
En apenas seis meses, dos anuncios impactaron al sector mayorista y la comercialización de productos de consumo masivo: Carrefour decidió retirarse del país y se vendió Makro. Si bien ambas compañías atribuyeron estas decisiones a “cambios estratégicos en la región”, la realidad es más incómoda: la Argentina se ha vuelto un territorio incomprensible e inviable para empresas que operan bajo protocolos globales. Un país complejo, con cambios de reglas constantes, falta de previsibilidad y “costos ocultos”.
El sector mayorista argentino está conformado en su mayoría por empresarios nacionales pymes que, a diferencia de las multinacionales, subsisten acostumbrados a operar bajo un entorno de inestabilidad económica, falta de previsibilidad y cambios permanentes de reglas, en donde generaron una reacción rápida y preventiva de traslado a precio en el día a día, para poder sostenerse y proteger su capital de trabajo.
Un ejemplo paradigmático es el aporte obligatorio al Instituto Argentino de Capacitación Profesional y Tecnológica para el Comercio (Inacap), una carga impuesta de $8.500 mensuales por cada empleado de Comercio con el fin de capacitar, aunque nunca se capaciten. Este aporte se había vuelto voluntario por Decreto hace pocos meses, a pedido de CADAM y la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), entre otras entidades. Sin embargo, fue reimplantado por una medida cautelar, aunque no hay información de acceso público para saber en qué y cómo gastan el dinero, pero insisten en cobrar un servicio que debería ser voluntario y no obligatorio.
Argentina tiene una de las cargas impositivas más altas y distorsivas del mundo que se suman al precio final de un producto
A eso se suma que aún, insólitamente, sigue siendo obligatoria la contribución solidaria mensual por COVID-19 por cada empleado, aunque ya nadie en el mundo hable de la pandemia y hasta seguros obligatorios de retiro dirigidos a una empresa, donde el empleado no resulta ser precisamente el principal beneficiado.
¿Por qué Argentina es cara y desalienta las inversiones?
El boom de compras al exterior por tiendas online y la larga filas de autos que cruzan a países limítrofes en búsqueda de mejores precios (generando caídas en la comercialización que afectan al comercio local y provocan quebrantos, ante la falta de posibilidad de reestructurar las empresas frente a un modelo de leyes laborales que no les permite competir), reabre el debate del “costo argentino”.
Lo primero que hay que entender es que todos los costos se trasladan al precio final y quien termina pagándolos es siempre el consumidor, aunque muchos lo nieguen.
1. Costos laborales y cargas únicas en el mundo
Estos “costos ocultos” en paritarias le quitan al trabajador el equivalente a un aguinaldo anual, sin que lo perciba directamente. Se trata de una serie de contribuciones obligatorias (no siempre transparentes) por ejemplo, para cada empleado de comercio: Aporte sindical obligatorio, 2,5%; Asesoramiento sindical obligatorio, 0,5%; Contribución solidaria por COVID-19, $5.500; Aporte al Instituto Argentino de Capacitación Profesional y Tecnológica para el Comercio (Inacap), $8.500; Seguro de retiro, 2,5 por ciento.
Todas estas cargas recaen sobre el costo laboral e impacta en el salario del empleado (aunque lo aporta el empleador) y le quitan poder adquisitivo.
2. Presión impositiva extrema
Argentina tiene una de las cargas impositivas más altas y distorsivas del mundo que se suman al precio final de un producto: 8,7% de Tasas municipales (empresas, 1,5%; mayoristas, 1,2%; supermercados y cadenas, según municipio, 6%), 12,5% de Ingresos Brutos (proveedores, 1,5%; mayoristas, 5,5%; supermercados y cadenas, 5,5%); 3,6% de Impuesto al débito y crédito bancario (aplicado en cada etapa: fábrica, mayorista, supermercado) y 21% de IVA (Impuesto al Valor Agregado) directamente sobre el precio final al consumidor.
Los “costos ocultos” en paritarias le quitan al trabajador el equivalente a un aguinaldo anual
Es decir, casi la mitad de un producto de consumo masivo de primera necesidad son impuestos.
3. Logística y costos financieros
A esto hay que sumarle que el transporte interno en Argentina puede ser más caro que enviar un producto a otro continente.
Pero solo considerando los dos primeros puntos (costos laborales y carga impositiva), se puede llegar a un sobreprecio del 52,8% en el valor final de cualquier producto. Si además sumamos el alto costo interno de tasas bancarias (de hasta 42%) y comisiones de las tarjetas de hasta 2,2% por cada compra, estos son algunos de los motivos por los que Argentina es cara en su propia moneda, sólo comparándola con nuestros países vecinos.
El autor es vicepresidente CADAM
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