Geografía de las brechas laborales de género

A nivel nacional, casi siete de cada diez varones participan del mercado de trabajo, mientras que entre las mujeres lo hace poco más de la mitad (53%). Pero hay una dimensión que suele quedar fuera de la conversación: las cifras muestran con claridad que el género y el territorio siguen condicionando las oportunidades laborales en la Argentina

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Las desigualdades de género en
Las desigualdades de género en el mercado laboral no se distribuyen de manera uniforme en el país

Cada 8 de marzo vuelve una discusión necesaria: las brechas de género en el mundo del trabajo. El diagnóstico suele repetirse y, sin embargo, el problema persiste. En Argentina, las mujeres participan menos del mercado laboral, tienen más dificultades para conseguir empleo y, cuando lo logran, con mayor frecuencia lo hacen en condiciones informales.

Pero hay una dimensión que suele quedar fuera de la conversación: el territorio. Las desigualdades de género en el mercado laboral no se distribuyen de manera uniforme en el país. También tienen geografía.

Los datos más recientes del INDEC muestran que la brecha entre varones y mujeres en la participación laboral aparece en todas las regiones, aunque con intensidades distintas. A nivel nacional, cerca de siete de cada diez varones participan del mercado de trabajo, mientras que entre las mujeres lo hace poco más de la mitad (53%). Esa diferencia —de alrededor de 17 puntos porcentuales (p.p.)— se replica en todo el país, pero es especialmente marcada en regiones como el Cuyo (20.9 p.p.), el NEA (19.8 p.p.) y el NOA (19.6 p.p.)

La brecha también aparece cuando se mira el empleo efectivo. Mientras que aproximadamente dos tercios de los varones tienen trabajo, entre las mujeres la proporción se ubica cerca de la mitad, con tasas de empleo del 48,7% al 58,4%. Nuevamente, las diferencias más amplias se concentran en regiones del norte y del oeste del país. Las brechas van desde 14 a 21,4 puntos porcentuales.

En materia de desempleo, el panorama es algo más heterogéneo. En algunas regiones, las mujeres registran tasas de desocupación sensiblemente más altas que los varones: Cuyo (brecha de 2,3 puntos porcentuales) y GBA (2,8 p.p.). En otras zonas la distancia es menor (en Patagonia, por ejemplo, es de 0.5p.p. al igual que en el NOA), aunque la tendencia general se mantiene: las mujeres enfrentan mayores dificultades para acceder a un empleo.

La informalidad completa el cuadro. En todas las regiones del país las mujeres trabajan en mayor proporción en empleos no registrados con porcentajes que van desde el 38,2% (en Patagonia) al 49,5%. (en Cuyo) A nivel nacional, cerca de cuatro de cada diez mujeres ocupadas están en la informalidad, una cifra 3.1 p.p mayor a la de los varones.

Estas brechas no sólo reflejan desigualdades en el acceso al trabajo. También revelan una intersección entre dos problemas estructurales de la Argentina: la desigualdad de género y la desigualdad territorial.

Cuando el mercado laboral ofrece menos oportunidades, las mujeres suelen ser las primeras en quedar relegadas. Esto ocurre por múltiples factores: la persistente distribución desigual de las tareas de cuidado, las menores oportunidades de inserción en sectores dinámicos de la economía, la escasa disponibilidad de servicios de cuidado infantil o las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. En contextos regionales, donde el tejido productivo es más limitado y los empleos formales son escasos, estas barreras se amplifican.

Esto cobra todavía más relevancia en un marco de discusión pública sobre el mercado laboral y el desarrollo en Argentina, donde el debate se centra en sectores de alta productividad que tienen una fuerte presencia en las economías regionales. Sin embargo, esos sectores siguen siendo marcadamente masculinizados, por lo que se vuelve necesario incorporar una mirada de género para que las brechas laborales no se profundicen.

Por eso, hablar de desarrollo regional también implica hablar de género. Reducir las brechas laborales entre varones y mujeres no es solamente una cuestión de equidad. También es una oportunidad económica. Diversos estudios muestran que una mayor participación femenina en el mercado de trabajo impulsa el crecimiento, mejora los ingresos de los hogares y fortalece la productividad de las economías.

En otras palabras, ampliar las oportunidades laborales para las mujeres no solo mejora su autonomía económica y el ejercicio de sus derechos, sino que también puede convertirse en un motor de desarrollo para las regiones.

Avanzar en esa dirección implica enfrentar barreras estructurales que atraviesan todo el país. La redistribución del trabajo doméstico y de cuidados, la expansión de servicios de cuidado accesibles, la ampliación de licencias familiares, la promoción del empleo femenino en sectores dinámicos de la economía y las estrategias de formalización laboral son algunas de las herramientas posibles.

Pero también requiere incorporar una mirada federal a la agenda de igualdad. Las políticas que buscan reducir las brechas de género no pueden diseñarse de espaldas a las diferencias productivas y sociales que existen entre regiones.

Las cifras muestran con claridad que el género y el territorio siguen condicionando las oportunidades laborales en la Argentina. Y mientras esas desigualdades persistan, el desarrollo seguirá siendo incompleto.

Porque cerrar brechas de género no es solo una agenda de derechos. También es una condición para construir un país con más oportunidades, más crecimiento y mayor equidad territorial.