
En el Perú, la discriminación es como una enfermedad crónica que no se cura con el paso del tiempo. Es un mal que se perpetúa, disfrazado de costumbre, donde la gente de “provincia” sigue siendo vista como inferior, y los pueblos indígenas son tratados como si sus raíces fueran un lastre. Mientras unos se envuelven en una falsa superioridad limeña, olvidan que la esencia del país está en su diversidad, y que los verdaderos peruanos son todos.
Esta problemática fue detectada por José María Arguedas desde niño, al observar la injusticia con la que se trataba a los indígenas. Pero él no solo fue espectador; también sufrió discriminación en su colegio e incluso en su propio hogar.
Arguedas Altamirano nació el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas, en la sierra sur del Perú, en el seno de una familia criolla. A los dos años y medio quedó huérfano de madre, y su padre, abogado y viajero, apenas estaba presente en su vida. La relación con su madrastra fue compleja, ya que ella lo maltrataba junto con su hermanastro.

Su hermanastro también humillaba a Arguedas. En una ocasión, le arrebató el plato de comida, se lo arrojó a la cara y, con desdén, le espetó la cruel frase: ‘No vales ni lo que comes’. Humillado, el escritor en ciernes corrió al campo, se tiró al suelo y, entre lágrimas, rogó a Dios que le enviara la muerte.
En el colegio, la discriminación no solo le tocó la puerta, sino que entró sin piedad. Pero en lugar de ceder a la tristeza, el estudiante encontró en el desprecio un combustible. Decidió no llorar por su suerte ni rendirse ante la burla, sino enfrentarla con una feroz determinación: demostrar, con cada palabra y acción, que su mente era un campo muy fértil.

La respuesta de Arguedas ante la discriminación en el colegio
En 1926, José María Arguedas emprendió su traslado a la costa, junto a su hermano Arístides, para iniciar sus estudios secundarios en el colegio San Luis Gonzaga de Ica, un cambio que lo alejó de la sierra que había sido el centro de su vida hasta ese momento. La transición no fue fácil; la costa lo recibió con una indiferencia gélida, propia de quienes se sienten superiores por el simple hecho de nacer en la costa.
En ese ambiente hostil, Arguedas experimentó de primera mano el desprecio hacia los serranos. No solo los compañeros de clase, sino también el personal administrativo, se encargaron de humillarlo. Cada gesto despectivo, cada palabra cargada de prejuicio, lo empujaron a forjar una resistencia que solo la adversidad pudo moldear.
Pero, ¿qué sucedió en el colegio de Ica? En el marco del Primer Encuentro de Narradores, celebrado en Arequipa en 1965, el autor de “Los ríos profundos” contó el acto discriminatorio que vivió dentro de su escuela.

Cuando nuestro compatriota cursaba la secundaria, en Ica se veía al que cantaba un huayno como a un sirviente. Lo europeo era considerado superior, mientras que lo indígena se percibía como algo malo y vergonzoso.
La penosa experiencia que vivió el originario de Andahuaylas fue inmortalizado en el libro “Batallas infernales de José María Arguedas: Vida, folklore y educación intercultural”, escrito por el magíster en historia y filosofía Samuel Villegas Páucar. “El enorme cúmulo de experiencias durante su niñez saldría a relucir a partir de su decisión de escribir. A decir de Pinilla, luego que Arguedas llega por primera vez a la costa vive dos experiencias decisivas: en Ica sufre en carne propia el racismo y el autoritarismo típico, lo cual ‘motiva su conducta y empieza a moldear el proyecto de escritor’ (Pinilla, 1994: 49)”, señaló.

Por otro lado, Villegas Páucar citó a la investigadora Carmen María Pinilla para señalar que las excelentes calificaciones del recién llegado al colegio de Ica fueron recibidas con sorna.
En el libro consultado se señala que el escritor habría tenido otro motivo para sacar 20 en varios cursos de la escuela. “(...) Sufre el rechazo amoroso de Pompeya, a quien había dedicado unos acrósticos, ásperamente rechazados por venir de un ‘serrano’. El repudio a la carta habría sido trascendental (Pinilla, 1994: 50)”, indicó. Es importante señalar que Arguedas no relató ninguna historia relacionada con la muchacha iqueña.
Finalmente, es menester dar a conocer que el novelista nunca fue tratado como serrano en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Al ingresar a la Facultad de Letras de esta prestigiosa casa de estudios, fue recibido con cordialidad y respeto por parte de sus compañeros. Entre ellos se encontraban los futuros filósofos Luis Felipe Alarco y Carlos Cueto Fernandini, así como los poetas Emilio Adolfo Westphalen y Luis Fabio Xammar.
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