
Las lluvias ligeras continuarán registrándose en Lima Metropolitana durante las mañanas, al menos durante los primeros días de la semana entrante, de acuerdo con el pronóstico del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), emitido para diversas zonas de la capital.
El pronóstico destaca que estas condiciones forman parte del comportamiento típico del invierno limeño, caracterizado por una alta humedad y presencia frecuente de neblina o garúa en zonas de la capital, especialmente en sectores ubicados al este.
En Lima se suele decir que “no llueve, solo hay garúa o llovizna” o se usan estas tres palabras como si fueran sinónimos. Sin embargo, meteorológicamente estos tres fenómenos tienen diferencias claras, y comprenderlas ayuda a tener mayor precisión al hablar del clima. Dado que la mayoría de personas confundimos estos términos, es importante diferenciarlos correctamente para describir con exactitud lo que ocurre en el cielo limeño.
Lluvia, llovizna y garúa

La lluvia es la precipitación clásica: gotas de agua líquida con diámetro superior a 0,5 mm que caen desde nubes grandes como los nimbostratos. Puede tener intensidad variable: desde débil (menor 2 mm/h), moderada (de 2 a 15 mm/h), hasta muy fuerte o torrencial (mayor a 30 mm/h). La lluvia recarga acuíferos, ríos y es fundamental para los ecosistemas. En Lima es extremadamente rara: el promedio anual es de solo 7 mm, uno de los más bajos del mundo para una capital.
La llovizna consiste en gotas muy finas (menores a 0,5 mm), caen lentamente y parecen flotar. Su intensidad es baja (menos de 1 mm/h), pero puede persistir por horas o días. En Lima, las lloviznas ocurren con frecuencia en invierno y a veces logran acumular 1 mm o más, como ha sido reportado en distritos como Jesús María.
La garúa es una llovizna particularmente fina, persistente y asociada a nubes estratos bajas o neblina costera. En Lima durante invierno (junio a octubre) es el patrón climático dominante, generando humedad constante y nubosidad densa, aunque apenas moja el suelo. Se le considera un tipo de llovizna muy ligera, vinculada al sistema climático costero debido a la corriente de Humboldt.
Diferencia entre lluvia, llovizna y garúa

- Lluvia: gotas grandes, intensidad variable, agua significativa.
- Llovizna: gotas finas, baja intensidad, puede acumularse con el tiempo.
- Garúa: forma especial de llovizna muy ligera y persistente, típica del invierno limeño.
Entender estas diferencias permite describir mejor el clima, elegir mejor cómo protegerse y valorar la singularidad del clima de Lima: un desierto costero húmedo, donde no llueve en sentido estricto, pero la humedad permanece gracias a la garúa.
¿Qué es lo que ocurre en Lima: lluvia, llovizna o garúa?
En Lima, la precipitación dominante no es lluvia convencional, sino garúa, y ocasionalmente llovizna más notable. Las lluvias intensas, como chubascos o aguaceros, son casi inexistentes y solo se presentan en situaciones extremas como El Niño.

Lima recibe menos de 20 mm de precipitaciones anuales, principalmente en forma de garúa, y una llovizna intensa (más de 1 mm) se considera inusual. La constante humedad y nubosidad generan la sensación de “lluvia”, aunque en realidad se trate de garúa o llovizna ligeras.
Cómo protegerse de la lluvia, la llovizna y la garúa
- Lluvia: usar paraguas o impermeables, botas de goma y evitar zonas inundables.
- Llovizna: vestir ropa sintética que se seque rápido; un cortavientos o chaqueta liviana puede ser suficiente.
- Garúa: protección con una ligera capucha o gorro; usar calzado cerrado para evitar pies húmedos; llevar un paraguas plegable solo si la garúa es persistente.
Además, en caso de lluvia fuerte, es importante prever drenaje urbano y estar alerta a inundaciones; en llovizna o garúa largas, evitar exposición prolongada, pues la humedad puede afectar la salud.
Accidentes bajo la lluvia, la llovizna y la garúa
La lluvia, la llovizna y la garúa pueden provocar diversos accidentes si no se toman precauciones. En las vías, aumentan el riesgo de derrapes, colisiones y pérdida de control vehicular debido al asfalto resbaladizo. Los peatones pueden sufrir caídas por superficies mojadas o mal pavimentadas. Además, la visibilidad se reduce, lo que incrementa la posibilidad de atropellos o choques. En zonas urbanas, pueden ocurrir cortocircuitos por filtraciones de agua en instalaciones eléctricas. La acumulación de agua también genera inundaciones, afectando la infraestructura y facilitando accidentes domésticos. Es fundamental mantener la precaución y utilizar el equipo adecuado en condiciones húmedas.
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