con la elección del ex gobernador para llegar al ministerio de Desarrollo Productivo. Hay quienes la leyeron como un movimiento anticipado de Fernández para que Scioli pueda ganar volumen político y de gestión en la antesala de los comicios presidenciales.
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