
Guionista de filmes memorables como Amores perros, 21 gramos y Babel —con los que fue nominado al Óscar—, y autor de novelas como Escuadrón Guillotina, El búfalo de la noche y Salvar el fuego, Guillermo Arriaga es una de las voces más intensas de la narrativa contemporánea en español.
Días antes de presentar su más reciente novela El hombre en la Feria Internacional del Libro de Lima 2025 y de participar en un conversatorio en el auditorio José María Arguedas, Infobae Perú conversó con él sobre su proceso de escritura, la estructura múltiple de su nuevo libro y esa necesidad —casi involuntaria— de volver siempre a los temas que lo obsesionan: la violencia, la redención, el dolor. Con la honestidad que lo caracteriza, nos habló del arte de escribir sin mapa y del poder de dejarse llevar por la historia.

Cuéntanos sobre el libro que acabas de publicar: El hombre
La historia se ubica en el siglo XIX, así que, evidentemente, no viví esa época. La novela comienza hace poco más de 200 años, transcurre en distintas etapas de ese siglo y salta después al año 2024. Narra la historia de Henry Loyd, quien crea un imperio y los distintos puntos de vista terminan convergiendo en él.
Sin embargo, cada historia tiene su propio recorrido, tanto exterior como interior, y cada voz tiene un lenguaje distinto, no solo en vocabulario, sino en sintaxis, puntuación, ritmo y tono. Quise que quedara claro que son personas diferentes hablándole al lector. Los personajes, aunque acaban vinculados, no están solo para contar la vida de Henry Lloyd.
¿Cómo abordaste el reto de mantener la coherencia narrativa en un texto con múltipes voces?
No lo sé con exactitud. No suelo planear las novelas. Lo he comentado antes: no construyo una novela, se me revela. Me siento a escribir sin saber muy bien hacia dónde voy y la estructura, las voces y los personajes surgen a medida que trabajo.
Escribo como lector; regreso a la computadora porque quiero saber qué sigue. Procuro estar al servicio de la historia y trato de intuir qué necesita. Así empecé con un personaje que creí que no tenía relación con el libro y, después, surgieron otras voces y personajes. El proceso no fue planeado, todo ocurrió de manera espontánea.

¿Qué te resulta más desafiante, escribir un guion o una novela?
Para mí, ambos son literatura y dedico el mismo esfuerzo al lenguaje, la estructura y la creación de personajes. He intentado que mis guiones tengan una textura novelística. Lo que escribo para cine no sigue una estructura tradicional de tres o cinco actos. Me interesa explorar las posibilidades narrativas del cine desde la perspectiva de la novela.
Tus guiones abordan temas como el dolor, la venganza, la violencia y la redención. ¿Por qué te interesa explorar estos temas?
No tengo una respuesta clara. Ernesto Sábato decía que uno no elige sus obsesiones, ellas te eligen a ti. No decido racionalmente los temas que abordo, ni soy siempre consciente de que los estoy tocando. A veces trato de evitarlos, pero terminan apareciendo. El inconsciente es quien escribe, no el raciocinio. El proceso es complejo, incluso para uno mismo, y no puedo explicar por qué regreso a esos temas.
¿Has pensado en escribir sobre otras temáticas?
Escribo lo que me dicta el inconsciente. He intentado abordar cosas más ligeras, pero por alguna razón la historia termina yendo hacia esos otros caminos. No sé si eso es una ventaja, una cárcel o un defecto, pero intento entenderlo, aunque no encuentro una explicación.

¿Hay algún libro de los que has escrito que elijas como tu favorito?
Siempre respondo que el mejor será el siguiente. Cuando me preguntan por mi libro favorito, digo que será el próximo. Cada libro lo escribí en una etapa distinta de mi vida y hoy no soy la misma persona que escribió Retorno 201 a los 24 años o El hombre a los 66. Cada libro representa a quien fui en ese momento, por eso no puedo elegir uno.
¿Qué consejo le darías a un joven que empieza a escribir novelas, poemas o ensayos y quiere ser escritor?
Puede sonar obvio, pero el mejor consejo es sentarse a escribir. No hay un método más efectivo. Además, hay que terminar lo que se empieza. Hemingway decía que el primer borrador siempre es malo, así que no hay que juzgarse. El trabajo está en la corrección y la reescritura. No deben ser demasiado duros consigo mismos y tienen que atreverse a explorar su propia novela.
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